Tinta electrónica en edición de aniversario de la revista 'Esquire' se quedó corta y no fue tan sorprendente | Finanzas | Economía | Portafolio

Tinta electrónica en edición de aniversario de la revista 'Esquire' se quedó corta y no fue tan sorprendente

Ya hace una semana que, para celebrar sus 75 años, la neoyorquina se convirtió en la primera publicación de la historia en utilizar este recurso en su portada.

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septiembre 16 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-16

Se trata de una edición limitada de 100.000 ejemplares muy particular, pues con ayuda de la tecnología, su primera página incluye una pantalla electrónica flexible en la que el titular 'El siglo XXI comienza ahora' cambia de aspecto con fragmentos e imágenes que se iluminan y apagan.

"La primera portada del mundo con tinta electrónica", anunció en su día con bombos y platillos la revista, que en el interior también incluye un anuncio publicitario de Ford con otra pantalla digital en la que cambian los colores.

"En los últimos años he buscado vías para demostrar que los medios impresos son un producto vital, porque son los más emocionantes y gratificantes", dijo el editor en jefe de la revista, David Granger, al anunciar un lanzamiento que desató la imaginación de muchos, e hizo pensar que la era de las revistas con titulares cambiantes estaba a la vuelta de la esquina.

Para conseguir el efecto deseado, la compañía E Ink, con sede en Massachusetts, usa microcápsulas de tinta que son controladas digitalmente por un pequeño sistema que requiere el uso de pilas.

Se quedo corta

La tinta electrónica que la revista Esquire ha hecho llegar a los quioscos pretende ser una vuelta más de tuerca en las complejas relaciones entre los medios impresos y las nuevas tecnologías, aunque, de momento, ha causado más decepción que sorpresa entre los lectores más entusiastas.

El hecho de que el sistema informático no pueda conectarse con otro exterior impide que el titular sea modificado.

Si se incluyera algún dispositivo capaz de conectarse a una red inalámbrica, la portada de la revista podría actualizarse al pasar por algún hotspot (punto de conexión inalámbrica a Internet), por ejemplo, lo que sí resultaría un paso alternativo más interesante hacia la integración de los medios tradicionales y las nuevas plataformas informativas.

La pantalla tampoco puede controlarse píxel a píxel, sino que está dividida en unos pocos segmentos que cambian de color, lo que ha decepcionado a coleccionistas y curiosos que durante esta semana han conseguido algún ejemplar.

Además, por Internet circulan videos en que lectores e interesados desmontan la pantalla, muestran las seis pilas de botón que necesita para funcionar y expresan la decepción de un público quizá demasiado acostumbrado a avances tecnológicos tan deslumbrantes que esto se les queda muy corto.

En cualquier caso, nunca antes se ha visto algo así en los quioscos y, por lo tanto, supone un pequeño paso más en la larga historia de los medios de comunicación, al tiempo que abre, aún muy tímidamente, la puerta a una nueva forma de publicidad para un medio que lucha día a día por atraer la atención de esa monstruosa industria.

Diarios y revistas han tenido que competir primero con la radio y la televisión y luego con los miles de medios electrónicos para repartirse el pastel de la publicidad.

Por lo pronto, y pese a la decepción causada, Esquire está vendiendo su tirada especial de octubre a 5,99 dólares, dos más de lo habitual, ha conseguido que se hable de su 75 aniversario en todo el mundo y, seguramente, ha logrado garantizarse una pequeña mención en algún futuro manual (quién sabe si electrónico o impreso) sobre la historia de los medios de comunicación. 

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