Santa Marta, el lugar que lo tiene todo

Entre la Sierra Nevada y el mar Caribe se levanta una de las ciudades costeras más hermosas del planeta. Se trata de ese territorio que antes del descubrimiento estuvo habitado por los indígenas Tayrona, Karib y Arawak, y que en plena conquista, fue el punto de partida de las expediciones, como la de Gonzalo Jiménez de Quesada, que al final desembocó en la fundación de Santa Fe de Bogotá.

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abril 26 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-04-26

Hoy sucede todo lo contrario. En época de vacaciones, los habitantes de las ciudades andinas -y de otras latitudes del mundo- emprenden expediciones, también conquistadoras, a la ciudad de Santa Marta. Van seducidos por sus magníficos tesoros: mares de aguas azul turquesa, playas de arena blanca y esa gran variedad de bosques, paramos y glaciar que dan forma a la Sierra Nevada de Santa Marta. Pero estando allí el visitante termina rendido bajo otros encantos. Algunos se enamoran de ese carácter cosmopolita que evocan sectores como El Rodadero a través de sus hoteles de lujo, cabañas, restaurantes, casinos, salas de cine y boutiques; otros, en cambio, buscan esa tranquilidad que ofrecen los caseríos de pescadores cercanos a la ciudad. Los aventureros, por su parte, encuentran su redención en la Reserva Natural Mamancana, pues allí pueden hacer planes llenos de adrenalina que van desde escalada, cabalgatas, ciclo montañismo, rápel, arborismo y parapente, y en Bahía Concha pueden practicar deportes náuticos y buceo. Y qué decir de antropólogos, biólogos, historiadores y todos aquellos que aprecian muy bien nuestro pasado precolombino. En esta polifacética urbe se puede tener contacto con las tribus indígenas y conocer esas magníficas terrazas y construcciones que dan vida a Ciudad Perdida. Los encantos del Tayrona Con sus 15 mil hectáreas, el Parque Natural Nacional Tayrona hace parte de la estribación del sistema montañoso más alto del mundo a nivel costero. Su gran acogida es producto de su impresionante naturaleza en la que no faltan los bosques espinoso, seco tropical, húmedo y mangle rojo, refugio de más de 100 especies de mamíferos: ardillas, tigrillos, murciélagos y primates, entre otros, y 200 de aves como el águila solitaria y el águila blanca; y nueve ecosistemas en franja de 3.000 hectáreas que albergan, entre otras, la mayor diversidad de esponjas marinas del Caribe Colombiano. Pueblito es un sitio arqueológico de gran importancia, con registros de unas 500 a 1.000 casas y entre 3.000 a 5.000 habitantes. Su arquitectura en piedra, la artesanía, la orfebrería y la alfarería les dio el estatus de poseer un complejo sistema social y económico. Allí también es posible observar las terrazas, muros de contención, encontrar información cosmogónica, visitar la piedra del sacrificio, caminar a Boca del Saco y regresar a través de las playas. Las más famosas son Neguange, Arrecifes, Playa Linda, La Piscina, Los Naranjos, Playa del Muerto, Bonito Gordo, Ensenada de Chengue, Ensenada de Gayraca, Cinto, Guachaquita y Bahia Concha, considerada como el lugar obligado para quienes disfrutan de los deportes náuticos y del buceo.

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