Sombra de duda

Sombra de duda

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noviembre 25 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-25

El nuevo aplazamiento, esta vez hasta el cinco de diciembre, del acto de apertura de los sobres que contienen las ofertas económicas de las firmas interesadas en construir el túnel de La Línea, debería servirle al Gobierno para corregir el curso de un tema que va mal. Al fin de cuentas, no se trata solo de una de las iniciativas más emblemáticas y costosas dentro del propósito de dotar al país de carreteras modernas, de doble calzada. Y es que aparte de que según los estimativos hechos, el túnel de 8,8 kilómetros y las obras conexas demandarían inversiones por 703.000 millones de pesos, con el fin de tener el proyecto listo en el 2012, la escogencia del ganador tiene que estar desprovista de polémica o de interrogantes.

El problema es que todo apunta a que se cuestionen no solo las credenciales del triunfador, cualquiera que este sea, sino la capacidad de conducción del proceso por parte del director del Invías, Daniel García Arizabaleta, quien viene de ser sancionado por la Procuraduría General de la Nación con destitución de la entidad que comanda e inhabilidad para ocupar cargos públicos por 17 años. Los motivos que adujo el organismo de control fueron faltas consideradas como "graves dolosas" y "gravísimas dolosas" y que van desde la entrega de certificados falsos para acceder a diversos cargos públicos, hasta la modificación de reglamentos y requisitos para poder asumirlos. Si bien contra el pronunciamiento cabe el recurso de apelación, el cual de hecho suspende la Sentencia, resulta a todas luces inconveniente que un funcionario en entredicho tenga en sus manos un proceso que ya sería polémico, así lo encabezara alguien que esté por encima de toda sospecha.

El tema es todavía más preocupante para quien se tome el trabajo de leer el fallo de la Procuraduría. Este asegura en uno de sus apartes, al hablar de García Arizabaleta, que "el sujeto actuó consciente y voluntariamente para la obtención del resultado (sic) su intención manifiesta era defraudar a la administración y lo logró no solo tomando posesión en el cargo para el cual no reunía los requisitos y el perfil, sino además manteniéndose en el mismo, existiendo plena conciencia y firme voluntad de cometer la infracción que fue cuidadosamente preparada".

Así las cosas, y respetándole al Director del Invías su derecho a defenderse, lo lógico es que el funcionario hubiera dado un paso al lado o se hubiera retirado del cargo. La razón, más que jurídica, es ética, pues la sombra de duda no le sirve para nada al país ni al Gobierno, tal como quedó en evidencia con los rumores que despertó la reciente suspensión de la licitación para escoger a la firma encargada de operar los peajes y recaudar los dineros de los mismos. Como si lo anterior fuera poco, y desde el punto de vista práctico, es inconveniente tener al frente de la institución a alguien que tiene que destinar una porción considerable de su tiempo y energía a reuniones con abogados, aparte de la búsqueda de pruebas para tratar de ser absuelto. Pero en esta ocasión la Casa de Nariño ha tenido un elocuente silencio, a pesar de que en otras similares al Ejecutivo no le ha temblado la mano para cortar cabezas, incluso en respuesta a acusaciones menos graves.

De tal manera, lo sucedido vuelve a poner en la mira al Ministerio del Transporte, cuya labor ha sido cuestionada por cuenta del descomunal atraso vial que le resta competitividad a Colombia y cuyas entidades han tenido una cuota amplia de escándalos. Aparte de los pobres resultados del Plan 2.500, de la lenta ejecución de diversas obras, de la demora en comenzar el proceso licitatorio de la Ruta del Sol, de las inquietudes por la falta de transparencia en la renegociación de las concesiones actuales y del uso de vigencias fiscales futuras que dejan con las manos atadas a los gobiernos que vienen, ahora llega otro interrogante que, en vez de merecer un corte por lo sano, coloca en la picota pública las decisiones que tome el Invías. Con razón, al comentar lo sucedido, un conocedor sostuvo que aquí ha pesado más el poder, que el pudor.

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