Un tema tabú

Algún día estarás en el desierto del duelo, ahora lo vives o ya lo has afrontado y te esperan otras pérdidas. Es un proceso lento en el que pasas de la ira al vacío, del vacío al miedo, del miedo a la soledad, de la soledad a la aflicción. Estas y otras emociones como culpa, impotencia y sin sentido de la vida son un taladro interno que no para. La verdad es que tú eliges una manera sana o enfermiza de afrontar un duelo. Paso a paso la luz vuelve a brillar si no te aislas, buscas ayuda, perdonas y te concentras en el ahora. En su tiempo justo las heridas sanan si haces las paces con Dios y buscas otras razones para vivir. Necesitas ver la muerte con otros ojos, no como lo peor, sino como un paso entre vidas. Te conviene reevaluar tu fe, no culpar a Dios, aceptar que acá estamos de paso y soltar apegos.

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abril 27 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-04-27

En un duelo hay que ver vida en la muerte para aligerar el intenso dolor. Es bueno creer que somos espíritus aprendiendo algo en un cuerpo. Existíamos antes de entrar en ese cuerpo y morir no es más que volver al espacio del cual vinimos. Dios no nos quita a nadie. Antes de venir trazamos un Plan y elegimos cuándo y cómo partir. Muertes trágicas como la de Jesús no son casuales y llegan para tocar a otros y cambiar vidas. Toda pérdida nos enseña con dolor que somos migratorios y que lo sano es amar sin ataduras. El ser humano se protege ante una pena devastadora con mecanismos de defensa para poder asimilar paso a paso el golpe y el dolor. Puede hablarse de siete pasos. No tienen que darse todos ni en este orden: 1. Shock o conmoción. Al saber la infausta noticia se entra en un estado anímico de aturdimiento, descontrol emocional y desubique total. 2. Negación e ira. Se refleja en frases como: no puede ser, no es verdad, esto es sólo una pesadilla y la realidad es otra. 3. Proyección y rabia. Se pretende pasar esa pena a otros: ¿Por qué matan o muere mi familiar que es bueno y no tal o cual que es malo? Hay mucha ira con los posibles culpables, con otra gente y con Dios. También se envidia a los que están bien. 4. Aflicción. El alma se sumerge en un túnel oscuro de dolor total y tristeza infinita. Cree que no podrá con una pena tan desoladora. 5. Depresión. A esta fase delicada llega quien se aísla, no perdona ni acepta ayudas. 6. Aceptación gradual. Con buenos apoyos, fe firme y el tiempo las heridas cicatrizan, el dolor atenúa, se asume la realidad y brillan lucecitas de esperanza. 7. Renovación: Después de un proceso arduo muchos reconocen que la dolorosa partida los llevó a una vida nueva y que la muerte fue una maestra de vida. La mejor preparación para la muerte y el duelo es una buena vida, llena de amor y en sintonía con Dios. “Deja que Dios nazca en tu corazón y llena de amor tu vida y las de los demás”. G.G.G. Escritor - Conferencista "La mejor preparación para la muerte y el duelo es una buena vida, llena de amor y en sintonía con Dios”.

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