La tarea sigue pendiente

La revelación hecha ayer por el director de la Dian, en el sentido de que el recaudo de impuestos hasta el pasado 9 de diciembre en Colombia ascendía a 81,2 billones de pesos, confirma que se han superado todos los cálculos respecto al comportamiento de los ingresos estatales. Debido a ello, es muy probable que al finalizar el 2011 el dato muestre que a las arcas públicas llegaron 85 billones de pesos, lo cual equivaldría a un incremento superior al 20 por ciento en comparación con el periodo previo.

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diciembre 13 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-12-13

La buena marcha en ese frente, combinada con los conocidos problemas para ejecutar el presupuesto, debería llevar a que el desequilibrio fiscal -que creaba preocupación entre los analistas- tenga una corrección sustancial. Todo indica que a pesar del fuerte aumento en la inversión pública, del oneroso servicio de la deuda y de los gastos de financiamiento al alza, el déficit se ubicará muy por debajo de los cerca de 23 billones de pesos que se habían proyectado inicialmente. Un resultado de ese tenor puede calificarse como extraordinario. Indudablemente, la causa principal de lo ocurrido tiene que ver con la buena marcha de la economía, que se ha traducido en mejores resultados de las empresas y en una mayor demanda de los hogares. Debido a ello, lo percibido tanto por impuestos a la renta como por IVA ha experimentado un salto notable. No obstante, en dicha evolución hay que tener en cuenta el efecto de la reforma tributaria del 2010 que permitió el cierre de varios boquetes. Entre otros, las deducciones por inversión en compra de activos fijos fueron puestas en cintura, al igual que el gravamen a los movimientos financieros. Aparte de ello, la labor de fiscalización de la Dian ha probado ser particularmente rentable. El desmonte de carteles que se habían asentado al interior de la administración o el nombramiento de personas honestas en las aduanas, también han tenido efectos positivos. Además, la entidad tiene en la mira diversas prácticas que van desde el uso -o el abuso- de mecanismos encaminados a disminuir la base gravable o la simple y llana evasión del impuesto al valor agregado. Ponerle cifras a cuánto se le debe a los esfuerzos en uno y otro campo puede ser difícil, pero lo cierto es que gracias a lo ocurrido el 2012 va a comenzar con las arcas públicas llenas. Ante esa realidad, no van a faltar las voces que mencionen la inconveniencia de tocar la legislación tributaria, pues el Gobierno ha prometido que presentará un proyecto al respecto en la próxima legislatura. Bajo esa perspectiva, no hay urgencia de hacer crecer mucho los recaudos, pues con lo que hay, basta y sobra. Sin embargo, adoptar dicha postura sería un error. La razón es que el sistema impositivo colombiano tiene grandes fallas que ameritan una corrección profunda. Aparte de la dispersión de tarifas que existe y de una normativa confusa que se presta a abusos, se han detectado enormes inequidades. Para comenzar, resulta increíble constatar que la gran mayoría del impuesto de renta es pagado por cerca de 300 empresas. Al mismo tiempo, en un país de 46 millones de habitantes, las personas que son declarantes y contribuyentes de ese tributo, apenas pasan de las 100.000. Ese es tan solo un ejemplo de un esquema que tiene fallas protuberantes y en el cual las cargas están mal distribuidas. Ante tal situación, hay que insistir que mientras las tarifas que pagan las compañías deberían bajar, las que les corresponden a las personas tendrían que subir, al tiempo que se expande considerablemente la base de contribuyentes. Lograr ese objetivo es difícil políticamente, pero tiene todo tipo de justificaciones. Una de ellas es el ejemplo europeo en donde la desigualdad es mucho menor a la que hay en Colombia, gracias al efecto redistributivo de los impuestos. Por eso no hay que engolosinarse con el récord en el recaudo, porque la tarea en este campo todavía no se ha hecho. ADRVEG

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