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¿Qué significa estructural?

Muy seguramente para las nuevas generaciones no es de fácil comprensión la famosa expresión, según la cual Bogotá era considerada la Atenas suramericana. Cuando alguien de la vieja guardia se refería en estos términos a la capital de la república, lo hacía con la firme convicción de que ella encarnaba y representaba los más altos niveles de cultura y urbanidad dentro del conjunto de las ciudades capitales de la región.

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marzo 01 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-01

Para los jóvenes de hoy en día la semejanza con la cuna de la civilización helénica, seguramente se justifica por el estado calamitoso de buena parte de sus vías y edificaciones. La diferencia está en que las ruinas de allá permanecen como testimonio de grandes hitos de la humanidad, en tanto que las de acá parecen estar enclavadas en un presente que más parece una eternidad. Pero si Bogotá se asemeja a Atenas, Colombia no se queda atrás, y en el campo económico quiere asemejarse a lo malo de la actual Grecia. Hoy por hoy, estas dos naciones se dan la mano, pues en ambas hay un tremendo hueco en las finanzas de sus respectivos gobiernos. El hueco del de allá está poniendo en vilo la estabilidad de la Unión Europea y la supervivencia del euro como moneda común, en tanto que el hueco de las finanzas públicas de este lado del charco, sigue siendo considerado como la principal traba para retomar la tan ansiada senda de la recuperación económica y luego la del crecimiento sostenido. Este tema del descuadre de las finanzas públicas, que en la última década y media ha venido siendo cubierto con cuantiosas emisiones de bonos de deuda y también con considerables operaciones de privatización (en vías de extinción, salvo la joya de la corona Ecopetrol), ha sido también objeto de innumerables y exhaustivos diagnósticos, al cabo de los cuales siempre se llega a la más obvia de las conclusiones: los recaudos del Gobierno por la vía de los impuestos no alcanzan a cubrir la totalidad del gasto público, bien porque los primeros son insuficientes, o bien porque este último ha llegado a niveles exorbitantes. Cualquiera que sea la causa –la primera o la segunda o la combinación de las dos–, el efecto es el mismo: un hueco fiscal de proporciones griegas. Dada esta situación los colombianos del común nos hemos acostumbrado y familiarizado con que la solución al problema –la cuadratura del círculo– está en una verdadera y profunda reforma tributaria de carácter estructural. Hasta aquí el consenso es unánime, pero para los que no somos expertos en los temas propios de Hacienda pública, no nos es del todo claro ¿qué es y qué implica una verdadera y magistral reforma tributaria de carácter estructural? ¿Qué debe contener un estatuto de esas características, amén de cumplir con los principios fundamentales de legalidad, equidad y justicia redistributiva? ¿Implicará dicha reforma el cobro de IVA para todo tipo de bienes y servicios, incluidos alimentos, educación y salud? ¿Implicará dicha reforma el desmonte de las gabelas tributarias otorgadas generosamente por este Gobierno, y por lo tanto el desconocimiento a los acuerdos de estabilidad jurídica por él suscritos? Que no sea una colcha de retazos, no es explicación suficiente. Sería muy provechoso que la pléyade de mentes brillantes representada por el abultado número de ex ministros de Hacienda vigentes, nos diesen luces para resolver ésta y otras muchas inquietudes similares. gpalau@urosario.edu.co * Profesor, Facultad de Economía, U. del Rosario "Los recaudos del go- bierno por la vía de los impuestos no alcanzan a cubrir la totalidad del gasto público, bien porque los primeros son insuficientes, o bien porque este último ha llegado a niveles exorbitantes".ADRVEG

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