Sabanalarga, donde la inteligencia es ‘peste’

En las cercanías del pueblo atlanticense de Sabanalarga, en tierras que hoy pertenecen al municipio de Baranoa, nació Juan José Nieto (1804-1866), uno de aquellos personajes que la historia oficial relega injustamente a un segundo plano. Orlando Fals Borda le asignó a este general mulato un papel protagónico en el segundo de los cuatro tomos de su Historia doble de la Costa. Este hombre no tuvo escolaridad formal alguna, pero eso no fue obstáculo para sus importantes logros intelectuales, sociales y políticos.

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agosto 16 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-16

En 1839 Nieto publicó el primer libro de geografía regional colombiana, al que tituló Geografía histórica, estadística y local de la provincia de Cartagena. A esta publicación de Nieto se deben las muy difundidas, pero probablemente erradas versiones de la fundación tanto de Barranquilla, como de Sabanalarga. Juan José Nieto no ha sido el único escritor que se ha sentido autorizado para llenar con inventos propios los vacíos de la historia, pero sí ha sido uno de los más influyentes. En todo caso, en 1857, en el clímax de nuestra breve etapa federal, este pintoresco general llegó a ser presidente del Estado Soberano de Bolívar. Hoy se pone en duda, pues, la muy difundida versión que indica que un grupo de campesinos, cuyos nombres incluso se preservan, se establecieron en estas tierras llanas y fértiles en 1620. Lo que sí se sabe con certeza histórica es que en 1743 Francisco Pérez de Vargas le comunicó al virrey Sebastián de Eslava que los vecinos del poblado de Sabanalarga habían sido citados, con sus respectivas herramientas de trabajo, para despejar el terreno necesario para la plaza del incipiente pueblo, para la iglesia y para algunas viviendas. “Hay en ella ciento cuarenta casas, acabadas unas y otras no, pero están en el trabajo de ellas” dice su comunicación. Sabanalarga se convirtió entonces en distrito parroquial. De este don Francisco se sabe también que ocupó importantes cargos, y fue alcalde de Soledad y de Barranquilla. Se ha encontrado además una solicitud de título nobiliario, como Conde de Pestagua (nombre de un hato que él poseía cerca de Soledad). De haberlo obtenido, la nobleza costeña habría podido competir con el sangileño conde de Cuchicute, o incluso con el encumbrado marqués de San Jorge, en Bogotá. Y quizás más importante, este interesante personaje dejó numerosa correspondencia en la que describió sus múltiples viajes por lo que hoy es el departamento de Atlántico. Para el Censo de 1777, en la cabecera de la parroquia de Sabanalarga ya había 1.635 personas que vivían en 241 casas. Cuando comenzaron las guerras de independencia no era mucha la diferencia en tamaño entre Barranquilla, Soledad y Sabanalarga. Ya empezaba, sin embargo, a destacarse la elite de esta última, en donde siempre se han preciado de haber servido de cuna de todas las familias raizales importantes del departamento de Atlántico. Después de todo, afirman ellos, en Sabanalarga la inteligencia es ‘peste’. Y no lo dicen por molestar. Dos veces pasó el Libertador por Sabanalarga, una en 1820, y la otra diez años más tarde, ya en su camino final hacia San Pedro Alejandrino. Hasta principios del siglo XX -asegura el historiador local Arístides Manotas- sobrevivió un enorme tamarindo en cuya sombra presuntamente descansó Bolívar. Otro personaje que pasó temporadas largas en Sabanalarga fue el memorable chaparraluno Manuel Murillo Toro, cuya esposa, Ana Romay y Cabarcas, era hija de una distinguida familia local. Otro cachaco que cayó en manos de una costeña de esta región fue el poeta chiquinquireño Julio Flórez quien, como es bien sabido, pasó sus últimos años en la vecina población de Usiacurí. Pero quizás la más importante figura política de Sabanalarga ha sido Evaristo Sourdis, quien fuera ministro y embajador en varias oportunidades, así como candidato a la presidencia en aquellas famosas elecciones de 1970, cuando Misael Pastrana venció por estrecho margen al general Gustavo Rojas Pinilla. Los visitantes que hoy llegan a Sabanalarga tienen todo el derecho de dudar del carácter epidémico de la genialidad de este pueblo. Incluso pueden poner en duda el origen local y aristocrático de los atlanticenses. Pero Sabanalarga tiene otro título más, esta vez en el campo gastronómico. Tras probarlos es fácil creer que sea cierto lo que afirma un aviso a la entrada. Esta ciudad tiene que ser la cuna indiscutible ni más ni menos que del bollo’e yuca."Para el Censo de 1777, en la cabecera de Sabanalarga ya había 1.635 personas que vivían en 241 casas".

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