Salario mínimo por regiones: una falacia por partida triple | Finanzas | Economía | Portafolio

Salario mínimo por regiones: una falacia por partida triple

Hace varios días el director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), Esteban Piedrahíta, propuso establecer un salario mínimo por regiones. En su opinión la medida favorecería la generación de empleo.

POR:
febrero 26 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-02-26

La lógica subyacente a la propuesta es la siguiente: si en las regiones pobres se paga un salario mínimo relativamente menor, los empresarios tendrían incentivos para trasladar allí sus inversiones. Como resultado de este proceso, la dinámica del empleo sería mayor en las regiones deprimidas y habrá más equidad territorial. Aunque esta aproximación parece consistente, presenta varias fisuras. La propuesta tiene tres falacias. La primera es la supuesta relación inversa entre los salarios y el empleo: menos salario entonces más empleo. La segunda tiene que ver con la localización de las empresas: si el salario es bajo, las firmas se instalan en la región. Y la tercera tiene relación con la convergencia regional: los salarios diferenciales favorecen el acercamiento entre las regiones. Ninguna de estas tres afirmaciones es correcta. Los salarios bajos no garantizan un aumento en el empleo. Todo lo contrario. Si el salario es bajo, el consumo disminuye, la inversión cae y el desempleo aumenta. Colombia ya ha fracasado con la política de depresión salarial. La Ley 789 de 2002 no logró los propósitos que buscaba, y en lugar de mejorar el empleo, llevó a un progresivo deterioro de la calidad del trabajo. La informalidad ha aumentado. Sería muy bueno retomar la gran conclusión de la Misión de Empleo conformada por el Gobierno Nacional a mediados de los años ochenta y dirigida por el economista estadounidense Hollis Chenery: el empleo crece sólo si la demanda aumenta. Las regiones pobres de Colombia necesitan que sus habitantes tengan mejores condiciones de vida y, por lo tanto, un salario menor agudizaría las trampas de pobreza. No es cierto que en Colombia los salarios diferenciales estimulen la relocalización de las empresas, ya que el salario apenas es un componente de los costos. En la decisión de invertir en determinado sitio también cuentan otros factores distintos del salario: vías de comunicación, acceso a equipamientos, nivel educativo de la población, cercanía a los puertos y otros. En lugar de que las empresas se relocalicen en las zonas pobres, el salario diferencial acentuará la migración hacia las ciudades. Los salarios diferenciales no garantizan el acercamiento entre las diferentes regiones del país. * Director del Centro de Investi- gaciones para el Desarrollo (CID) de la U. Nacional de Colombia. Han crecido las desigualdades Las últimas series de pobreza indican que en Colombia se han agudiza- do las desigualdades re- gionales. La propuesta del director del DNP acentua- ría esta tendencia, haciendo que los pobres sean más pobres y los ricos sean más ricos. La única forma para que un salario diferencial favoreciera la integración regional sería fijando un salario mínimo más alto en las zonas más pobres y uno más bajo en las zonas más ricas. Es la lógica inversa a la del DNP. Por esta razón en 1983 se decidió unificar el salario mínimo rural y el urbano. En aquel momento se mostró que la diferencia en la remuneración acentuaba la brecha entre el campo y la ciudad. '' En lugar de que las empresas se relocalicen en las zonas pobres, el salario diferencial acentuará la migración hacia las ciudades”.Caminos apropiados para la convergencia entre las regiones Si se quiere favorecer la convergencia entre las regiones e incentivar el empleo es necesario buscar otros caminos que tengan claro que no debe existir ninguna forma de diferenciación salarial por regiones y que es necesario recuperar la visión de la Misión Chenery: el empleo crece si la demanda aumenta. Además de los argumentos mencionados en contra de la existencia de una diferenciación salarial por regiones, los problemas de implementación son enormes. Hay zonas donde el costo de la vida es muy alto por razones que no tienen nada que ver con la productividad del trabajo como, por ejemplo, en los municipios cocaleros o en las ciudades turísticas. El salario mínimo debe seguir siendo igual para todo el país y, sobre todo, se debe obligar a los empresarios a que efectivamente lo paguen. En lugar de proponer salarios bajos para las zonas deprimidas, el Gobierno debe estimular el desarrollo de la infraestructura y crear las condiciones propicias para que las regiones pobres puedan avanzar. Para ello, sin embargo, es necesario enfrentar tres enormes cuellos de botella que tienen que ver con el acceso al crédito, la tenencia de la tierra y el desarrollo de vías. 1) El sistema financiero ganó 8,4 billones de pesos el año pasado, sin que el crédito esté favoreciendo la inversión. 2) La concentración de la tierra aumenta, y la dedicación de las áreas más productivas a la ganadería extensiva impide que los campesinos de regiones pobres tengan empleo y mejoren su ingreso. (3) La ausencia de vías ha obstaculizado la consolidación del mercado interno. Para que haya convergencia regional se requiere creer en las potencialidades de la demanda interna, y ello se consigue con cambios estructurales que, desgraciadamente, no hacen parte de la agenda de este Gobierno. La campaña electoral es un buen momento para reflexionar sobre este tema. WILABR

Siga bajando para encontrar más contenido