La tercera resignación

“Pero estará ya tan resignado a morir, que acaso muera de resignación”. Hemos recordado esta frase, con la que termina el primero de los cuentos publicados por García Márquez en 1947, al escuchar la intervención del Ministro de Hacienda en el foro organizado la semana pasada por este diario y la revista Cambio. Allí el funcionario se declaró resignado con el dólar barato, descartó los controles de capitales anunciados días antes por el presidente Uribe y recomendó a los empresarios aprender a convivir con la revaluación.

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abril 27 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-04-27

Como en el cuento del Nobel en el que resignarse a morir conduce a la muerte, en materia de políticas cambiarias para combatir la revaluación, el solo hecho de resignarse a no aplicarlas induce a la revaluación. Es el fenómeno que se conoce como profecías autorrealizadas. De hecho, el día de las declaraciones del Ministro el precio del dólar se desplomó 20 pesos, después de haber subido un poco los días inmediatamente anteriores, y ya se acerca a la barrera de los 2.100 pesos que es el mismo precio que tenía hace 7 años. Y como muchas veces la realidad es la que imita la ficción, en este caso también vamos para la tercera resignación. Primero se resignó el Banco de la República cuando su Gerente declaró que al Banco no lo había derrotado la revaluación, porque su objetivo no era la tasa de cambio sino la inflación. Reconocemos, por supuesto, que el Banco ha efectuado una muy importante intervención en el mercado comprando más de 3.500 millones de dólares, sin la cual la descolgada de la tasa de cambio hubiera sido aún peor. Pero reiteramos nuestra preocupación por la política de elevar las tasas de interés como instrumento de contracción monetaria, pues el aumento de la rentabilidad de los títulos en pesos atrae más flujos de capitales especulativos, agravando el problema de la sobre oferta de dólares. También se resignó el Gobierno cuando, en una incomprensible muestra de falta de coordinación, el presidente Uribe anunció la inminente adopción de medidas para controlar estos flujos de capitales, solo para ser desmentido unos días después por su propio Ministro. Este tipo de contradicciones entre las autoridades son muy dañinas para el funcionamiento del mercado porque minan su credibilidad y le restan efectividad a las políticas cuando estas llegan a aplicarse. De la tercera resignación en materia cambiaria se habla menos en público pero es tal vez la más preocupante. El Gobierno se ha resignado a que un gran volumen de dólares de origen ilícito ingresen al país y circulen en la economía, aumentando la presión al descenso del precio del dólar. De nuevo resignación no significa en este caso inactividad total, y reconocemos los esfuerzos oficiales para disminuir el narcotráfico y controlar el lavado de dinero, pero pensamos que los resultados prácticos no se compadecen con los esfuerzos, por lo menos en lo que se refiere a la oferta de cocaína que parece haber aumentado como lo indica la caída de su precio en las calles de Estados Unidos. En donde se nota la resignación es en la pasividad para controlar el enorme flujo de dólares en efectivo que están entrando y saliendo del país con registro oficial ante la Dian. En el 2005 se había dicho inicialmente que eran 3.000 millones de dólares, pero la Dian rectificó esta cifra y confirmó que ‘solo’ habían sido 2.500 millones; no conocemos la cifra oficial para el año pasado, pero se habla de un incremento cercano al 10 por ciento, lo cual implica que entraron al país más de 2.700 millones de dólares en billetes (que no tienen nada que ver con las remesas que envían los colombianos desde el exterior). Esta cuantía de billetes, que no puede tener sino origen ilícito, es uno de los elementos que presionan la revaluación pues al permitir su salida legal del país y ser aceptados en consignación por bancos internacionales ingresan al mercado oficial y aumentan la oferta de dólares. Y el Gobierno no toma medidas efectivas para detener este flujo. Son tantos y tan conocidos los perjuicios de la revaluación para los productores nacionales que el Gobierno debería dejar de lado su resignación. "El Gobierno se ha resignado a que un gran volumen de dólares de origen ilícito ingresen al país”.

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