La sencillez predominó en la boda de Isabel Sofía Cabrales y Tomás Uribe

Muchos de los invitados eran del círculo familiar de los novios. No hubo mucha pompa, ni estrellas del jet set.

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julio 27 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-27

En la fiesta, el presidente Uribe se robó la atención, pues resultó ser todo un bailarín. La felicidad del Primer Mandatario era evidente: durante la recepción, celebrada a puerta cerrada y amenizada por la Kalamary big band, fue uno de los más animados.

Aunque no es un bailarín consagrado, Uribe 'azotó baldosas' y, según algunos de los invitados, hasta participó en trencitos al son de la música caribeña. Y lo hizo tan bien que durante la fiesta uno de sus hermanos se le acercó y le dijo jocosamente que no le conocía esos avances en materia de baile.

El Jefe de Estado casi le roba la atención al verdadero protagonista de la noche: su hijo Tomás, quien a veces pareció estar incómodo con las cámaras y los flashes.

Sin embargo, la felicidad se le notaba. Tras cinco años de noviazgo con la modelo y ex reina dio el sí en una ceremonia caracterizada por la sobriedad y la sencillez.

Caminata tras la ceremonia

A pie recorrieron los recién casados y sus invitados la distancia que hay entre la Catedral Santa Catalina de Alejandría, en el corazón de la ciudad amurallada, y el Teatro Heredia.

Y en ese lugar, sin bailar el tradicional vals, arrancó la fiesta de la boda más esperada del año, la de Isabel Sofía Cabrales y Tomás Uribe, el hijo del Presidente.

La serenata estuvo a cargo del cantante vallenato Jorge Oñate y luego el turno fue para una miniteca que animó la rumba hasta las 5:30 a.m.

La comida se repartió temprano y, como era de esperarse, fue muy caribeña: carne, arroz con coco y plátano en tentación.

No se vieron los Ministros

En el matrimonio escasearon los personajes de la política. De los vistos, y considerados cercanos al Jefe de Estado, estuvieron Fabio Echeverri, su ex asesor, y Alicia Arango, su secretaria privada.

La cuota cartagenera estuvo representada por la alcaldesa Judith Pinedo y su esposo Arturo Zea; y el gobernador Joaco Berrío, quien asistió solo a la ceremonia.

Pero, más que los recién casados, fue el Presidente el que brilló durante la boda. Desde su llegada a la iglesia, donde una recarga generó un falló en el flujo de energía, recibió el respaldo de unas 200 personas que se apostaron tras las vallas en el parque Bolívar.

"¡Uribe, I love you!", gritó una muchacha que hizo reír y aplaudir a los presentes. El Presidente apenas devolvió el piropo y con discreción hizo un adiós general.

VICENTE ARCIERI G.
Corresponsal de EL TIEMPO
CARTAGENA

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