Tragedias y rompecabezas

En época de bicentenarios, historiadores y expertos, se concentran en analizar las causas estructurales de la independencia, pero pocos recuerdan el ejemplo que Haití le dio a América Latina y el Caribe al convertirse en 1804 en el primer país de la región que acarició la independencia.

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enero 21 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-21

La valentía de Toussaint Louverture para enfrentar la opresión francesa y las victorias sobre las tropas de Rochambeau en 1803, le dieron vida a una tierra libre que Estados Unidos no quiso reconocer en su momento, por el temor a que este precedente alimentara el ímpetu revolucionario de los esclavos. Curiosamente, fue esta nación gobernada por Alexandre Pétion entre 1806 y 1818, la que apoyó a Simón Bolívar para regresar a Colombia y Venezuela, e iniciar la última etapa de la revolución. Como contraprestación a su respaldo, Bolívar asumió el compromiso de abolir la esclavitud. Lo triste de esta historia es que esa isla, conocida en 1750 como la ‘joya de las antillas’, por su contribución a la economía francesa, es hoy en día el símbolo más crudo de la pobreza, la inequidad y desolación en el continente. Con cerca de nueve millones de habitantes, el PIB per cápita más bajo de la región, el analfabetismo más alto del hemisferio y 50 por ciento de la población viviendo con un dólar al día, Haití es prácticamente la descripción de un terremoto social. Buscar una salida a esta encrucijada se asemeja a resolver un rompecabezas de miles de piezas diminutas. La economía haitiana se resume en un PIB cercano a los 7.000 millones de dólares, un déficit de cuenta corriente superior al 10 por ciento del PIB, unas finanzas públicas precarias con unas de las tasas de recaudo tributaria –con relación a los ingresos gubernamentales– más baja del mundo, un déficit comercial superior a los 1.000 millones de dólares, una excesiva dependencia en las remesas, y una estructura de comercio exterior donde el 69 por ciento de las exportaciones se dirigen a Estados Unidos. Para colmo de males, dos terceras partes de la actividad económica se originan en Puerto Príncipe, hoy destruida por la inclemencia impredecible de la naturaleza. ¿A qué se debe esta trágica historia? Tal vez a una combinación de mala educación, dictaduras, corrupción, pésima infraestructura social, instituciones débiles, destrucción de los recursos naturales, desempleo, indiferencia de la élite ilustrada, carencia de una política industrial y un Estado prisionero de una democracia inmadura. El terremoto ocurrido la semana pasada, evaporó lo que quedaba de esta precaria arquitectura social, que lamentablemente sin la magnitud de la tragedia, hubiera dejado al mundo en la permanente indiferencia frente al destino de la isla. El reto para la comunidad internacional no se trata de reconstruir, sino de construir un país con instituciones sólidas, democracia estable, infraestructura social, aparato económico, equidad y generación de empleo. Alcanzar esta meta requiere el liderazgo de instituciones multilaterales de desarrollo para coordinar los esfuerzos de donantes públicos y privados con las autoridades locales, guiados por una agenda ordenada de mediano y largo plazo. Dejar demasiados cocineros con recetas propias a su libre albedrío puede nuevamente exponer al país a una tragedia social. Esto sería lo peor que podría ocurrir en un país que inspiró con su libertad a toda una región. ivanduquemarquez@gmail.com *Consejero Principal por Colombia y Perú ante el BID " El reto para la comunidad internacional no es reconstruir, sino de construir un país con instituciones sólidas, democracia estable, infraestructura social, aparato económico, equidad y generación de empleo".ADRVEG

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