Un siglo después

Con ocasión de cumplirse un siglo de la fundación de la primera escuela Decroly en Bélgica, la Universidad Central de Chile y su Facultad de Educación, organizaron un seminario internacional sobre el papel y la vigencia del célebre pedagogo en los tiempos actuales. Sin proponérnoslo, quienes participamos llegábamos, por caminos diferentes, a una conclusión común: los principios que fundaron la Escuela Nueva son actuales y tienen todavía muchas cosas que decirnos. Ferriere, Fröbel y Montessori entre muchos otros, lideraron junto con Decroly, un movimiento de renovación de las prácticas escolares y su sentido, cuya estela, en lo esencial, pervive.

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julio 14 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-14

Han cambiado los nombres de nombrar las cosas, pero no necesariamente esos nuevos nombres nombran cosas nuevas. Han cambiado las urgencias, se han descubiertos nuevos fondos psicológicos en contextos sociológicos, igualmente nuevos. Eso es verdad. Como también lo es las clasificaciones nuevas del quehacer pedagógico y de los sistemas de evaluación. En fin, que el mundo es otro y los avances de la ciencia y la tecnología hacen parte del mobiliario mental y cotidiano de un estudiante. La pregunta, sin embargo, por una escuela paidocéntrica sigue rondando desde el amanecer del siglo pasado. ¿Cómo hacer para construirla? ¿Para qué insistir en ella? ¿Cómo preservarle en medio de tanto encandilamiento itinerante, de tanta presión exógena, un lugar donde pueda decidir qué quiere ser y por qué? No parece en todo caso plausible para lograr ese propósito, aislar la escuela de sus múltiples influencias con la realidad que la rodea, en términos de sus resultados frente al incremento del PIB, o de su preparación para el trabajo, o de la orientación profesional de los educandos, o de su panorama de reconocimiento de la cultura universal. La escuela no ocurre en un tiempo cerrado ni en un espacio vacío de tiempo. Pero todo eso es el resultado de algo previo: la construcción de una identidad personal allende a consideraciones distintas a los primigenios llamados del ADN espiritual de cada quien. Personas y no solo individuos. Un proceso de construcción del espíritu desde los pies hasta la cabeza, que humanice el hecho de haber nacido humanos. Por eso, sigue justificándose la escuela. Y la educación. Resulta muy interesante constatar, cuando en 1925, Decroly estuvo en Colombia invitado por su gran amigo Agustín Nieto Caballero, cómo solo hasta 1932, la Imprenta Nacional publicó por las enormes suspicacias que para la hegemonía conservadora despertaba su visita, las conferencias que dictó en el Gimnasio Moderno. Son de algún modo comparables a la luz de la preservación de un espacio propio, los retos que la educación tuvo entonces y que tiene ahora. Hace cien años, por desatar sus manos de la égida religiosa y distinguir los púlpitos de los pupitres y de paso poner en el centro del patio escolar al estudiante para que fuera el constructor de su propio destino; y ahora, por enfrentar los nuevos dogmas del pragmatismo reinante desprovisto de toda trascendencia, de toda poesía. '' El mundo es otro y los avances de la ciencia y la tecnología hacen parte del mobiliario mental y cotidiano de un estudiante.WILABR

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