Urgente: grandes reformas

Urgente: grandes reformas

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mayo 21 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-21

Sin duda, el tema de la reelección sigue copando espacios de análisis en el país, pero por fortuna, en medio de tantas dificultades, empieza a surgir con fuerza la necesidad impostergable de preparar las grandes reformas que debe realizar el país. Es muy interesante lo que sucede actualmente. Por un lado, los consejos comunales que se realizan semanalmente, presentan un Gobierno hiperactivo que ayuda a individuos desprotegidos hasta que llegó esta Administración pero, al mismo tiempo, las cifras macro sobre todo tipo de realidades muestran profundos problemas y más claro aún, deterioros graves en la situación social y económica de millones de colombianos. Lo primero que salta a la vista es el fracaso de la microgerencia como estrategia del Gobierno.

Sin duda, algunos individuos mejoran su vida, pero al haber abandonado la equidad como meta de las políticas públicas e impulsar otras que van en contravía de este propósito, los resultados para la población en su conjunto, son muy negativos.
Colombia tiene una aguda crisis en el mercado laboral: en la bonanza económica, su modelo fue de crecimiento sin empleo y ahora, en plena desaceleración, se evidencian los profundos problemas de desempleo que tiene el país. La conclusión de la Encuesta Social de Fedesarrollo es demoledora: en Colombia, tener un trabajo con prestaciones laborales y salario se está convirtiendo en un lujo y cada día más personas se están pasando del mercado formal al cuenta propia o independiente.

La mitad de esta población especialmente la que es pobre, no tiene ninguna otra opción. Pero no solo los pobres sufren, porque un 33% de los asalariados del sector privado no tiene acceso a primas o cesantías, es decir, prestaciones de ley y un 14% de ellos pasaron a ejercer actividades de cuenta propia. Como se temía, se está informalizando el trabajo formal. Además, no es cierta la cacareada formalización de los trabajadores que señala el Gobierno: sólo el 1% de los estratos bajos que están en el rebusque, están afiliados a una caja de compensación familiar.

No lo dice la oposición, lo afirma Fedesarrollo: es urgente una reforma laboral "que frene el deterioro de los indicadores del mercado laboral". Esto no sólo es fundamental para la gente, sino para toda la sociedad, argumento que parece no entender ni este Gobierno ni muchos de los sectores productivos de este país.

El trabajo precario, inestable, con bajos salarios, frena la demanda interna; las empresas nacionales verán crecer sus inventarios y su capacidad ociosa ahora que la demanda externa no reacciona. Más aún, este tipo de trabajo impide construir un sistema de seguridad social con contribuciones de ahorro privado, lo que finalmente constituye una carga para el Estado, o sea para todos los colombianos.

Pero la evidencia sobre los problemas sociales es aún mayor. En los estratos bajos, un 48% afirma, en la misma encuesta, que no le alcanza el dinero para los gastos mínimos, mientras que 49% considera que sus ingresos apenas dan para cubrir lo que requiere.

Así mismo, en estos estratos bajos, un 36% de los hogares tienen ingresos de hasta 500.000 pesos; otro 48% entre 500.000 pesos a un millón de pesos y 14% de un millón de pesos a 2,5 millones de pesos.

Según los resultados del estudio de Fedesarrollo, "en Bogotá, 40% de los encuestados cree estar en la pobreza lo que contradice las cifras oficiales donde se estima que este indicador llega a 23%. Y sorprende que en los estratos más altos, 14% cree estar en esta condición". ¿Se necesita más para demostrar cómo funciona de mal la microgerencia? Es fundamental recordar las palabras de José Serra, candidato presidencial del Brasil: "el empleo es la mejor política social".

Pero hay más. Ya es evidente que si los logros de la Ley 100 se miden por su cobertura y equidad, ésta ha sido un claro fracaso. Su verdadero propósito se cumplió, lograr un gran ahorro financiero, 63 billones en los Fondos. Pero como lo anota Jorge Correa sobre el reciente seminario de la Fundación Agenda Colombia, para los entendidos, tanto del Gobierno como los directivos del sector e investigadores independientes, los objetivos no se han cumplido y se requiere una nueva reforma que pasa obligatoriamente por ajustes profundos al mercado laboral, donde predomina la informalidad: alrededor del 56%.

Según David Tuesta, Economista jefe de la Unidad de Pensiones del Bbva, los cotizantes son apenas el 29% de la población económicamente activa entre 15 y 64 años de edad y Juan Carlos Echeverry, ex director del DNP, anota que el 80% del subsidio que entrega el régimen de prima media, como el que administra el Seguro Social, lo recibe el 20% de pensionados con las mesadas más altas. Pocos muy pocos de los afiliados a los fondos de pensiones lograrán jubilarse y otro tanto sólo tendrá mesadas iguales o ligeramente superiores al salario mínimo.

De nuevo, es imperiosa una nueva reforma pensional que no puede ser diseñada, como en el pasado, por objetivos financieros, sino por propósitos sociales: lograr que en este país los colombianos, todos, pero especialmente los más pobres, tengan una pensión. Los colombianos tienen derecho a una vejez digna.

Para resolver todo este conjunto de problemas, informalidad, pobreza, poca y precaria seguridad social, hay otra reforma que empieza a identificarse: la del sistema tributario que ha sido absolutamente perforado por las malas decisiones del Gobierno que resolvió bajarle drásticamente los impuestos a quienes pagan los mayores montos, las grandes empresas del país. Y el tema surge por la necesidad de financiar la Seguridad Democrática cuyos recursos adicionales se acaban en el 2010.

Este debate iniciado por uno de los mayores contribuyentes del impuesto al patrimonio para financiar la Seguridad Democrática, Luis Carlos Sarmiento Angulo, dejó en evidencia que gracias a la confianza inversionista no hay recursos fiscales y es probable que sólo le quede la alternativa de elevar drásticamente el IVA. Antes de llegar a esa situación, es fundamental empezar a trabajar en una verdadera reforma tributaria que cumpla con el principio liberal de progresividad, de manera que los que más tienen más paguen.

Pero queda faltando otra gran reforma cuya justificación ha quedado actualmente en evidencia. La necesidad de transformar al sector rural colombiano. La situación es muy grave en un sector que se ha convertido en un ancla del desarrollo nacional y no en un motor del mismo. Si no se da un viraje sustantivo en la política agropecuaria del país, gran fracaso de este Gobierno, si no se libera la tierra capturada por los testaferros de narcos y 'paras', si no hay estímulo para los campesinos que producen alimentos, si no se generan bienes públicos rurales, Colombia desaprovechará la bonanza que necesariamente llegará.

Cuatro reformas: una reforma laboral que facilite la generación de empleo digno y elimine formas de estímulo a la informalidad de Familias en Acción y las Cooperativas de Trabajo. Una reforma tributaria que elimine los beneficios excesivos como los contratos de estabilidad jurídica y las gabelas de las zonas francas, y una profunda revisión a la política agrícola para devolver la tierra a los desplazados y productores agrícolas, que plantee alternativas diferentes al concepto del modelo desplazador de Uribe.

Y, probablemente una de las más importantes, una reforma social que en vez de limosnas a los pobres responda por los derechos de todos los colombianos, contribuya a la generación de empleo digno y saque de la pobreza a millones de colombianos.

Titánica labor que debería iniciarse de inmediato con la participación de todas las tendencias ideológicas. Sin duda es mucho pedir en este Gobierno que poco escucha.
 

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