DE TURISMO POR ZONAS DE ALTO RIESGO O EN GUERRA

Aguas color zafiro en los lagos de Band-e-Amir, imponentes acantilados de arenisca, estatuas gigantes de Buda de más de 1.500 años de antigüedad o la impresionante mezquita azul de Mazari Sharif.

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septiembre 06 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-09-06

Suena como un lugar idílico para pasar unas vacaciones, aunque la cosa cambia cuando se descubre que se habla de Afganistán. Aunque no sea un destino turístico de primera línea, la agencia de viajes Babel, con base en la ciudad suiza de Zoug, ofrece viajes a Afganistán y a otras zonas en conflicto a valientes viajeros, ávidos de experiencias límite, que buscan la adrenalina que se esconde detrás del peligro. A pesar de haber sido un importante destino turístico durante los 70, cuando los hippies veraneaban allí atraídos por su belleza natural y las drogas baratas, Afganistán está ahora en la lista de países más peligrosos del mundo y ningún Estado recomienda ir allí. Haciendo caso omiso de estas recomendaciones, el director de Babel, el australiano Kevin Pollard, ofrece desde comienzos de este año un catálogo de destinos tan sorprendentes como poco seguros, entre los que destacan zonas conflictivas, o incluso en guerra, como Irak, Irán, Somalia, Sudán o Corea del Norte. No obstante, Pollard aseguró a EFE-Reportajes que sus viajes se desarrollan bajo escrupulosas medidas de seguridad y que todos sus clientes se sienten "cien por cien seguros", porque durante las excursiones no se asumen riesgos de manera irresponsable. De todos los destinos que ofrece Babel, el lugar que más atención acapara es "sin duda Afganistán", según Pollard, y allí está preparando el viaje el próximo viaje de la agencia en septiembre, por 13.500 dólares durante 15 días, una cantidad que no incluye los tiquetes de avión. Según explica Pollard, lo que más encarece el precio es el seguro de viaje, que asciende a unos mil dólares por las dos semanas -diez veces más que un seguro de viaje convencional- y cubre todo tipo de peligros, incluidas las negociaciones en caso de rapto, aunque no el pago de la recompensa. "Viajamos acompañados de un agente de seguridad, un chofer y un guía. Todos ellos van armados y conocen muy bien las zonas por las que nos podemos mover, asegura. Este australiano tiene contactos también con agentes de la Otan en el país para que sus clientes puedan, por ejemplo, almorzar con un muyahidín o acompañar a un soldado de patrulla. "Se trata de vivir experiencias nuevas que no ofrecen otros lugares, mezclarse con la gente y averiguar qué significa estar en una zona de guerra", señala.- Conocer las raíces de un conflicto a un precio que puede ser muy altoEl perfil de gente que elige estos destinos es de lo más variado ?según cuenta Pollard?, desde profesores de 26 años hasta jubilados mayores de 68. Sin embargo, todos ellos tienen un rasgo en común: "Son personas interesadas en conocer la historia y las formas de vida del país que visitamos y cerca de la mitad de los clientes tienen un interés específico por ver zonas en guerra", asevera. Pollard denomina estos viajes como "viajes de compromiso cultural", promovidos para proporcionar a los interesados los conocimientos y el entendimiento necesario para comprender las raíces de un conflicto y ayudar a los locales a crear relaciones duraderas y soluciones pragmáticas y sostenibles a sus problemas. Sin embargo, la polémica no abandona este tipo de iniciativas tan arriesgadas, ya que en caso de secuestro o asesinato, son los Estados de los turistas los que tienen que correr con los gastos.HELGON

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