La rifa de un pollito

Como si se tratara de un adelanto de los aguinaldos, hace dos días nos llegó una noticia inesperada: Venezuela podría regresar a la Comunidad Andina de Naciones (CAN) antes de Navidad. Aunque no se han afinado los últimos detalles de la iniciativa, a este lado de la frontera ya empezaron las celebraciones.

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noviembre 23 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-23

Al fin y al cabo la demanda de los vecinos se ha convertido en una tabla de salvación para muchos exportadores colombianos agobiados por la revaluación y por el estancamiento del mercado estadounidense. Para dar una idea de la importancia de ese mercado para algunas empresas nacionales, hay que recordar que las exportaciones colombianas a Venezuela se han quintuplicado en los últimos cuatro años. Pero tanta celebración podría ser digna de mejor causa. En lugar de andar echando voladores por el regreso de Venezuela a la CAN, deberíamos estar preguntándonos qué tan estable y sostenible es ese mercado para las ventas colombianas. Si la respuesta fuera positiva, yo mismo me uniría a la compra de triquitraques. En cambio, si la respuesta fuera negativa, estaríamos ante otro de los legendarios casos de miopía nacional en que no vemos más allá de nuestras narices ni planeamos más allá de pasado mañana. Infortunadamente la respuesta a ambas preguntas parece ser negativa: el estado actual de la economía venezolana no es estable, ni mucho menos sostenible. Los desequilibrios macroeconómicos venezolanos son tan grandes que los ajustes ya se están empezando a sentir. Mientras la inflación ha venido aumentando y ronda el 20 por ciento, cada día queda más claro que el desajuste del mercado cambiario es insostenible. Desde hace varias semanas el precio del dólar en el mercado paralelo se ha disparado y hoy triplica el del mercado oficial. Bajo estas circunstancias, no sería raro que el año entrante el flamante bolívar fuerte llegara con varias debilidades. Con semejante exceso de demanda por divisas, Venezuela está abocada a adoptar tarde o temprano una devaluación masiva, un sistema de tasas de cambio diferenciales o mayores restricciones a las importaciones. En los tres casos los exportadores colombianos perderían, ya sea por el encarecimiento de sus productos en bolívares o por la simple imposibilidad de venderlos. (A propósito del preocupante panorama cambiario, no estaría mal que los exportadores colombianos, en lugar de gastar en voladores, tomaran seguros de crédito y coberturas de riesgo para sus operaciones. ¿O acaso qué porcentaje de la cartera esperan recuperar rápidamente si hay una devaluación significativa en Venezuela?). Alguno dirá que no hay desequilibrio macroeconómico que dure eternamente, y que el regreso de Venezuela a la CAN es una buena noticia para el mediano plazo. Ajá... pero si ahí es precisamente donde están las peores noticias: en el mediano plazo Venezuela será cada vez más socialista y más enemiga del libre comercio. Hay que ver las perlas que hay en el proyecto de Reforma Constitucional que será sometido a referendo el 2 de diciembre: desde la pérdida total de la independencia del Banco Central, pasando por la eliminación de la protección legal a los derechos de autor, hasta la expropiación sin autorización legal previa. La animadversión al libre mercado y la libre empresa está por todos lados: en Venezuela circula el proyecto de un nuevo plan educativo nacional, en donde el capitalismo se define como una forma de dominación imperialista. A ver: ¿cuántos exportadores colombianos no son capitalistas? Por andar cuadrando caja, muchos colombianos no se han dado cuenta de que el regreso de Venezuela a la CAN es como ganarse un pollito en una Primera Comunión: después del júbilo inicial, ¿qué hace uno con eso? Investigador Asociado de Fedesarrollo

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