Sueño persistente

Desde hace 48 años, cuando se creó la Alalc, estamos diciendo que en nuestra región latinoamericana la integración constituye uno de los principales medios para acelerar el proceso de desarrollo económico y que debería servir para crear un mercado común latinoamericano.

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mayo 29 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-29

De la Alalc pasamos a la Aladi y en el entretanto aparecieron el Pacto Andino, hoy Comunidad Andina, Mercosur y el Mercado Común Centroamericano. A pesar de ello, estamos lejos de la meta del mercado común. La retórica, los documentos y las reuniones han abundado, más no así los resultados. Sin embargo, el sueño de una integración persiste. El pasado 23 de mayo 12 presidentes de Suramérica, tras dos años de negociaciones, firmaron en Brasilia el acta constitutiva de Unasur, en medio del escepticismo de los observadores y analistas. Las dudas se sustentan en las diferencias ideológicas que separan a los presidentes y en la existencia o no de una firme decisión para integrarse que permita, precisamente, superar esas disparidades. El Canciller de Venezuela las ha precisado al advertir que en la región hay “una mayoría de gobiernos autónomos, soberanos, progresistas y populares”, dando a entender que hay gobiernos que no lo son. Es decir, que carecen de autonomía, que no son soberanos y menos progresistas y populares. Esa terminología, propia del presidente Chávez, marcará sin duda las negociaciones en el nuevo ente integracionista y le imprimirá a lo económico, a lo social y a lo comercial, un contenido ideológico que hará de cada reunión una escaramuza para ver qué tendencia se impone. Afortunadamente, la presidencia inicial la tendrá la señora Michelle Bachelet de Chile, que deberá esforzarse para que no se desvíe el rumbo. El objetivo es “construir un espacio de integración y unión”, no solamente para lo económico, sino también para “eliminar la desigualdad socioeconómica, lograr la inclusión social, la participación ciudadana y el fortalecimiento de la democracia”. La equidad, la inclusión y la erradicación de la pobreza, en la que están sumidos millones de suramericanos, es pues una meta prioritaria, que de no cumplirse, sepultará este nuevo esfuerzo de integración. Casi cinco décadas de intentos integracionistas sin que se muestren resultados en el campo de la pobreza y el hambre, no nos dejan bien parados a los suramericanos. Se buscará consolidar una identidad suramericana, una especie de ciudadanía regional, que facilite la eficacia de los derechos fundamentales de las personas. El acceso a la seguridad social, por ejemplo, y a los servicios de salud, deberá garantizarse a todas las personas, se encuentren o no en su país de origen. Formidable tarea si tenemos en cuenta que es uno de los derechos menos satisfechos en nuestros países. Son innumerables los excluidos. Esperemos que Unasur no sea otra frustración suramericana y confiemos en la razón y el corazón de los gobernantes, como se dijo recientemente en Lima, para que así sea. Dios mediante. '' El acceso a la seguridad social, por ejemplo, y a los servicios de salud, deberá garantizarse a todas las personas, se encuentren o no en su país de origen.WILABR

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