Temas recurrentes e inquietantes

Lo ocurrido en los tres primeros meses del año fue flor de un día y nuevamente los exportadores están poniendo el grito en el cielo y reclamando medidas de emergencia contra la revaluación.

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julio 27 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-27

A pesar de que aún no está del todo claro el panorama económico internacional y de que tampoco se han disipado los nubarrones sobre la economía colombiana, algunos temas candentes vuelven a ser objeto de intenso debate.

El primero de esos temas tiene que ver con la enésima propuesta de reforma tributaria que, como ha sucedido en otras oportunidades en este y en otros gobiernos, va a convertirse en una nueva frustración con respecto al ideal -tantas veces propuesto- de diseñar y ejecutar una reforma estructural que verdaderamente corrija las numerosas distorsiones y vacíos existentes en la legislación vigente.

Esto de la reforma tributaria de carácter estructural es un propósito y anhelo tan antiguo como el túnel de La Línea y muchas generaciones de colombianos hemos vivido ilusionados y esperanzados con su anunciada realización. En el caso del túnel de La Línea ya por lo menos es una realidad el proyecto piloto; en el campo tributario se observa una inmensa colcha de retazos, muy variopinta, pero por ello mismo inconexa y discordante.

Lo que uno alcanza a vislumbrar en el proyecto de ley presentado al Congreso para su discusión y eventual aprobación, es que el trasfondo es político y no económico. Si de garantizar los recursos necesarios para mantener la política de Seguridad Democrática se tratase, habría por lo menos tres alternativas diferentes y menos traumáticas. Ellas serían un reacomodo en los gastos, un mayor nivel de endeudamiento interno o externo (que de todas formas se va a dar) o acogerse al cupo ya autorizado de vender otro 10 por ciento de la participación estatal en Ecopetrol.

Al amarrar el nuevo impuesto -teóricamente de carácter transitorio- lo que pretende el Gobierno es que la filosofía de la Seguridad Democrática quede consagrada en una ley de la república, así sea con el disfraz de un recurso tributario. A muchos no nos queda claro que una política de Estado, que supuestamente ya está consolidada, vaya a depender de la eventualidad de allegar unos pesos más.

El otro tema que está nuevamente sobre el tapete es el de la revaluación del peso. Lo ocurrido en los tres primeros meses del año fue flor de un día y nuevamente los exportadores están poniendo el grito en el cielo y reclamando medidas de emergencia. Uno no puede aceptar que unos avezados empresarios, como se supone son los exportadores colombianos, deseen que el país entre en crisis, que su economía se desestabilice, que el Gobierno enfrente problemas de orden público o de pagos de deuda externa y otras pildoritas de la misma especie, para que el pánico general dispare el tipo de cambio y así ver incrementados sus ingresos.

Ahora, si el problema es que con los niveles actuales y futuros de tasa de cambio exportar no es rentable, pues son más los costos que los ingresos, una de dos: o aplicamos reingeniería de fondo para ser competitivos, o volvemos a explorar el otro tema recurrente en función de la coyuntura cambiante y que consiste en la eliminación de la tasa de cambio, vía dolarización. Tema escabroso y escandaloso como el de la venta total de Ecopetrol, el de la revisión del salario mínimo o el de la eliminación de los parafiscales.

Temas que por otra parte, algún día la opinión pública y los dirigentes van a tener que encarar de manera desapasionada y responsable.

gpalau@urosario.edu.co

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