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Síntomas de una organización enferma

Nada más importante para el buen desempeño de una empresa que la salud del ambiente en el que opera. Porque una compañía puede tener una buena visión, buenos procesos, buenos productos y servicios, buenas estrategias y una buena estructura, pero si en sus prácticas cotidianas hay cosas que se hacen mal, tarde o temprano los resultados que se obtendrán serán inferiores a los planeados.

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mayo 09 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-09

A continuación publicamos una lista -indicativa, no exhaustiva- de algunos hechos, unos más graves que otros -que entorpecen el funcionamiento eficaz y eficiente de una organización. No aparecen en orden de importancia. Los comentamos con el ánimo de contribuir a elevar la productividad empresarial. - Desprecio por los detalles. Con alguna frecuencia, sobre todo a alto nivel, se tiende a subvalorar la importancia de los asuntos aparentemente menores. Porque se supone que las cuestiones de ‘carpintería’ las deben manejar profesionales de segundo o tercer nivel. Pero lo cierto es que en general los directivos y ejecutivos de la cúpula sí deben dedicarle tiempo a temas operativos, porque como dice el aforismo, “el diablo está en los detalles”, sobre todo cuando se trata de innovaciones. - Cruce de cables. En una empresa las funciones de apoyo (finanzas, asuntos jurídicos, administración, logística, producción, sistemas, etc.), deben concentrar su atención en hacer mejor su trabajo -disminuir costos, eliminar riesgos, aumentar la velocidad y la calidad de la ejecución, elevar el nivel de servicio -en vez de entrometerse en las decisiones de quienes tienen la responsabilidad directa de los negocios. Los profesionales de apoyo no tienen ni la formación ni la experiencia para opinar sobre cuestiones que deben manejar los gerentes de línea. Por supuesto que son bienvenidas sus observaciones y sugerencias, pero una cosa es un aporte y otra cosa es un intento por tomar decisiones que no les corresponden. - Ausencia de discusión. Los jefes que pretenden tener siempre la verdad revelada y que por lo tanto no están interesados en escuchar alternativas distintas a las de su propia creación, le hacen mucho daño a sus empresas. Porque se dilapidan oportunidades para encontrar las opciones ideales al cerrársele el espacio al debate constructivo. Obviamente los jefes deben tener la última palabra -para eso son jefes, pero si son buenos profesionales -maduros, inteligentes, seguros de sí mismos- lo natural es que promuevan el contrapunteo de ideas. Y deben estar dispuestos a reconcer que las suyas no necesariamente son las mejores. - Teoría versus práctica. En las firmas hay gente que habla mucho y hace poco. Hay personas que son excelentes para hacer presentaciones y pésimos a la hora de convertir sus ideas en realidades. Existen expertos en ‘descrestar’ con su facilidad de expresión y su afabilidad, pero que patinan al momento de tomar los toros por los cuernos. Hay profesionales que dominan los conceptos pero que a la hora de aterrizarlos no tienen la habilidad para hacerlos prácticos. - Burócratas en vez de emprendedores. Las mujeres y hombres que estén al frente de los negocios -y de sus áreas comerciales- tienen que distinguirse por su espíritu empresarial. Deben sentirse incómodos con la excesiva planeación (la ‘parálisis del análisis’), con la ‘reunionitis’, con la exagerada atención a los procesos (tema que en esencia debe ser gestionado por las funciones de apoyo), con los llamados ‘clientes internos’ (que distraen de los únicos clientes -los externos), con los manuales de procedimientos, con los presupuestos engorrosos, con los informes que poco o nada interesante aportan, con las jerarquías y los protocolos. Nuestra recomendación, en una sola línea: ojo con incubar una organización lenta, pesada, llena de gente que no toma riesgos, que no agrega valor, porque más temprano que tarde sus competidores se devorarán su participación de mercado.

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