Romántica Doha

El propósito inicial de la ronda Doha de la OMC, suspendida indefinidamente la semana pasada, era mucho más amplio que la sola ampliación de la libertad comercial en el contexto mundial. Con especial optimismo verbal se hablaba nada menos que del Programa Doha para el Desarrollo, cuya agenda incluía temas como el medio ambiente, las prácticas leales de competencia, la transparencia en la contratación pública, la propiedad intelectual y la aplicabilidad real de las normas y las disciplinas multilaterales acordadas en la OMC.

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agosto 02 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-02

El objetivo, con el que se quería atraer la voluntad de las naciones atrasadas, era el combate a la pobreza en el mundo. Para nosotros, los románticos del multilateralismo, esta es otra página que se dobla sin pena ni gloria. Es hora de los dueños del pensamiento práctico: toca seguir negociando acuerdos bilaterales y regionales, que no son principalmente sobre comercio y no son propiamente de libre comercio, como ocurre con el TLC de Colombia con E.U. No es claro, ahora, qué va a ocurrir con los viejos propósitos de levantar una arquitectura de arreglos multilaterales que favorezcan la creciente inequidad entre países ricos y países pobres. Vamos, pues, al pensamiento práctico. En julio del año entrante expira la autorización del Congreso de E.U. al presidente Bush para negociar, ‘por la vía rápida’ acuerdos bilaterales. Mediante ese mecanismo, ese país ha firmado doce acuerdos de libre comercio (progresivamente mejorados para la estrategia yanqui), nueve de ellos desde el comienzo de esta administración en 2001. Seis acuerdos están pendientes de la aprobación legislativa y hay otros once en proceso de negociación. Doblada la doliente página de Doha, veremos un gran empujón del gobierno de Bush durante el año que resta de las autorizaciones. Los que saben dicen que después resultará prácticamente imposible cualquier negociación bilateral, porque el Congreso podrá discutir las cláusulas específicas de los acuerdos, en vez del ‘tómelo o déjelo’ permitido por las autorizaciones actualmente vigentes. Mucha tinta va a correr, como siempre, sobre la asignación de responsabilidades y culpas por la suspensión de la ronda multilateral. Lo cierto es que el tema de los subsidios agrícolas en los países ricos es hoy políticamente inmanejable, y es el principal factor del fracaso de Doha. Los miembros del club de la Oecd trasladan recursos de los contribuyentes y de los consumidores en un monto no inferior a mil millones de dólares diarios a los miembros de sus ‘comunidades campesinas’. La Unión Europea y E.U. se disputan el liderazgo en esa materia. En E.U., los costos fiscales del sistema de subsidios agrícolas han sido del orden de 172 mil millones de dólares en los últimos diez años. Mucha plata se ha movido en E.U. desde la década de los treinta, cuando el gobierno federal estableció una red de apoyo a los granjeros quebrados por la gran crisis de la época. La heredera de esa política de redención es una colosal maquinaria de transferencias gratis que no da trazas de detenerse, o de disminuir su dinámica. Una reciente investigación de periodistas del Washington Post mostró cómo los subsidios al sector agropecuario no tienen vínculo alguno con la justicia social, o con la eficiencia. Grandes sumas de dinero van a parar a los bolsillos de ricos propietarios de tierras rurales. Mientras tanto, muchas familias auténticamente trabajadoras del campo se quejan de la falta de apoyo efectivo del gobierno federal. De modo que la reticencia gringa a reducir los subsidios tiene estrecha relación con los poderosos lobbies de los ‘granjeros’, capaces de manipular la voluntad del ejecutivo y del Congreso. La política interna seguirá imponiéndose sobre las responsabilidades globales de los países ricos. Romántica Doha. Consultor "La política interna seguirá imponiéndose sobre las responsabilidades globales de los países ricos”.

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