Cuando el río suena

A lo largo de los últimos años, la mejoría de Colombia en diversos frentes ha sido notable.

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diciembre 02 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-12-02

Tanto en lo que hace a la economía como a la seguridad o los indicadores sociales se han dado avances importantes que llevan a mirar con relativo optimismo la marcha del país y sus posibilidades. Quizá por primera vez en la compleja historia de la Nación existe la oportunidad de dar un salto que permita no sólo un alza sustancial en el ingreso promedio de los ciudadanos, sino una disminución grande en la pobreza y la marginalidad. Factores como el auge del mercado externo, la inversión extranjera o el tamaño del mercado local permiten tener más confianza sobre el porvenir, sin desconocer que la lista de pendientes es larga y difícil de resolver. Dentro de los obstáculos que pueden impedir que el sueño del progreso sostenido se vuelva realidad, no existe uno tan grande como la corrupción. Y es que mientras en tantas áreas se dan pasos hacia adelante, en esta hay retrocesos que causan verdadera inquietud. Así lo viene de confirmar Transparencia Internacional, la entidad que elabora el Índice de Percepción de Corrupción, en el que se evalúa el desempeño de 183 países en este campo. Pues bien, en la medición del 2011, no sólo retrocedimos dos puestos -del 78 al 80- , sino que la calificación recibida disminuyó. De tal manera, la nota obtenida por Colombia en una escala de cero a 10 fue de 3,4. Según el organismo, la cifra es muy baja y contrasta con el 9,5 obtenido por Nueva Zelandia o el 9,4 de Dinamarca o Finlandia. Además, en la región hay 13 naciones que están más arriba, mientras que a nivel suramericano estamos en el grupo de los que consiguieron resultados deficientes. La distancia con Chile o Uruguay -cuyas evaluaciones fueron de 7,2 y 7, respectivamente- es considerable. Todo lo anterior es inquietante, pero hay que hacer una aclaración. Lo que hace Transparencia Internacional es tomar los resultados de encuestas al respecto. Por tal motivo, el organismo enfatiza en que se trata de una medida subjetiva -de ahí el nombre de percepción- pues no existen estadísticas confiables sobre este flagelo, como tampoco las hay con respecto al tráfico de drogas, la trata de blancas o el mercado de bienes falsificados en el mundo. No obstante, así como el refrán asegura que "cuando el río suena, piedras lleva", también es válido decir que si la impresión de que hay mayor venalidad crece, probablemente también lo hace este mal. En Colombia, en particular, tal sensación se ha acentuado por cuenta de escándalos de origen local, como el conocido 'carrusel de la contratación en Bogotá'. Así mismo, denuncias como las del desfalco a la salud y a la Dian o los abusos en Agro Ingreso Seguro han convencido a la ciudadanía de que -para usar la expresión popular- 'todo se lo están robando'. El tránsito de ese camino es muy peligroso, pues no sólo deslegitima al sistema democrático, sino que hace permisibles conductas criminales, con un costo que se tasa en billones de pesos. Por tal motivo, hay que mantener la presión para combatir dicho cáncer. Sin desconocer que la aprobación del estatuto anticorrupción en la pasada legislatura fue un hecho importante, faltan las medidas para su implementación. En particular, hay que conformar la Comisión Ciudadana y la de Moralización que están previstas en la ley. Al tiempo que eso ocurre, el Ejecutivo tiene que liderar la cruzada contra la venalidad, con el concurso decidido de los órganos de control del Estado. En tal sentido, están muy bien las denuncias hechas, pero a veces las cifras se inflan tanto que a la hora de las condenas los resultados de las investigaciones y las penas aplicadas llevan al público a mirar con cinismo el escándalo de turno. En conclusión, un asunto tan serio necesita respuestas firmes y castigos contundentes. De lo contrario, una percepción que es muy mala será susceptible de empeorar. HELGON

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