Técnicos y políticos

A pesar de la hegemonía ideológica que ha conquistado, no cesan aún las voces que antagonizan en torno a la visión que existe en cuanto a la capacidad o incapacidad del neoliberalismo para dar respuesta a los problemas de los países y la economía internacional, cuando ya en nuestro medio se vuelve a animar el ‘cotarro’ con el debate entre técnicos y políticos.

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diciembre 09 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-12-09

En los últimos días he tenido la oportunidad de leer sendos artículos de distinguidos profesionales -Guillermo Perry y Diego Otero- que plantean un supuesto conflicto entre estas dos categorías de ciudadanos. El primero, haciendo referencia al Plan de Desarrollo -que por supuesto aplaude a rabiar-, no se para en mientes para elogiar el advenimiento de la tecnocracia que había perdido su predominio durante la prolongada administración Uribe. Buena noticia para el país, anota, la recuperación del espacio perdido por la tecnocracia. El segundo, a su turno, en un escrito sobre la regla fiscal propuesta por el Gobierno para introducir una buena dosis de disciplina, se lamenta de que los no técnicos hayan sido vencidos en la contienda de la estructuración del instrumento. Dando por sentado que el mecanismo no ofrece ninguna garantía en relación con el adecuado tratamiento de las cuestiones sociales -la sensibilidad social-, todo porque fueron los técnicos los arquitectos de su estructura, le imparte su correspondiente certificado de defunción. Teniendo muy claro que la mención inicial del debate entre neoliberales y socialistas se encuadra dentro del contexto de las concepciones ideológicas que en opinión de los contendientes deben guiar el discurrir de los pueblos; y que la disputa entre técnicos y políticos corresponde a las circunstancias casuales del grado de preparación y el enfoque que cada protagonista tenga sobre la forma de enfrentar los diversos temas, en particular los relacionados con la cuestión social, razón por la cual no pueden ser tratados de manera equivalente, me tomo la libertad de hacerlo sólo por motivos de comodidad dialéctica. Para tener noción de lo que ocurre, cabe recordar que cuando la crítica va directamente a la mandíbula de los tecnócratas, ella se basa en cuatro argumentos centrales: ninguna responsabilidad política, ninguna responsabilidad social, total miopía en materia de concepción ideológica y preeminencia de las ciencias exactas en relación con las humanas. En dos palabras, como no tienen responsabilidad política, no dan cuenta de sus hierros. Por su lado, cuando las baterías se enfilan a los políticos, los argumentos son: desconocimiento del orden deseable de acuerdo con la lógica matemática, pobre formación en cuestiones científicas, elevada irresponsabilidad en relación con las decisiones de tipo económico con el argumento de la protección de lo social y pérdida de los objetivos del crecimiento por no modelar el comportamiento de los agentes. Habiendo pasado la mayor parte de mi vida actuando en los dos escenarios -durante algún tiempo fui político, no de tiempo completo y, por supuesto he sido técnico-, puedo aseverar que no tiene sentido tratar de matricular rígidamente en un campo específico a los congéneres. Esto, porque en la vida profesional, si se quiere tener éxito, hay que estar preparado para desempeñarse en los dos. Tomando en cuenta el hecho de que no conviene a los fines del debate promover enfrentamientos entre los actores de la vida ciudadana, sobre todo si se tiene bien establecido que técnicos y políticos se necesitan mutuamente, más vale que no nos enfrasquemos en litigios inútiles. "No tiene sentido tratar de matricular rígidamente en un campo específico a los congéneres. Esto, porque en la vida profesional, si se quiere tener éxito, hay que estar preparado para desempeñarse en los dos". rosgo12@hotmail.com *Ex ministro de Agricultura ADRVEG

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