La salud está enferma, mamá

Como todos los primeros días de cada mes, mi mamá se fue el martes de esta semana a cobrar su pensión, un dinero mínimo que le dejaron sus largos años de trabajo y que, sin embargo, prefiere valorar con la lupa feliz del principio “algo es algo y peor es nada”. El miércoles 2 de agosto por la noche ya estaba preguntándome afanada si no sería la última mesada de su vida.

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agosto 04 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-04

Había escuchado en la televisión la noticia de la quiebra del Seguro Social. Así. Escuchado, porque mi madre no ve bien a sus 78 años, nublada por la sombra implacable de la maculopatía, el nombre procaz de la degeneración macular. No sé si a ella, y a los miles de queridos viejos regados por esta patria convaleciente, les quedó claro lo que dijo Diego Palacio, ministro de la Protección Social. Es decir, que tranquilos, que el Gobierno tiene reservados 4 billones de pesos, de los 7 que vale el pago anual de las pensiones en el país, y que el mes entrante pueden ir a cobrar como si nada. Mi mamá, que ya viene cuando uno está comenzando a partir, sabe que algo malo está pasando en el sector de la salud. Que está enfermo. La semana la inauguró con la liquidación de la ESE José Prudencio Padilla. Mi madre ha vivido toda su vida en el país del “deje así”, y ya sabe que esa es sólo la punta del iceberg, el comienzo de un efecto dominó que tumbará otras empresas sociales del Estado. Espere y verá. Y le salen con lo del Seguro Social. Mi mamá ama el Seguro Social como a un papá adoptivo. El día que la trasladé a una EPS privada, porque uno también tiene sus corazonadas, después de muchos meses de persuasión, se puso brava. Ella entiende que cualquiera que sea el lugar, a los viejos los tratan mal en casi todas las partes y siempre están como empujándolos al cajón. Aún reniega porque en el Seguro Social sí le daban sin problema la aspirina para la circulación y el ibuprofeno para la artritis, y en esa nueva EPS, por muy privada que sea, le maman mucho gallo. Desde el traslado, he temido que en venganza deje de prepararme sus lentejas celestiales, porque mi vieja entre menos ve, mejor cocina. Pero no sé cómo calmarla ahora. Fracasaron las reformas para salvar al ISS (mi mamá lo sigue llamando Seguro Social). No hay plata para pagarles a los hospitales y clínicas que atienden a los 3 millones de afiliados. Cuatro de las siete ESE pasan por un colapso financiero y administrativo. Tranquila, mamá, le digo: confíe en el presidente Uribe que se vuelve a posesionar el lunes 7 de agosto. En su sermón nos dirá que hay que templar el carácter, paisanitos, y nos contará de dónde vamos a sacar la plata para cubrir ese rojo. Y no es por afanarte, mamá, pero a otras EPS no les va mejor. En el laberíntico esquema del Fosyga (Fondo de Solidaridad y Garantía) hay un procedimiento llamado ‘Compensación’. Y como yo tampoco entiendo, mamá, te copio y te pego de la página web: “se entiende por compensación el procedimiento mediante el cual se descuenta de las cotizaciones recaudadas, los recursos que el sistema reconoce a las Entidades Promotoras de Salud y demás entidades obligadas a compensar, para garantizar la prestación de los servicios de salud a sus afiliados y demás beneficiarios del sistema”. Para hacer eso se inventaron hace poco un ‘Histórico de Novedades’, que tiene pasando hambre a más de una EPS. Y es que ahora, los pagos a las Entidades Promotoras de Salud pueden quedar ‘glosados’ o detenidos por cerca de 90 razones. Y mientras aumentan los ‘glosados’ y disminuyen los ingresos, hay que seguir atendiendo en las clínicas y trabajando a pérdida. Pero dejemos así, mamá. Confiemos en que te seguirán pagando tu pensión. Que te atenderán en la EPS privada a la que te trasladé. Yo te leo esta columna mientras me miras con tus bellos ojos nublados y me reafirmas que Dios proveerá. Periodista "...se inventaron hace poco un ‘Histórico de Novedades’, que tiene pasando hambre a más de una EPS”.

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