Subir el nivel de alerta

La reunión que tuvo lugar ayer en la Casa de Nariño, en donde Juan Manuel Santos fue el anfitrión de un grupo que incluía representantes de los sectores financiero, industrial y empresarial, aparte de los trabajadores y las cajas de compensación, dejó satisfechos a los asistentes a la cita.

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septiembre 28 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-09-28

La razón no tuvo que ver con los resultados tangibles del encuentro -pues estos fueron pocos-, sino la preocupación del Gobierno de crear un frente común que evalúe en forma periódica las alarmantes señales que vienen del exterior. La urgencia de moverse en dicho terreno tiene una explicación. Tanto el mandatario como los integrantes del equipo económico estuvieron la semana pasada en Estados Unidos y pudieron constatar que las nubes de tormenta que se vienen acumulando son cada vez más oscuras. En particular, el Ministro de Hacienda, quien asistió a la asamblea conjunta del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en Washington, se dio cuenta de que la capacidad de acción de las naciones industrializadas es muy limitada y que las cosas realmente se pueden poner difíciles, si los europeos no rescatan a Grecia o en Washington la polarización política sigue. Aunque no hay certeza de que lo peor ocurra, lo mejor es subir el nivel de alerta. Eso fue precisamente lo que tuvo lugar en la Presidencia. Así, el primer paso consistió en una revisión de las cosas, lo cual dejó un balance alentador. Los presentes vieron que el ritmo de crecimiento es bueno, que la generación de empleo ha sido la más alta de América Latina en el último año y que la demanda continúa fuerte. Aparte de lo anterior, las intervenciones del Banco de la República y los representantes del sector real y de los bancos indicaron que no hay luces rojas encendidas en el tablero de la economía colombiana. Dicho de otra manera, las tasas de interés son bajas, las empresas rentables y el flujo de crédito sigue fluyendo. Aunque las comparaciones son odiosas, todo sugiere que el país se encuentra en una posición de mayor fortaleza que la que tenía hace tres años, cuando estalló la burbuja inmobiliaria en Norteamérica y comenzaron buena parte de los problemas que todavía se sienten. En tal sentido, las preocupaciones no son las mismas, pero una de las lecciones que dejó la debacle del 2008 es que el coletazo de lo que pasa afuera se percibe sobre la producción y las exportaciones. En consecuencia, hay que estar listos para lo peor. Y más allá de mantener los ojos muy abiertos, tal vez el mejor consejo que recibió Santos de los asistentes fue el de completar unas tareas y no descuidar otras, para evitar sorpresas desagradables más adelante. Dentro de los pendientes, el más urgente es el de vigilar el ritmo de ejecución de los dineros públicos. Si bien hasta ahora no ha sido necesario, es claro que la demanda estatal va a ser fundamental en un futuro si afuera se empeora el clima. Un segundo elemento es el de mejorar la coordinación interna del Ejecutivo, lo cual incluye evitar las discrepancias públicas y las salidas de tono, un mensaje que algunos dirigieron al vicepresidente Angelino Garzón, quien estaba presente. Por otra parte, hay que mantener el curso de la nave. Eso quiere decir apoyar la agenda de reformas, lograr el paso del paquete legislativo en el Congreso y conservar la perspectiva de largo plazo. En particular, resulta fundamental que los planes de desarrollo de la infraestructura despeguen, pues, si hay crisis, van a servir de programa anticíclico. Y si no, son clave para romper los cuellos de botella y mejorar la competitividad, algo que es definitivo para la suerte futura de Colombia, sin importar lo que pase o de deje de pasar en el exterior.HELGON

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