Soplan vientos que alterarían el comercio global

Llamado a cambios en las reglas que rigen a los gigantes bancarios

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mayo 14 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-14

 Si este termina siendo el momento en que el avance hacia una globalización y un libre mercado cada vez más amplio se frena o desacelera considerablemente, presten atención no sólo a los aranceles, las normas que exigen comprar sólo productos nacionales o manifestaciones callejeras. También hay que fijarse en los cambios que se están contemplando en las reglas que regulan las finanzas globales.

El colapso del comercio mundial fue más abrupto de lo que podían suponer los simpatizantes o detractores de la globalización. La Organización Mundial del Comercio dice que el volumen del comercio, un cálculo que se ajusta para aislar los efectos de cambios de precio y de divisas, caerá 9% este año, la contracción más severa desde la Segunda Guerra Mundial.

El Fondo Monetario Internacional es aun más pesimista. Prevé una disminución de 11% en el comercio de bienes y servicios este año. Para las "economías avanzadas" -Estados Unidos, Canadá, Europa, Japón y los grandes exportadores de Asia- anticipa un declive de 13,5% en las exportaciones de este año. Para países emergentes y en desarrollo, aún más dependientes de las exportaciones para crecer, calcula un declive de 6,4% en exportaciones, un contraste marcado con el incremento de 9,5% que gozaron en 2007 y el alza de 6% en 2008.

El comercio creció mucho más rápido que la demanda global durante el auge y se contrajo más rápido que la demanda durante la recesión, en parte porque las redes de suministro global cruzan fronteras con sus componentes, inflando repetidamente el volumen de comercio. El reciente declive refleja tanto la rápida caída en la demanda global como la evaporación de la financiación del comercio, que es esencial para la importación y exportación. Pero la pregunta más difícil es, ¿Qué tanto y qué tan rápido se recuperará el comercio una vez que la economía mundial repunte? El FMI no prevé una recuperación pronta: proyecta que el volumen de comercio en 2010 superará apenas en 0,5% el nivel de este año recesivo.

Muchos piensan que el gran reto para el comercio proviene de trabajadores descontentos, muchos de los cuales no sacaron suficiente provecho del comercio en sus buenos tiempos. Los mismos consideran las importaciones y los inmigrantes como amenazas a su sustento, y presionan a los políticos para que los protejan. Hay claras señales de que eso ya está ocurriendo en EE.UU., aunque a menor escala.

El mayor desafío será la reacción de los gobiernos nacionales al daño transfronterizo ocasionado por el desplome de Lehman Brothers y los bancos de Islandia. Después de todo, el argumento a favor de la titularización de préstamos y de laxa regulación ha sufrido un duro golpe. Para muestra, Gran Bretaña. Como bien lo dijo Mervyn King, presidente del Banco de Inglaterra: los bancos globales son globales en vida, pero nacionales en la muerte o a la hora de rescatarlos de la muerte. Los británicos no tuvieron injerencia sobre Lehman o los bancos islandeses, pero tuvieron que limpiar el desorden que dejaron después de que colapsaron.

"A menos o hasta que tengamos un gobierno global que destine recursos fiscales globales para respaldar a los bancos...", dice Adair Turner, director de la agencia británica de servicios financieros, "la solvencia y liquidez de entidades legales especiales de cada país será importante". Turner prevé, y quiere, reglas que exijan a las instituciones financieras globales que depositen un capital significativo en cada país donde hacen negocios y se aseguren de que cada unidad tenga su propia fuente de liquidez en caso de una crisis. Por supuesto, esto es lo opuesto al actual sistema, bajo el cual gigantes como Citigroup o Deutsche Bank administran capital y liquidez desde sus sedes centrales.

Los bancos dicen que ese cambio aumentaría sus costos, reduciría sus ganancias y limitaría su capacidad de desarrollar economías de escala global. El cambio, también reconoce Turner, "tendría consecuencias en la capacidad de los bancos globales para desempeñar su rol de lubricar los flujos de capital y comercio que son vitales para una economía global exitosa". Pero esas consecuencias deben ser sopesadas frente a los beneficios de una mayor estabilidad financiera, argumenta Turner.

Es demasiado pronto para saber si lo que podría llamarse proteccionismo financiero prevalecerá y, de ser así, qué efecto tendrá. Pero la economía mundial y el sistema financiero se verán distintos después de la crisis: Los vientos soplan a favor de una mayor supervisión del comercio global de bienes, servicios, dinero o personas.

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