Ruge el dragón

Ruge el dragón

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noviembre 10 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-10

"China es un dragón dormido", le habría dicho Napoleón a un enviado de Londres a finales del siglo XVIII, para advertirle a renglón seguido que había que tener cuidado cuando se despertara. Pero eso habría ocurrido el fin de semana, cuando el Gobierno de Pekín anunció un plan de estímulos por valor de 4 billones de yuanes (unos 586.000 millones de dólares) con el fin de reanimar a la que ya es la segunda economía más grande del mundo. Como consecuencia, las bolsas asiáticas experimentaron un fuerte repunte ayer, mientras que productos minerales como el cobre llegaron a subir 8 por ciento en los mercados internacionales.

Lo irónico es que, a primera vista, eso no sería necesario. Aunque es cierto que la producción en la nación más populosa del mundo va mucho más lento que en el pasado reciente, los cálculos del Fondo Monetario hablan de un crecimiento del 9,7 por ciento este año y 8,5 por ciento el próximo, casi cuatro veces el promedio esperado del planeta. Sin embargo, a comienzos del 2008, el primer ministro Wen Jiabao aseguró que China necesita expandirse a un ritmo de por lo menos el 7 por ciento anual, con el fin de evitar enfrentarse a un desempleo masivo. El lío es que tal como van las cosas, es probable que los resultados del presente trimestre estén por debajo de dicha meta. La mayoría de los analistas calculan un aumento del 6 por ciento en el PIB chino, casi la mitad de la cifra registrada 12 meses atrás.

El tema quizás no sería tan importante, de no ser por el peso creciente que la economía oriental ha venido adquiriendo. Para comenzar, el mundo viene de vivir uno de los períodos de expansión más significativos desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial, y China tuvo mucho que ver en lo sucedido, gracias a tasas de crecimiento superiores al 10 por ciento anual a lo largo de las pasadas dos décadas. Tanto la expansión de su comercio internacional como el surgimiento de una clase media cada vez más amplia, generaron un voraz apetito de bienes y materias primas que alteró el mapa de la Tierra.

Uno de los grandes beneficiados de esa situación fue América Latina, ante la inmensa demanda de productos básicos. Desde la soya y el trigo, hasta el hierro y el carbón, se vieron influenciados por niveles de consumo mundial sin precedentes. Esa circunstancia generó a su vez una bonanza en naciones productoras como Brasil, Chile, Perú o Argentina. Incluso Colombia logró ubicarse en la cresta de la ola, gracias a las mayores cotizaciones del petróleo o el ferroníquel, como lo muestran las cifras más recientes sobre la evolución del comercio exterior.

Por cuenta de esa situación, cuando los llamados commodities empezaron a descender de sus niveles récord, gran parte de los expertos pensaron que China lograría salir indemne de la tormenta. Fue en esa época cuando se mencionó con insistencia el término 'desacoplamiento', en el cual estaba implícito que en Asia las cosas iban a ser a otro precio, frente a lo sucedido en Estados Unidos o Europa. Y aunque eso es todavía parcialmente cierto, la verdad es que en Hong Kong o en Shanghai la desaceleración también se ha sentido, como lo muestra la caída en los pedidos para la Navidad o la escasa asistencia a ferias internacionales, que hace pocos meses atraían a miles de visitantes.

Así las cosas, el Gobierno chino no tuvo otra salida diferente a echarse la mano al bolsillo y presentar un plan de inversiones públicas que equivale al 16 por ciento del PIB. Según el anuncio, aumentará el gasto en diez sectores específicos que incluyen la construcción de aeropuertos, carreteras y viviendas, con el fin de generar empleo y generar fuentes de crecimiento internas. Y aunque un análisis más detallado de los números revela que casi dos terceras partes corresponden a programas ya presupuestados, el esfuerzo adicional es significativo. Sobre todo con miras a la reunión del fin de semana en Washington, en donde una veintena de naciones se encontrarán para hablar de los remedios que sigue requiriendo la economía mundial para salir adelante. 

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