Sector de vivienda en Colombia enfrentó varias dificultades en la década de los noventa | Finanzas | Economía | Portafolio

Sector de vivienda en Colombia enfrentó varias dificultades en la década de los noventa

El periodo comenzó en auge. Las familias de estratos medio alto y alto querían estrenar, y la economía hacía más sencilla la compra acompañada de un sistema que facilitaba acceso al crédito.

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septiembre 12 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-12

Y mientras las Corporaciones de Ahorro y Vivienda entregaron créditos a constructores por 300.000 millones de pesos en 1991, tres años más tarde esa suma ascendió a 1,2 billones. "Durante el mismo periodo los préstamos se multiplicaron por cuatro", anota el ex ministro y consultor Eduardo Pizano.

Entonces, se eliminaron los topes en los plazos, se redujo la cuota inicial de 30 a 10 por ciento, lo que generó un auge crediticio sin precedentes entre 1990 y 1997. Las salas de ventas estaban a reventar, las transacciones aumentaban y, en consecuencia, más personas le daban la bienvenida a los noventa con casa propia.

De la misma forma que se aprobaban licencias y se construían viviendas, en el año 1991 la Asamblea Nacional Constituyente construía una nueva carta política en la que se recordaba, en su artículo 51, que "los colombianos tienen derecho a una vivienda digna".

De la apertura a la caída

Pero las reformas fiscales llegaban para profundizar la descentralización, con el agravante de que no tuvieron los resultados esperados.

"Así, el desbalance en el nivel central del Gobierno fue creciente y, de paso, la construcción comenzó a afectarse", recuerda un informe de Camacol.

El comienzo relativamente estable de los noventa y el buen momento en el 94 parecían estar viento en popa. Los despachos de cemento en el 93 sumaban 7,2 millones de toneladas, mientras que en 1994 llegaban a 8,5 millones.

Igual sucedía con las licencias aprobadas, que sumaban 12 millones de metros cuadrados. Mientras tanto, el país estrenaba nuevo presidente: Ernesto Samper.

Sin embargo, tal como lo explica Camacol, en los noventa se acumuló un importante déficit habitacional concentrado en los estratos bajos, precediendo la que cinco años después sería la crisis más grande del sector en su historia, producto, entre otras causas, de la decisión de trasladar la corrección monetaria de la inflación al DTF, en septiembre de 1994.

El proceso 8.000

Los reportes del Departamento de Estudios Económicos de Camacol recuerdan que a pesar de todo, las condiciones macroeconómicas al comenzar ese año eran favorables pero evidentemente inestables. Situación que se agravó, aún más, en el Gobierno Samper.

"Las versiones de la indebida financiación de la campaña del presidente, el desbalance en la cuenta corriente y el aumento del déficit fiscal dieron paso a la crisis económica a partir de 1998", dice Camacol.

Las cuotas de vivienda aumentaron y los precios de la finca raíz cayeron, con el agravante de que la deuda superó el valor de la vivienda, situación que fue inmanejable y obligó a quienes habían comprado 3, 4 ó 5 años antes a devolver su propiedad. La crisis apenas comenzaba.

Los despachos de cemento, que habían mostrado un buen desempeño en 1994, registraron una baja ostensible en 1999 (4,5 millones), mientras que las licencias aprobadas también caían en su desempeño: 8 millones, en 1999, y 7,5 en el 2000.

De esta forma, los curadores urbanos -creados para descongestionar los procesos y trámites de licencias y permisos- tenían menos proyectos que mirar y aprobar.

El Upac tuvo una muerte de tercera que no merecía porque, realmente, había facilitado la financiación de la vivienda de muchas familias, pero tocaba hacer algo urgente para sobrellevar lo que empezaba a suceder: bancos con cantidades de viviendas devueltas, improductivas, entregadas en dación de pago por deudores.

El reto no solo era económico, sino social. El sistema debía ajustarse y con la llegada de Eduardo Pizano, ministro de Desarrollo del presidente Pastrana, nació la ley que creó la Unidad de Valor Real (UVR). Era el comienzo del ciclo de un sector golpeado -como gran parte de la economía del país- que estaba dispuesto a rehacerse.

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