¿Por qué son pobres los pobres?

Los pobres se han puesto de moda y no por las razones que toca, como hacer cumplir la Constitución del 91 que obliga al Estado colombiano a responder por los derechos económicos, sociales, culturales y políticos de todos los ciudadanos, sin excepción alguna. Por desgracia, la motivación es perversa: simplemente el Gobierno ha descubierto que los pobres constituyen una fuente importante de votos para las próximas elecciones presidenciales.

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noviembre 16 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-16

Lo grave de este mezquino descubrimiento es que conduce a políticas populistas que pueden aliviar la pobreza, pero que no sacarán de su precaria situación a 20 millones de colombianos. A esta, deben agregarse muchas otras críticas que ya se están haciendo a la masificación de estas políticas que deben ser complementarias pero no sustitutas de las estrategias universales de educación, salud y seguridad social. Cuando las transferencias de ingresos a los pobres se vuelven la gran prioridad, pueden conducir a desincentivar el trabajo porque hacen de la pobreza una fuente permanente de ingresos. Además, se dificulta su financiación y, lo peor, pueden llegar a sustituir estrategias que si construyen capital humano, buena educación, salud y seguridad social para los más necesitados. Se prefiere entregar el pescado en vez de enseñar a pescar. Pero en este debate falta la pregunta fundamental: ¿por qué son pobres los pobres? Se puede acudir a la respuesta de Susanita, la amiga retrógrada de Mafalda, quien afirma que los pobres son pobres porque no trabajan, no comen bien, viven en tugurios, pero con esta respuesta no se llegará a ninguna parte. La verdad es que la pobreza nace de decisiones políticas. Es en el ejercicio del poder donde se define el modelo de sociedad que se adopta y que determina la forma como se distribuyen tanto los beneficios como los costos del crecimiento económico del país. La pobreza se origina en la adopción de un modelo excluyente que se construye con una serie de políticas con el aval de una mayoría si se vive en una democracia, que dejan por fuera a sectores importantes de la sociedad. La pobreza colombiana y la profunda desigualdad social de este país son responsabilidad de todos que por acción o por omisión han avalado este modelo de desarrollo inequitativo que caracteriza a Colombia. Aceptar este cargo de conciencia tiene que ser el punto de partida. Por fortuna, atacar la pobreza dejó de ser una decisión doméstica y ahora forma parte de las políticas globales dado el compromiso adquirido por los dignatarios del mundo en la Cumbre del Milenio del 2000, donde los mandatarios que asistieron, entre ellos el Presidente de Colombia, se comprometieron a reducirla a la mitad para el año 2015. El tema ahora es cómo hacerlo y de allí todo el debate que se viene plateando en América Latina sobre cuál es la mejor estrategia social. La respuesta es sin duda política: construir lo opuesto, es decir un modelo incluyente que no solo incorpore a los excluidos, sino que además deje de producir pobres. Y para ello se requiere que el país vote por este tipo de sociedad para que ejerzan el poder aquellos comprometidos con esa meta que acepten, además, que se han revaluado las fórmulas desarrollistas de crecer primero para repartir después, porque los pobres ya no deben esperar más. Tampoco se puede seguir insistiendo, como lo ha venido haciendo este Gobierno, en el llamado ‘chorreo’, o sea que basta con que la economía crezca para reducir la pobreza. La crítica es obvia. Dada la experiencia reciente ¿cuántos años tendrán que esperar los pobres para que ésto suceda? No se trata solo de justicia social, sino de gobernabilidad, que si bien no se puede asociar solamente con la pobreza, sí tiene mucho que ver con la desigualdad, con la concentración de las ganancias en unos pocos. Sin embargo, en este proceso de encontrar fórmulas para cumplir con el compromiso adquirido, con frecuencia se olvida el papel que juega el mercado de trabajo. Los análisis recientes no solo de la Universidad Nacional, sino de la Universidad Externado de Colombia, arrojan cifras muy preocupantes que llevan a la dura conclusión de que las oportunidades que brinda el mercado laboral, lejos de contribuir a mejorar la situación de amplias masas de colombianos, se está constituyendo en un generador de pobreza. Peor aún, son los empresarios y el mismo Estado los que, de hecho, han realizado una ‘Reforma Laboral’ a la medida de sus intereses, esto es bajar costos laborales, precarizando de una manera aterradora el trabajo en este país. Las siguientes cifras fundamentan esta dura afirmación. Cada año la población en edad de trabajar se incrementa en 700.000 personas, de las cuales 420.000 se vuelven económicamente activas, es decir, trabajan o buscan activamente empleo. De hecho, se ocupan 330.000, por consiguiente hay 90.000 nuevos desempleados por año. El proceso de deterioro de la situación laboral se inició con la Ley 50 que eliminó puestos de trabajo en la industria, sustituyó empleos permanentes por temporales y llevó a una cifra que no ha merecido suficiente análisis: el factor trabajo perdió participación en el Valor Agregado de este sector en un 9,5 por ciento, al pasar de 28 por ciento en 1992 a 18,5 por ciento en el 2006. Pero hay más. En 1994, había 8’300.000 asalariados y 4 millones de independientes, y en el 2006, 8’500.00 de asalariados y 7 millones de independientes. Aunque no todos los independientes son informales, sí se observa un profundo deterioro del trabajo formal. O como lo califica Ricardo Bonilla, la salida masiva de trabajadores del Código Laboral, para beneficio de los empresarios. Pero además de la Ley de Flexibilización laboral que redujo los dominicales, las horas extras y que no produjo los cambios esperados en términos de mayor generación de empleo, lo más escandaloso es el surgimiento de las Cooperativas de Trabajo Asociado, que redujeron en más de un 30 por ciento los costos laborales para los empresarios y privatizaron el aseguramiento social que gracias a ese esquema recae exclusivamente sobre los trabajadores. Durante los gobiernos de señor presidente Uribe florecieron estas ‘falsas’ cooperativas, que pasaron de 572 a 3.296; solo 2.100 reportan pagos a la seguridad social, y sus asociados pasaron durante este período de 37.048 a 451.869. Y eso que se reconoce que el problema está subestimado. Y estas cooperativas, como lo denunció hasta el mismo Superintendente de la Economía Solidaria, han violado la ley al hacer lo que les está prohibido: intermediación laboral. Incentivadas por las grandes empresas del país, tanto urbanas como rurales, precarizaron el trabajo y los ingresos de los trabajadores. ¿Por qué el Gobierno que conoce mejor que nadie esta situación, que agrava aún más la posición de los trabajadores colombianos, no ha hecho nada? Contrasta esta realidad con la dinámica y las ganancias del sector privado. La industria manufacturera creció un 12,1 por ciento en el segundo trimestre del 2007, frente a un 6,87 por ciento de crecimiento del PIB del país. El crecimiento del sector financiero en el segundo trimestre del 2007 fue de 15,68 por ciento cuando la economía creció en ese mismo período un 6,87 por ciento, y a septiembre pasado las utilidades acumuladas por las entidades del sistema financiero, alcanzaron los 6,36 billones de pesos. ¿Cuánto contribuyó la precarización laboral a estas abultadas ganancias? Si este no es un modelo pro-rico ¿entonces cómo se debe llamar? Se consolida de esta manera una dura realidad en Colombia: el mercado de trabajo se ha constituido en una fuente de generación de pobreza. Pero la falta de acción del Gobierno frente a esta explotación de la mano de obra sí es consistente con su premisa básica de que los empresarios son el motor del desarrollo colombiano y el Estado es su socio. Lo que debe quedar en claro es que mientras el trabajo no sea la alternativa digna para salir de la pobreza, no habrá presupuesto posible para darles limosnas a tantos pobres. El tema es de fondo, porque los problemas laborales no se resuelven en el mercado laboral, sino con políticas económicas y sociales que sean parte de un modelo que busque crecer, pero incluyendo productivamente a todos sus habitantes. Frente a esta realidad, ¿Gobierno y empresarios tendrán la cara para regatear un alza justa al salario mínimo? Y después se preguntan por qué son pobres los pobres. Los problemas laborales no se resuelven en el mercado laboral, sino con políticas económicas y sociales que sean parte de un modelo que busque crecer, pero incluyendo productivamente a todos sus habitantes”. Cecilia López Montaño. Senadora Es en el ejercicio del poder donde se define el modelo de sociedad que se adopta y que determina la forma como se distribuyen tanto los beneficios, como los costos del crecimiento económico del país”.

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