Semblanza de Esteban Jaramillo

Mañana se presenta en la Fundación Santillana el magnífico libro escrito por Mario Jaramillo titulado: Esteban Jaramillo, indicador de la economía colombiana (Editorial Taurus, 2006), que cuenta con un prólogo igualmente afortunado de Armando Montenegro.

POR:
agosto 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-30

El trabajo de Mario Jaramillo entra con pie firme a engrosar la bibliografía seria y maciza que se está produciendo actualmente en Colombia en materias históricas. Y que, en este caso, cubre con derroche de erudición y acertados juicios analíticos la primera mitad de la vida económica del siglo XX. Pues tal fue el largo periplo que ocupó como actor de primera línea don Esteban Jaramillo. Cuando se bautizó la granja experimental cafetera en el municipio de Venecia (Antioquia) con el nombre de don ‘Esteban Jaramillo’, en el año 2000, tuve el privilegio de asistir como ministro de Hacienda de la administración Pastrana, en compañía del señor ex presidente Belisario Betancur, a aquella significativa ceremonia. Allí pronuncié unas breves palabras que quisiera reproducir en esta ocasión, asociándome de esta manera al gran esfuerzo intelectual que acaba de entregarnos Mario Jaramillo con este libro suyo que rescata, con opulencia de investigación histórica, la memoria del gran financista colombiano del siglo XX. “A Esteban Jaramillo se le recuerda a menudo como el gran ministro de Hacienda de la recesión de los años treinta. Esto es cierto, pero es incompleto. En realidad, su carrera de financista comenzó con mucha anterioridad. Esteban Jaramillo (nacido en Abejorral, Antioquia, en 1874) fue ministro del Tesoro de la administración de don Marco Fidel Suárez entre 1919 y 1921. Es la época de la primera posguerra. Se caracterizó por la gran crisis fiscal que desencadenó la contienda bélica en un país que, como el nuestro, dependía tanto en sus ingresos tributarios del comercio exterior. A la emergencia fiscal que estalló durante la guerra, por el colapso del comercio internacional, hizo frente Jaramillo con gran imaginación. Su libro La reforma tributaria, un problema fiscal y social, publicado en 1918, fue la primera defensa organizada que se hizo en el país de la tributación directa sobre la renta. Le llovieron por supuesto todo tipo de críticas. Algo parecido a lo que aconteció recientemente con el establecimiento del 2x1.000. Pero terminó imponiéndose, con el sólido argumento de que la Colombia que se asomaba al siglo XX no podía seguir dependiendo excesivamente del impuesto de aduanas como había acontecido a lo largo del siglo XIX. Posteriormente, fue ministro de Hacienda de la administración Abadía Méndez (1927- 1928), durante la época que se conoce como la “prosperidad al debe” según la célebre frase que acuñó López Pumarejo en una de sus conferencias del teatro municipal. Esteban Jaramillo demostró que el endeudamiento externo no era excesivo; que si se quería desarrollar dinámicamente al país era indispensable utilizar con inteligencia las posibilidades que se abrían en los mercados internacionales de capitales durante aquellos ‘rugientes años veintes’, cuando por primera vez se abrió el crédito externo a países como el nuestro. Su retiro del gobierno Abadía se debió precisamente a discrepancias profundas que tuvo sobre la manera desordenada como se intervinieron los empréstitos contratados en aquella época. Y luego encontramos a Jaramillo como ministro de Hacienda del presidente Olaya Herrera (1932-1934), haciéndole frente a la gran depresión. La lucha por la reactivación de la economía no fue fácil ni instantánea. En primer lugar, debió librar una feroz batalla al interior del Banco de la República para que éste saliera de su pasividad, y entendiera que el patrón oro estricto que le había dejado el señor Kemmerer en el año 1923 no era la mejor estrategia para superar la recesión. La batalla de Jaramillo duró dos largos años (1930 y 1931), en los que la crisis se profundizó y el Banco de la República se mantuvo en su pasiva indiferencia. Por fin, hacia finales de 1932, las cosas comenzaron gradualmente a mejorar. El Banco de la República se avino a hacerle algunos créditos al Gobierno que permitieron financiar gastos públicos anticíclicos y ayudaron a iniciar la recuperación económica, tres años después de que hubiera comenzado la recesión. Por eso pudo escribir don Esteban en su memoria de 1932 esta acertada frase que aún guarda plena vigencia: “el banco de emisión, por su carácter de institución cuasi pública, y por los privilegios y prerrogativas que recibe del Estado, tiene que ayudar en esta época a la defensa de la economía nacional amenazada, poniendo en juego los inmensos recursos de que dispone y le está vedado encerrarse en una especie de torre de marfil, contemplando indiferente los estragos que a su alrededor está causando un estado de profunda depresión y de extraordinaria anormalidad”. Vemos también a Esteban Jaramillo por esta época tramitar en el Congreso leyes de alivio a las deudas, y por supuesto, liderar con pericia las finanzas de la guerra con el Perú, lo que hizo mezclando nuevos impuestos con empréstitos forzosos, y evitando caer en la inflación, la cual, según él mismo afirmaba en la memoria del año 1933, “constituye el peor de los empréstitos y el más ruinoso de los impuestos”. En noviembre de 1932, cuando Colombia declara la guerra al Perú y en solemne sesión del Senado se informa sobre este acontecimiento a la representación internacional, Esteban Jaramillo pronuncia su célebre frase: “Hasta hoy hemos hecho las finanzas de la paz, a partir de hoy haremos las finanzas de la guerra”. Ahora, 70 años después, cuando Colombia martirizada por los violentos y agobiada por los intolerantes quiere afanosamente encontrar caminos civilizados que nos permitan reencontrar la paz, habría que decir lo mismo que don Esteban Jaramillo en sentido contrario: “Durante los últimos 40 años hemos hecho las finanzas de la guerra, ahora debemos construir las finanzas de la paz”. Su retiro del gabinete del presidente Olaya precipitó una embestida inclemente e injusta que el partido liberal emprendió contra él. Sin embargo, con el correr de los años, los inmensos servicios que le prestó al país terminaron siéndole reconocidos por todos los grupos y partidos. Tal vez ningún hombre público haya tenido la oportunidad de influir tan decisivamente como Esteban Jaramillo en la formación de las instituciones financieras que aún rigen en Colombia. Como primer gerente general del Banco Central durante la administración del General Reyes, como ministro del Tesoro durante la administración Suárez, orientando al país en la difícil posguerra y dejándonos la semilla que luego habría de germinar con la institución del impuesto a la renta; como miembro de la Comisión Kemmerer durante la administración Ospina; como tratadista y profesor de Hacienda Pública; como ministro de Hacienda en los años de bonanza de la administración Abadía Méndez; y por último, como Ministro audaz y combativo en la época azarosa que le correspondió afrontar al gobierno del doctor Enrique Olaya Herrera. Su vida estuvo siempre entregada al servicio público, al estudio científico de las finanzas públicas, y a la imaginación creativa para diseñar fórmulas novedosas que, aunque a veces sorprendieron a sus contemporáneos, siempre sirvieron bien a su patria. Ex ministro de Hacienda "Su vida estuvo siempre entregada al servicio público, al estudio científico de las finanzas públicas, y a la imaginación creativa para diseñar fórmulas novedosas que, aunque a veces sorprendieron a sus contemporáneos, siempre sirvieron bien a su patria”. "Tal vez ningún hombre público haya tenido la oportunidad de influir tan decisivamente como Esteban Jaramillo en la formación de las instituciones financieras que aún rigen en Colombia”."Esteban Jaramillo demostró que el endeudamiento externo no era excesivo; que si se quería desarrollar dinámicamente al país era indispensable utilizar con inteligencia las posibilidades que se abrían en los mercados internacionales de capitales”.

Siga bajando para encontrar más contenido