Tango 'La cumparsita' ya casi llega a los 100 años de poner a bailar

Los argentinos Enrique Maroni y Pascual Contursi fueron los encargados de ponerle la letra a este tango compuesto por Gerardo Matos Rodríguez, un arquitecto uruguayo.

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mayo 25 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-25

Hijo casual de un dandy aficionado a las apuestas, compañero eterno de prostitutas, borrachos y delincuentes y testigo de excepción de innumerables noches de farra, el más célebre de los tangos, La cumparsita, cumple 92 años de sorprendente éxito.

Esta pequeña pieza musical, de la que se conocen más de 1.000 versiones distintas y cuyos compases definen en el imaginario colectivo de la humanidad este género nacido en los arrabales portuarios del Río de la Plata, pasó de un cafetín en una esquina de Montevideo a triunfar en todo el mundo sin que nadie pueda explicar muy bien el secreto de su éxito.

Y es que no hay nada en su orígenes que permitiera adivinar el brillante futuro que le esperaba cuando su creador, el entonces estudiante de arquitectura Gerardo Matos Rodríguez, 'Becho' para sus amigos, le silbó a su hermana una melodía a finales de 1916.
Según narró a Efe Rosario Infantozzi, sobrina-nieta de Matos y autora de varios libros sobre el tema, La cumparsita nació cuando el joven estudiante, enfermo, convenció a su hermana mayor, cuyos conocimientos musicales eran mejores, para que transcribiera unos compases que había pensado como himno para la Federación de Estudiantes Universitarios de Uruguay, a la que pertenecía.

No se sabe realmente si esa era la verdadera intención de Matos, un joven hermoso, juerguista y amante de la buena vida, o si ya intuía entre las notas pacientemente recogidas por su hermana que podría ser un tango, para espanto de aquella, que nunca hubiera aceptado ayudar al compositor de saber el tipo de música canalla de la que se trataba.

Cuando al fin lo supo, su enfado fue tal que siempre se negó a interpretar La cumparsita, obra maestra de su hermano y de la que fue cómplice necesaria.

De este origen como himno universitario le quedó tan solo el nombre, una referencia a las comparsas carnavalescas en las que participaban los estudiantes de la época, y la partitura original, que Matos dedicó a sus amigos y compañeros.

Fue un 19 de abril de 1917 cuando esa bullanguera pandilla llevó La cumparsita al café La Giralda, ubicado en el centro de Montevideo y cuyo solar ocupa ahora el Palacio Salvo, uno de los edificios más reconocidos de la ciudad, para que el músico argentino Roberto Firpo la arreglara e interpretara en público por vez primera.

El éxito apoteósico de aquella noche, en la que Matos fue sacado a hombros del cafetín, pronto cayó en el olvido, así como la pieza, que el compositor vendió a una editorial a cambio de 50 pesos que al rato perdió en el hipódromo en las no tan veloces piernas de un caballo, una de las grandes pasiones del precoz tanguero.

Con letra, el éxito fue mayor

En 1924, los propietarios de 'La cumparsita' encargaron a los argentinos Enrique Maroni y Pascual Contursi -que con el paso del tiempo se convertirían en dos de los autores de tango más reconocidos de la historia- que le pusieran letra. Y allí comenzó la leyenda.

Pronto Carlos Gardel incorporó este tango a su repertorio y todas las orquestas de la época comenzaron a tocarlo incesantemente.

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