Tender puentes

Cargado de simbología fue el encuentro de este martes, en el marco de la 63ª Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York, entre el presidente Álvaro Uribe y su colega boliviano Evo Morales. La razón es que no habían sido buenas las relaciones de los dos mandatarios en los años recientes. En el pasado, el líder de la nación andina había criticado con dureza a Colombia por la negociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, así como por la operación que dio de baja al número dos de las Farc, ‘Raúl Reyes’, en territorio ecuatoriano. Esas declaraciones no cayeron bien, con lo cual se llenaron de carga negativa las relaciones entre Bogotá y La Paz por mucho tiempo.

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septiembre 25 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-25

Las cosas parecen ahora haber cambiado. Para empezar porque la participación, por demás activa, de Uribe en la cumbre convocada la semana pasada en Santiago de Chile por la presidenta Michelle Bachelet, con el fin de brindarle apoyo regional a Morales, en momentos en que varias provincias autonomistas se alzaron contra su Gobierno, sirvió para desprevenir al dignatario boliviano, así como a sus compañeros de la línea dura compuesta por mandatarios de izquierda. A ese gesto, el jefe de Estado boliviano respondió con una declaración al término del encuentro de Nueva York, en la que les dijo a los comandantes de las Farc que “ya no estamos en tiempos de hacer levantamientos armados. Las liberaciones se hacen con el voto del pueblo”. A renglón seguido, les sugirió que abandonen las armas y se conviertan en un partido político. Al tiempo con este encuentro que sin duda mejora las relaciones entre las dos naciones, se cumplen ya varios meses sin roces con el presidente Hugo Chávez. Parece que hubiesen quedado atrás los difíciles días del segundo trimestre y que las relaciones entre Caracas y Bogotá se encaminan ahora por la senda del impulso al comercio binacional y la cooperación en campos como el energético. A la vez, y sin que los lazos rotos se hayan reparado aún, hay un cierto ambiente de distensión entre Quito y Bogotá, pues ni el presidente Rafael Correa ni sus ministros han vuelto a criticar al Gobierno colombiano, ni de este lado de la frontera ha habido declaraciones que molesten a los vecinos del sur. Quedan los encontrones con el presidente nicaragüense Daniel Ortega, que también han bajado de temperatura, aunque justo es decir que se trata de un gobernante con poca influencia regional. Todo esto ocurre mientras Uribe continúa con su ofensiva para que el Congreso de Estados Unidos apruebe el TLC, y al tiempo que las Fuerzas Armadas siguen adelante con sus golpes a las Farc, como el que le propinaron a alias ‘el Paisa’, asesino entre otros del ex ministro Gilberto Echeverri y del entonces gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria. Así las cosas, pareciera que la Casa de Nariño ha conseguido algo que parecía imposible: un interesante equilibrio entre su condición de gran aliado de Washington al sur del Río Grande, y país latinoamericano de pleno derecho, en una región donde media docena de mandatarios hablan de Estados Unidos como el imperio del mal. No hay duda de que la aparición en escena del canciller Jaime Bermúdez, que tomó posesión de su cargo hace dos meses, ha resultado clave para este logro. Desde que llegó al Palacio de San Carlos, el nuevo Ministro ha impulsado este clima de distensión que se evidencia con encuentros como el que tuvieron Morales y Uribe en Nueva York. Es deseable, por lo tanto, que estos nuevos y favorables vientos sigan soplando en los meses por venir, e incluso que las situaciones que aún están perturbadas -como la que se vive con el Gobierno de Ecuador- terminen de normalizarse con el regreso de los embajadores. Para lograrlo, la mejor estrategia es seguir por el camino de la prudencia y de la discreción. Alguien cínico incluso afirmaría que hay que prenderle una vela a Dios y otra al diablo, pero sin entrar en honduras religiosas es claro que lo que le conviene a Colombia es tender puentes, tanto en el norte, como en el sur. '' El Gobierno colombiano ha logrado un éxito notable en su política internacional: mantener las buenas relaciones con Estados Unidos y estrechar los lazos con América Latina.WILABR

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