Trece claves para convertir la rutina en experiencia

La experiencia es la que hace la diferencia entre el maestro y el aprendiz. Sin pretender ser exhaustivo, pongo a consideración 13 propuestas que pueden ser útiles para transformar la rutina en experiencia.

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abril 13 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-13

1. Distinga la rutina de la experiencia. Es fácil confundir la una con la otra; en las hojas de vida en que se habla de “20 años de experiencia en el cargo” no queda claro si se trata de 20 años repitiendo los mismos errores o si han sido 20 años de enriquecimiento y aprendizaje. Hacer durante años lo mismo no garantiza que se tenga experiencia; puede ser incluso lo contrario, si la apatía y las malas costumbres se han asentado en un antiguo aprendiz. Ser consciente de esta diferencia y estar alerta es el primer paso en el proceso de mejoramiento. 2. No tema equivocarse. El temor a la equivocación es uno de los principales obstáculos para el aprendizaje; quienes innovan y arriesgan son los que más pueden aprender, sea porque aciertan, sea porque yerran. Y esta innovación no tiene que ser en ‘cosas grandes’: si todos los días mejoráramos un poco en un asunto menor, en poco tiempo el cambio sería notorio. 3. Aprenda del error. El error es el profesor de la experiencia; lo grave no es tanto equivocarse, como no aprender de él. La experiencia es, en muy buena parte, acumulación de desaciertos reconocidos, corregidos y no olvidados. Un maestro sabe cuáles caminos conducen a callejones sin salida y, usualmente, lo sabe porque él ya los ha transitado. El mayor desatino es tratar de ocultar el error, en especial, a uno mismo. 4. Cambie las condiciones en las que actúa. Hágalo, incluso, hasta llegar a dificultarse la tarea. Póngase retos, cambie de ambiente, expóngase a otras culturas y a nuevos modos de hacer las cosas. Lo que nos resulta cómodo, a veces nos impide avanzar. 5. Simule. Cuando los errores son muy costosos, simular puede ser una buena opción. Hay varias formas de hacer una simulación: desde la simple actuación ante los colegas, hasta el uso de complejas herramientas tecnológicas. Si, por ejemplo, usted negocia, podría hacer una negociación ficticia con un colega que haga de contraparte y otro que haga de observador. 6. No cambie lo que sirve. En estas épocas en que se predican las virtudes del cambio, se corre el riesgo de variar lo que sirve por lo que no, de desechar sin razón lo que funciona por el solo hecho de no ser nuevo. Una persona experimentada reconoce lo que funciona y lo conserva como una joya; esto no quiere decir que sea terco o que no esté dispuesto al cambio, sólo que exige una buena razón para hacerlo. 7. Escriba después de terminar. Muy rápidamente se van olvidando los aprendizajes de una actuación. Mi consejo es que escriba lo que pasó tan pronto como lo pueda hacer; describa, por ejemplo, en qué se equivocó, en qué acertó, qué fue lo que salió mal y qué bien, qué se puede mejorar para la próxima vez, qué se debe evitar, qué se debe investigar, qué ideas interesantes vienen en ese momento a la mente. Tiempo después, cuando deba repetir la tarea, allí estarán sus apuntes esperándolo. 8. Mida. Es muy difícil mejorar lo que no se mide. Hay formas obvias de medir y hay otras que no lo son tanto. ¿Qué tan satisfecho quedó su cliente? ¿Cuántos recursos consumió? ¿Cómo califican sus compañeros su labor? Estas mediciones, cuantitativas o cualitativas, le permitirán supervisar su crecimiento y le ayudarán a ponerse metas. Eso sí, mida si las cumple. 9. Dé y pida márgenes, no pronósticos puntuales. Es difícil aprender, si al hacer un pronóstico, cualquiera que sea, pensamos en términos de una cifra puntual única. Por ejemplo, “ventas proyectadas para el próximo año”; como es prácticamente imposible que acertemos al número preciso, siempre queda la posibilidad de disculpar nuestro error diciendo que es un “casi acierto” y, naturalmente, así no se puede aprender. Por el contrario, si se pone un margen superior y otro inferior para el valor real futuro, ahí sí se debe o se tiene que acertar; si no es así, deberá buscarse dónde estuvo el error. Conforme pasa el tiempo, la experiencia nos permitirá ajustar cada vez más ese margen. Lo mismo vale para nuestros subalternos. 10. Solicite consejo. No es fácil aprender de la experiencia de los demás, pero podemos hacer un esfuerzo consciente para lograrlo. Rodearnos de las personas adecuadas y pedirles consejo puede ahorrarnos mucho tiempo. No se trata de aceptar todo lo que se oiga, pero sí de escuchar con mente abierta. A veces ver a otro hacer lo que nosotros hacemos es una forma de de ‘oír’ un buen consejo, aprendiendo con agradecimiento de los aciertos y evitando con humildad los errores que le vemos cometer. 11. Obsérvese. Es difícil juzgar nuestro trabajo en el momento en que lo estamos haciendo, por lo que, si es posible, trate de observarse después de hacerlo. Por ejemplo, si su tarea se puede grabar en video, grábese y luego véase; si escribe, guarde sus escritos unos días y vuelva a leerlos; si elabora informes, analícelos meses después. Su ‘nuevo yo’ sabrá decirle cosas importantes al oído. 12. Estudie. No siempre la experiencia viene del trabajo práctico directo; estudiar, repasar la teoría, leer, puede mostrarnos nuevas formas más eficaces de hacer nuestra labor. A las personas demasiado ocupadas ‘haciendo’, a quienes no les sobra ni un minuto para estudiar, les aportaría mucho una pausa. 13. Retroalimente a sus subalternos. No sólo usted debe aprender, también debe hacerlo la organización. Con cuidado, discreta y respetuosamente, retroalimente a sus subalternos, y no sólo en lo malo sino también en lo bueno. Hágales saber qué están haciendo bien, qué no y por qué. Permita el error, pero no lo deje pasar por miedo a afrontar una situación incómoda. Reconozca el acierto y no lo deje de hacer por mezquindad. Sea generoso con su conocimiento y experiencia. Posiblemente no hay mejor manera de aprender, que enseñar con la intención de ayudar. CIRO GÓMEZ ARDILA, DIRECTOR DEL MBA DE INALDE Una persona experimentada reconoce lo que funciona y lo conserva; esto no es que sea terco o que no esté dispuesto al cambio, sólo que exige una buena razón para hacerlo”. Muy rápidamente se van olvidando los aprendizajes de una actuación. Mi consejo es que escriba lo que pasó tan pronto como lo pueda hacer; describa, por ejemplo, en qué se equivocó, en qué acertó, lo bueno y lo malo”.ANDRUI

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