Así se transforman en la Oficina de Cambios de Banrepública $1.200 millones de 'menuda' a 'gruesa' y viceversa

Los billetes nuevos, con olor a tinta y recién salidos de la imprenta, los viejos y sucios, lo mismo que las monedas de las alcancías, pasan por ese lugar.

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mayo 02 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-02

Casi ningún taxista tiene el cambio para un billete de 50.000 pesos, pues la disculpa es la de siempre: "es que apenas comienzo". Así, el preciado billete con la imagen del escritor Jorge Isaacs termina siendo un 'encarte' para todos; las tiendas tampoco tienen vueltas y, mucho menos los buses.

Con las monedas sucede lo mismo: los bancos fijan horarios para recibirlas y es dispendioso cargarlas de lado a lado a ver quién las cambia por billetes.

Así, el mercado del dinero de bolsillo (y el de las alcancías también), tiene un doliente que pocos conocen en la oficina de cambios del Banco de la República, que hasta hace pocos días funcionó en la esquina de la Avenida Jiménez con carrera séptima, de Bogotá.

Ahora, en la nueva sede de la calle 13 con carrera 35, seguirán moviéndose no menos de 1.200 millones de pesos diarios, entre los odiados billetes deteriorados, los recién salidos de la imprenta del banco y las monedas que con esfuerzo muchos ahorraron en los clásicos marranitos de barro.

Todo este dinero procede de diversos negocios como las máquinas tragamonedas, las tiendas de barrio, entre muchos otros, e incluso, de 'traders del sencillo', es decir, quienes por profesión ofrecen el cambio a los conductores del transporte público en las calles de la ciudad.

Pese a tratarse de un edificio público donde tal cantidad de efectivo es el pan de cada día, las directivas del banco central, reiteraron el altísimo nivel de seguridad que se brinda a los usuarios, con cámaras de seguridad y personal en un radio de no menos de 80 metros la redonda del sitio.

Pese a ser el 80 por ciento del movimiento diario del banco en esta sede, también se hacen otro tipo de operaciones como las consignaciones a la Tesorería de la Nación y la venta de oro al detal, para comerciantes y joyeros.

Además, pueden conseguirse algunas existencias de monedas conmemorativas, como la última de 5.000 pesos que se acuñó para celebrar los 50 años de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Néstor Plazas, subgerente industrial y de tesorería, informó que el banco estudia la posibilidad de ofrecer a los colombianos, por ejemplo, una pequeña colección numismática, con las monedas y billetes de curso legal, pues la historia reciente del país también puede contarse con sus monedas y billetes.

Para las más antiguas existe la Casa de Moneda.

El funcionario destacó que, desde allí, también se ponen en circulación una parte de los nuevos billetes que salen de la imprenta y tiene como destino el bolsillo de los colombianos.

Estos, bien sea reemplazan los deteriorados o hacen parte de las emisiones que de forma permanente ordena poner en circulación la política monetaria del Emisor, de acuerdo con el crecimiento o la contracción de la economía.

Esta, precisamente, es la que respalda las emisiones pues desde hace varios años el patrón oro dejó de serlo; por eso los billetes ya no llevan la frase 'pesos oro'.

Sin embargo, pese a ser la ventanilla donde se cambia 'menuda' por 'gruesa' y viceversa, este movimiento tiene sus curiosidades: personajes que viven de esto, como los 'traders' anotados atrás, los niños que con ansia llevan el 'engorde' de sus marranitos o aquel que siempre cambia los billetes más viejos y sucios en circulación.

Estos últimos, por ejemplo, luego de ser verificados en su autenticidad por una máquina quedan convertidos en confeti, no para animar fiestas infantiles, sino con destino a la basura o un horno incinerador.

Pese a ser dinero, también hay denominaciones de mayor curso que otras. Tal es el caso de los billetes de 50.000 (366,4 millones de billetes) y de 20.000 pesos (420,3 millones de billetes), que alimentan los cajeros automáticos de las entidades financieras. Caso contrario son los billetes de 5.000 pesos (103,2 millones de billetes), que son poco apreciados por los colombianos.

Así, 5.000 pesos es mejor tenerlos representados en los nuevos 'chiquitos' de 2.000 y 1.000 pesos, que circulan desde hace algo más de dos años y que fueron impresos en este tamaño, solo por la necesidad de ahorrar el papel moneda, pues, aunque usted no lo crea, imprimir un billete de esa baja denominación vale mucho más de lo que representa para la economía del país.

JUAN CARLOS DOMÍNGUEZ
REDACCIÓN DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS

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