Los TLC amenazan con dividir al partido de Barack Obama, algunos consideran su cambio de postura como traición

Los tratados con México y Canadá, Panamá y Colombia amenazan con fraccionar la unidad de su partido, que controla ambas cámaras en el legislativo, y de volverse un tema espinoso con centrales obreras.

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mayo 12 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-12

Durante su campaña, Obama había prometido renegociar el TLC con México y Canadá y modificar los pendientes con Panamá, Colombia y Corea del Sur.

Y si bien nadie esperaba que sostuviera al pie de la letra su promesa, si llamó la atención el giro de 180 grados que dio en menos de una semana, cuando anunció que no pretendía renegociar el Tlcan y que quería encontrar "un camino" para aprobar los TLC, sobre todo porque lo hizo en medio de la llamada "crisis económica", cuando el desempleo viene en aumento (en abril se ubicó en 8,9 %) y se ve al comercio como parcialmente responsable.

Los expertos dicen que Obama, aunque entiende el escenario, está jugando a dos bandas y lo hace gracias a las recomendaciones de su principal gurú económico, Larry Summers, estratega en jefe dentro de la Casa Blanca.

Summers, un pragmático en términos económicos, no solo es un convencido de las bondades del libre comercio, sino que cree que E.U. no puede enviar un mensaje proteccionista en estos momentos.

Y allí es donde surgen Panamá y Colombia, tratados más bien pequeños en términos del tamaño de la economía estadounidense, que tendrían poco impacto en el mercado laboral, pues sus productos ya entran libres de aranceles gracias a las preferencias del Atpdea y de otros acuerdos.

Un importante sector del Partido Demócrata en el Congreso apoya a Obama y, a ellos se sumaría, el grueso del Partido Republicano. Pero hay otro sector que está en pie de guerra y ha catalogando la movida de Obama como de "alta traición".

Dice Louise Slaughter, presidenta del Comité de Reglas en la Cámara: "Obama quiere hacer muchas cosas con nosotros, pero comenzar con esto (el TLC) que nos friega a la mitad de los que estamos acá".

Igual piensa Mike Michaud, que preside un grupo de 57 legisladores que se oponen al comercio. "No me parece inteligente que les pidan a miembros vulnerables de esta colectividad aprobar un tratado que negoció Bush", afirma.

Con "vulnerable" se refiera a que su grupo se hizo elegir, precisamente, con una plataforma "anticomercial" y votar a favor de un TLC los expondría para su reelección en el 2010. Votar en contra sería pelearse con Obama y la jefatura del partido.

A la larga será Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara, quien tenga la última palabra, pues es ella la que debe sopesar las ventajas y desventajas políticas de mover o frenar un TLC.

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