Técnicos y políticos

Técnicos y políticos

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marzo 18 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-18

Es muy frecuente oír comentarios que se tejen acerca de la repulsión o el rechazo que supuestamente se da entre técnicos y políticos. Como los técnicos, sostienen algunos, califican a los políticos de ignorantes e incapaces de interpretar la complejidad del mundo intelectual y, a su turno, los políticos califican de engreídos y distantes de las realidades sociales y políticas del país a aquellos; a veces se fomentan enfrentamientos que tienden a caldear los ánimos. Durante los años que estuve en el Congreso, habiendo tenido muchas intervenciones tanto en comisiones como en plenarias, no percibí rechazo o antipatía de los colegas por estar calificado en la categoría de técnico. Sólo algunas expresiones que apuntaban en la dirección de poner en tono de burla alguna intervención o ciertas referencias a la carencia de sensibilidad política con relación a asuntos objeto de debate, que según algunos parlamentarios metidos a economistas era muy diferente a la sugerida, fueron los casos más significativos. Jamás olvidaré el calificativo de “orfebre de la Hacienda Pública” que me endilgo Roberto Gerlein en un debate sobre el proyecto de presupuesto; o el mal humor expresado con cierto tono beligerante por un senador del Tolima, por mi cerrada oposición a un proyecto de creación de una estampilla para financiar el hospital de un municipio de su departamento. Me valgo de estos dos episodios, para hacer alguna reflexión sobre la importancia que para el Congreso tiene la vinculación de los técnicos a las tareas legislativas y la enorme utilidad que para la calidad de las normas que se discuten y tramitan reporta el contacto de éstos con la realidad. Porque, no digamos mentiras; son múltiples los casos en que los técnicos se imaginan mundos ideales a los que les aplican fórmulas preconcebidas, ocasionando con ello desequilibrios y distorsiones difíciles de corregir. Para no ir muy lejos, basta aludir al caso de las normas expedidas al amparo de la Emergencia Social, que por falta de ambientación política puedan fracasar, aunque algunas estén bien concebidas y sean necesarias. O la implantación del impuesto sobre las transacciones financieras, convertido en serio obstáculo para el manejo del ahorro en nuestro medio. Cuando los técnicos resuelven hacer política –desde luego me refiero a buena política– y superan las trabas de la elección, no sólo le prestan un gran servicio a la sociedad, porque gracias a los aportes que hacen con sus conocimientos elevan la categoría de los debates, sino ellos mismos se benefician en la medida en que ven los problemas y sus soluciones desde ópticas distintas y con enfoques mucho más interdisciplinarios. En la medida en que los protagonistas se respeten los espacios y reconozcan las limitaciones o las ventajas de cada uno, las relaciones son cordiales y respetuosas. Y, lo más importante, sin egoísmos de ninguna naturaleza, surgen y se mantienen los liderazgos. Convencido de que su paso por el Congreso será fructífero y constructivo, celebro la decisión tomada por el economista Juan Mario Laserna, quien se apresta a brindar su concurso en las labores legislativas durante los próximos cuatro años como Senador de la República. Habiendo planteado como objetivo de su gestión poner al servicio de la causa su respetable bagaje intelectual y recuperar para los técnicos el sitio que les corresponde en el escenario de la política, es de esperar que los propósitos se le cumplan fielmente, porque tiene todas las condiciones para lograrlo. GABRIEL ROSAS VEGA Ex ministro de Agricultura rosgo12@hotmail.com Cuando los técnicos resuelven hacer políti- ca y superan las tra- bas de la elección, le prestan un gran servi- cio a la sociedad por- que gracias a los apor- tes que hacen con sus conocimientos elevan la categoría de los debates.

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