Los riesgos de compartir los detalles de la vida privada en la oficina

Los riesgos de compartir los detalles de la vida privada en la oficina

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abril 16 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-16

Es oficial: el fenómeno DI ¿por "demasiada información"¿ invadió el lugar de trabajo. Se le puede agradecer a los reality shows y los sitios web de redes sociales por crear una cultura en la cual la gente se ve alentada a compartir cada detalle sórdido ¿y aburrido¿ de sus vidas. Nos han quitado la sensibilidad a la idea de que algunas cosas deben ser privadas.

También tenemos que asumir parte de la responsabilidad por confundir a nuestros compañeros de trabajo con amigos. Es comprensible, ya que la línea que divide la oficina y la vida privada se ha vuelto borrosa en los últimos años. Ahora trabajamos más, así que pasamos más tiempo con nuestros colegas y clientes, a veces más del tiempo que pasamos con nuestras familias y amigos, y socializamos con ellos fuera del trabajo.

También nos hacemos "amigos" en "Facebook". (Sólo puedo culparme a mí misma al ver una foto de mi ex jefe en un pequeño traje de baño ajustado. Fui yo quien le envié la invitación para ser mi amigo).

El e-mail es otra parte del problema. Lo usamos para conversar con los demás sobre el trabajo, sin dudas, pero también sobre las vacaciones, nuestros hijos y por qué ese tipo en el sexto piso dejó su empleo de forma tan repentina. A menudo ni siquiera estamos en la oficina cuando le enviamos un e-mail a un compañero de trabajo. Estamos en casa, a veces en pijamas. Alentados porque estamos detrás de la pantalla de la computadora, decimos cosas que no diríamos y ¿a través de caras sonrientes y guiños¿ expresamos emociones que quizás no mostramos cara a cara. Dejamos caer nuestras barreras, aunque sabemos que no deberíamos.

"Bajamos la guardia y nos olvidamos que estos son colegas", afirma Janet Lenaghan, una profesora de administración de la Universidad de Hofstra, en Nueva Jersey.

Adele Pauley, una escritora técnica del estado de Georgia, no deja de sorprenderse cuando sus colegas insisten en revelar detalles íntimos sobre sus parejas. En un almuerzo con algunos colegas que acababa de conocer, una mujer contó: "Tengo un hijo de 16 años que fue concebido en la primera cita con mi marido cuando estábamos en la escuela secundaria".

Es cierto que a menudo no pensamos antes de hablar. Pero a veces compartir demasiada información puede ser una buena maniobra profesional. Al revelar con juicio ¿una palabra clave en este caso¿ un secreto o algo privado en el trabajo, puede ganar apoyo, lograr que los demás se abran, o construir alianzas con más rapidez.

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