Y ahora ¿qué sigue?

Y ahora ¿qué sigue?

Finanzas
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abril 21 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-21

A raíz de la crisis económica internacional y del estancamiento de la demanda interna, a principios del año pasado la perspectiva sobre los principales indicadores del sector de la vivienda era desalentadora. Se preveía que las ventas, la construcción y la financiación de unidades disminuirían sensiblemente. Por esta razón, en abril del 2009 el Gobierno adoptó una serie de medidas para impulsarlo, teniendo en cuenta los efectos que tiene la construcción sobre el empleo y la economía. La medida más exitosa consistió en la llamada cobertura a la tasa de interés, para los hogares de ingresos bajos y medios que adquirieran vivienda nueva de valor inferior a 172 millones de pesos. En la práctica, ésta equivale a un subsidio en los créditos de 5, 4 ó 3 puntos porcentuales, de acuerdo con el valor de cada casa. Para ello, el Gobierno destinó 535.000 millones de pesos acumulados en el Fondo de Reserva para la Estabilización de la Cartera Hipotecaria (Frech), y así cubrir unos 56.000 créditos. A raíz del éxito obtenido, a finales del año pasado anunció que asignaría recursos adicionales, para un total de 95.000 familias beneficiarias. Sin embargo, la norma que define el último aumento de cupos no ha sido expedida por el Ministerio de Hacienda. El mecanismo está llegando a su fin si se considera que, de acuerdo con cifras de Asobancaria, entre créditos desembolsados y aprobados ya se está alcanzando el tope anunciado. Hay 91.000 familias que han sido favorecidas por la medida o que esperan obtener la cobertura en el corto plazo. Ahora bien, el impacto de ésta continuará teniendo efectos al menos por un año más, mientras se acaban de construir las viviendas y se entregan los préstamos autorizados. Sin lugar a duda, una de las principales razones del éxito del programa consistió en que el subsidio permitió igualar el valor de la cuota del crédito al del arriendo que una familia paga por una vivienda. Otra fue que se contó con una oferta importante de unidades en proyectos que se habían gestionado de tiempo atrás. Por último, habría que destacar que las tasas de interés disminuyeron a niveles históricamente bajos, principalmente por cuenta de la reducción de la inflación. Así las cosas, la tendencia decreciente de las ventas de casas y apartamentos, se revirtió en forma inmediata y se liquidaron rápidamente los inventarios. En los doce meses transcurridos hasta marzo se habían colocado 73.000 unidades en las tres principales ciudades del país, 24.000 más que en el mismo periodo del año previo. Los desembolsos respondieron a la par. Al cierre de febrero los bancos habían otorgado 83.000 préstamos por un valor de 4,7 billones de pesos anuales, con un crecimiento del 13 por ciento en términos reales. Si a estas cifras se añaden los datos del leasing habitacional y los del Fondo Nacional de Ahorro, el sistema financió la vivienda de más de cien mil familias. En cuanto a la construcción, por cuenta del tiempo que avanza entre la venta y el inicio de la obra –en promedio nueve meses–, los datos anuales de licencias aprobadas continúan cayendo en 10 por ciento a enero, aunque en menor medida de lo visto en el primer semestre de 2009. En cualquier caso, a partir de agosto se observa una mejoría sustancial. Lo conseguido con el subsidio a la tasa de interés ha generado que se haga referencia al tema en ámbitos académicos y políticos. En general, las propuestas resaltan la urgencia de contar con una oferta importante de suelo que permita construir más, al igual que un esquema que acerque la cuota de los créditos al de los arriendos. También se habla de la necesidad de duplicar o triplicar los recursos estatales para suplir el déficit habitacional y garantizarles un techo a los nuevos hogares. Hoy en día se construyen 150.000 unidades al año, se forman 300.000 hogares y el déficit habitacional cuantitativo es de 1.3 millones de viviendas, con lo cual la tarea requerida no es de poca monta. Para recortar camino, el país debería tener como meta doblar la relación de cartera hipotecaria a PIB de 5 a 10 por ciento, para llegar al menos a los niveles que tenía hace 10 años. Una opción adicional es seguir la senda de México, Costa Rica, Chile o Panamá, en donde los gobiernos han dado importantes apoyos para solucionar el faltante en forma más acelerada. No estaría de más que los candidatos a ocupar la Casa de Nariño pensaran en el asunto. Después del éxito del programa de cobertu- ra a la tasa de interés, para los hogares de ingresos medios y bajos que adquirieran vivienda nueva, la pregunta es cómo solucionar el gran déficit habitacional.ANDRUI