Soñar no cuesta nada

Plantados en la mitad de la vía, como cualquier despistado caminante de las atestadas calles de la urbe, los colombianos que no estamos en plan de candidaturas para ningún cargo de elección, pero sí queremos alentar el debate y auscultar la realidad electoral, nos damos trazas, esculcando aquí y allá, de encontrar temas que ayuden a formar un cuadro de referencia para la acción inmediata.

Finanzas
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febrero 16 de 2016 - 06:59 p.m.
2016-02-16

Preocupado por la política social -socorrido asunto para echar discursos y alentar las campañas, pero mal tratado a la hora de ponerla en marcha-, en mi mente bullen algunos aspectos que me parece interesante volver a discutirlos. Dicen los técnicos que la búsqueda de mayor equidad requiere que la sociedad desarrolle sistemas de protección y promoción de las oportunidades y de la calidad de vida en aquellos aspectos que las propias sociedades consideran de valor social, y que permiten que todos los ciudadanos sean partícipes de los beneficios y actores del desarrollo. Para ello, la política social debe orientarse con sentido integrador, mediante instituciones que considere simultánea y prioritariamente los principios de universalidad, solidaridad y eficiencia. La aplicación de estos principios en el diseño, financiación, provisión y regulación de los servicios sociales, además de indispensable, no está exenta de importantes dilemas, cuyas soluciones no son únicas, en particular, cuando se considera la participación de agentes privados. Para aplicarlos en forma paralela se debe, por tanto, ponderar su importancia en el marco de las aspiraciones sociales, del desarrollo alcanzado y de los propósitos de las reformas. Nada fácil el punto. No obstante, para poner en blanco y negro la cuestión, vale decir, por ejemplo, que la universalidad no exime de la necesidad de ejercer determinados grados de selectividad y no puede extenderse hasta estadios de protección que no sean financiables. Dicho de otra manera, es claro que la capacidad de maximizar los objetivos sociales con recursos escasos es parte fundamental de la estrategia. Es cierto y eso no se discute, que la política social tiene una responsabilidad principal con los sectores pobres de la población. Entonces, puede colegirse que la superación de la pobreza constituye un reto ético y político. La experiencia enseña que los programas más apropiados para cumplir ese cometido son aquellos de carácter integral y multidimensional, de larga duración, centrados en romper los canales de reproducción intergeneracional de la pobreza en los hogares intensamente afectados por ella, sin dejar de lado otros dedicados a enfrentar problemas temporales, fruto de condiciones económicas o naturales de carácter transitorio. Sin perder de vista el carácter integral de la política social ni las distintas dimensiones que tiene la desigualdad -patrimoniales, demográficas, étnicas, de género-, en las actuales condiciones del país, los retos que plantea el desarrollo integral deben tener dos puntas de lanza básicos: educación y empleo. La educación permite incidir de manera simultánea en la equidad, el desarrollo y la gente. Los efectos potenciales de la educación sobre la equidad son de largo plazo y, lo que es más importante, no se producirán si no hay una dinámica de generación de empleos de calidad. Y aquí viene la duda: ¿está el país en condiciones de generar empleos que brinden esa garantía? Me temo que por ahora no. Luego, hay necesidad de poner manos a la obra en el empeño de hacerlo. '' En las actuales condiciones del país, los retos que plantea el desarrollo integral deben tener dos puntas de lanza básicos: educación y empleo.WILABR