‘Más territorio que Estado’

Esta parece ser la conclusión que muchos analistas, en diferentes frentes de la realidad nacional, argumentan como causa y origen de la intrincada problemática que vive nuestro país. El anterior Jefe de Planeación Nacional señalaba en buena parte de sus presentaciones e informes que la vasta y agreste geografía, con que la madre naturaleza dotó a Colombia, hace casi imposible poder llevar a todos los rincones de la patria, así fuese en niveles mínimos, los servicios y bienes públicos que la teoría moderna determina como prioritarios dentro de las responsabilidades del Estado.

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agosto 07 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-07

En esta misma línea de pensamiento se encuentra una investigación realizada por el Observatorio de Drogas y Delito, adscrito a la Universidad del Rosario y dirigido por el profesor Francisco Thoumi con el concurso de los investigadores Alejandro Reyes y Liliana Duica. La primera conclusión que se destaca de este informe es que la producción de cocaína y otras yerbas similares, lejos de haberse disminuido en función de los planes de fumigación, se ha incrementado gracias a que su cultivo se ha desplazado masivamente a las regiones fronterizas del país, donde la presencia del Estado y de las fuerzas del orden o es precaria o incluso llega a ser mal recibida por parte de la población al percibirla como elemento destructivo del orden económico por ellos establecido. En opinión de los autores citados, los campesinos rasos, cuyos cultivos ilícitos han sido destruidos por las fuerzas del bien, se han refugiado en las regiones más apartadas de la geografía nacional para reiniciar sus actividades en lo único que han sabido producir o por lo menos en lo único que es rentable producir y comercializar en esas latitudes. Por el otro lado, la guerrilla, a la cual no le cuesta ningún trabajo beneficiarse de actividades ilícitas a pesar de sus supuestos ideales de transformación de la sociedad, también se ha pertrechado en esos mismos rincones de la patria, convirtiéndose en la fuente de sustento de la masa campesina desplazada y refugiada. Hasta hace un tiempo se suponía que la guerrilla se limitaba a cobrar peajes y tributos a los cultivadores de coca. Hoy en día la guerrilla, para efectos de la producción y comercialización de alucinógenos, maneja un monopolio bilateral. Actúa como monopsonista, al ser el único comprador de lo que las unidades campesinas producen y por el otro lado, se convierte en el monopolista que tiene el control y dominio de su distribución. Esto porque la dimensión del territorio trasciende y supera con creces la acción del Estado, no sólo para combatir la ilegalidad sino especialmente para crear las condiciones necesarias -léase bienes públicos, infraestructura e instituciones- que hiciesen rentable las actividades económicas de origen lícito. ¿Qué hacer frente a este sombrío y desolador panorama? La más facilista de las respuestas sería reconocer la impotencia del Estado y oficialmente abandonar a su suerte esa parte del territorio con efectos devastadores para la soberanía nacional. Mantener la actual política de erradicación y fumigación en las zonas no limítrofes, parece ser un elemento que en vez de aliviar el problema, termina por amplificarlo e incrementarlo en el contexto general. Sobre la posibilidad de legalizar tanto la producción como el consumo con el fin de disminuir los márgenes ilícitos de ganancia, el profesor Thoumi es escéptico pues considera que vivimos en un mundo -liderado por los E.U.- abiertamente prohibicionista, al cual no lo conmueve para nada la tragedia colombiana. Para el investigador Alejandro Reyes queda un camino que no se ha explorado ni explotado debidamente y que consiste en revertir el fenómeno del desplazamiento de las familias campesinas. Volver a atraer de manera eficaz y eficiente esta población no a las grandes ciudades sino a la frontera agrícola, entregándoles de manera generosa el uso y usufructo de vastas extensiones de tierra, hoy por hoy controladas por agentes paramilitares o ina-propiadamente explotadas por grandes terratenientes. En su opinión habría que llevar hasta sus últimas consecuencias la ley de extinción de dominio y una verdadera reforma agraria. Gonzalo Palau Rivas Profesor de Economía U. del Rosario "La dimensión del territorio trasciende y supera con creces la acción del Estado".

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