Suficiencia e insuficiencia en la economía

Suficiencia e insuficiencia en la economía

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mayo 12 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-12

Mi colega Max Bazerman publicó un interesante ensayo en la nueva revista electrónica de Berkeley, Capitalism and Society (www.bepress.com/cas/vol2/iss1/art3), sobre la influencia de la economía en las políticas públicas.

Su argumento es que los criterios del derecho y de la economía ya están incorporados y aceptados en los cuerpos legisladores de Washington, pero muchas veces llegan a resultados equivocados y contrarios al beneficio público por no incorporar otras ciencias sociales como las del comportamiento humano.

Por ejemplo, el sistema de auditoría para las empresas parte de la 'teoría de la agencia' de la economía y ha constituido uno de los pilares del funcionamiento de las juntas directivas: la auditoría externa la realizan empresas auditoras independientes que dependen del comité de auditoría de la junta directiva (constituído por miembros externos a los ejecutivos y a los accionistas) y así funciona de manera 'racional' para controlar a la empresa.

Pero el sistema falla al no considerar que las empresas auditoras tienen también otros intereses: renovar sus contratos el año próximo y obtener otros contratos de la misma empresa (como asesoría de impuestos).

¿Puede realmente este sistema garantizar el control de la empresa para beneficio de accionistas y de la sociedad en conjunto?

Aunque parte del problema es la utilización de simplificadas versiones de la teoría económica, esta pregunta de Bazerman, basada en años de investigaciones sobre el comportamiento de las personas, sus sezgos y contradicciones, lleva a una respuesta negativa.

La reforma del sistema actual de auditoría de las empresas es urgente antes de que continúen los desastrosos resultados que llevaron al cierre de la auditora Anderson, a escándalos corporativos o la crisis por hipotecas sin respaldo.

Pero Washinghton decidió simplemente exigir información sobre conflictos de interés, en lugar de una reforma más radical del sistema.

¿Será esto suficiente?

A ninguna ciencia se le puede pedir que explique cosas que están por fuera de su ámbito.

La economía se refiere al homo economicus y explica el comportamiento de la gente dentro de ese reducido ámbito.
Se le ha llamado 'la ciencia triste', quizás porque este humanoide económico suele ser egoísta, calculador y simple.

El comportamiento humano que impacta en la economía es mucho más complejo.

Si excluimos el altruismo, el amor o la venganza, no comprenderemos al ser humano completo, y eso es lo que las ciencias humanas aportan, por fuera de la economía, a la misma economía (busque Beinhocker 2006, para un extraordinario análisis de cómo debe cambiar la economía).

La 'disonancia cognoscitiva' es uno de esos descubrimientos de las ciencias del comportamiento que explican acciones humanas inexplicables o irracionales.

¿Cómo entender a los secuestrados por dinero que se ponen del lado de los secuestradores, los apoyan y hasta se unen a sus actividades criminales?

Los seres humanos elaboramos inconscientemente las contradicciones entre creencias y acciones, y terminamos autoconvencidos de aquello que nos saca de la incómoda contradicción.

Cuando a una persona le conviene un resultado alineará sus acciones y las justificará inconscientemente, lo que impide ser neutral.

También está comprobado que cuando las personas toman una decisión e inician un curso de acción, sufren una extraña inercia psicológica que les impide echar atrás o reconocer que la decisión fue equivocada.

'Economía es lo que hacen los economistas' leí en mi texto introductorio de estudiante universitario.

Y la verdad es que en las pocas décadas que lleva el premio Nobel de Economía, por lo menos seis de ellos no han sido realmente economistas, sino matemáticos o estudiosos del comportamiento humano.

La economía ha tratado de integrar a su ámbito otras ciencias sociales y está en auge la economía del comportamiento (behavioral economics) que trae explicaciones psicológicas para los comportamientos 'extraños', sin racionalidad económica, que hacemos los humanos y se han estudiado rigurosamente por la psicología social.

Pero en la definición de políticas públicas parece que muchas veces gana la economía, pierde la psicología y paga la gente.

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