Un río que está crecido

Un río que está crecido

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diciembre 23 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-12-23

El lunes pasado la sobriedad fue la nota predominante en la sala de juntas de Empresas Públicas de Medellín (EPM). Y es que los estragos de un invierno que se ha ensañado contra el territorio nacional obligaron a los directivos de la entidad a realizar un acto austero a la hora de dar inicio a las operaciones del proyecto Porce III, que, al cabo de seis años de construcción e inversiones por 1.330 millones de dólares, inició sus aportes al sistema interconectado nacional. Así ocurrió cuando la primera turbina, de las cuatro que componen la iniciativa, empezó a generar 165 megavatios de potencia en lo que constituye la expansión más importante en la infraestructura eléctrica colombiana a lo largo del pasado lustro. Pero el evento también estuvo empañado por otra circunstancia. Pocos días antes, el 14 de diciembre para ser exactos, un comunicado firmado por el gerente de EPM informó que la empresa había decidido suspender indefinidamente el proyecto Porce IV, el último eslabón de una cadena que ya aporta 1.886 megavatios de los 13.506 que hay instalados en el país. En contra de lo que se pudiera pensar, la determinación no tuvo que ver con temas técnicos o financieros. Al fin de cuentas, de lo que se trata es de dar un paso más en una zona identificada hace más de 35 años por su inmenso potencial hidroeléctrico, pues a su paso por municipios antioqueños como Amalfi, Guadalupe, Gómez Plata, Anorí y Zaragoza, el río Porce -que es el mismo río Medellín cuando pasa por el Valle de Aburrá- transcurre por cañones en los cuales es fácil hacer presas e instalar turbinas. De tal manera, la etapa final es la cuarta que debería tener una capacidad de generación de 400 megavatios y entrar en operación a mediados de la década actual. Sin embargo, dos factores fundamentales han puesto la iniciativa en veremos. El primero es el crecimiento desmesurado en la población que resultaría afectada por la obra y la posterior anegación de los terrenos ribereños. En 2006, y en cumplimiento del estudio de impacto ambiental que exige la legislación colombiana, EPM identificó a 2.799 personas entre residentes permanentes y temporales de la zona. Curiosamente, dos años más tarde, la cifra subió a 8.500 individuos, lo que equivale a un incremento del 204 por ciento. Pero como si eso no fuera suficiente, en marzo del 2010 una organización regional, denominada Consejo Mayor Comunitario AZA, sostuvo que el total ascendía a 14.500 ciudadanos. Esa circunstancia ha afectado de manera sustancial la viabilidad económica de Porce IV. Si en Porce II el costo de la gestión ambiental y social -que incluyó la reubicación de decenas de familias- ascendió a 24,6 millones de dólares y en Porce III esas obligaciones subieron a 64,4 millones de dólares, en el caso presente el cálculo es de 564 millones de dólares, sin contar a los nuevos residentes de la zona, pues todo indica que el censo sigue expandiéndose. En respuesta, los líderes comunitarios sostienen que no hay nada extraño, sino que el hecho de que en el área existan yacimientos de oro es la principal razón de lo sucedido. Por otro lado, desde el punto de vista del orden público, el territorio en cuestión es complejo. Tanto su cercanía a Urabá como a la serranía de San Lucas o el nudo del Paramillo han hecho que esa parte de Antioquia haya tenido presencia de las Farc y del Eln, así como de las bandas criminales que trafican droga y se nutren de la minería ilegal. Esa situación se suma a los cultivos ilícitos que se encuentran en algunos de los municipios mencionados y a las minas antipersonales y las municiones sin explotar que han aparecido en el desarrollo de las obras iniciales. Todo lo anterior envía un mensaje preocupante, pues una cosa es cumplir con la ley y otra someterse a un chantaje. Este no es otro que la tendencia a aprovechar la regulación existente para que organizaciones inescrupulosas pidan compensaciones que hacen inviables a proyectos que benefician a todos los colombianos. Así, Porce IV ha entrado en el limbo, pero la preocupación es que lo mismo ocurra con Hidroituango o con algunas de las iniciativas que están en la ruta de expansión del sector eléctrico, cuya demora en cumplir los cronogramas le puede salir muy costosa al país en un futuro cercano. La decisión de EPM de parar la obra de la hidroeléctrica de Porce IV, debido al aumento de la po- blación afectada y los problemas de seguridad en la zo- na, envía un men- saje preocupante.ANDRUI

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