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Uribe ‘entre comillas’

Hace más de cuatro años en esta misma columna, reproducida luego en la revista Consigna, sostuve simplemente interpretando a la unanimidad de las encuestadoras más confiables, que se requería ser ‘obtuso, fundamentalista o tener una mentalidad torcida para ignorar el nombre de quien iba a ser elegido Presidente de Colombia’. Los resultados se encargaron de confirmarlo luego en las elecciones de mayo.

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mayo 08 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-08

Hoy, al cuadruplicar a su más inmediato competidor en la intención de voto y manteniendo un 70 por ciento de favorabilidad, nada tiene de riesgoso pronosticar que dentro de escasas tres semanas la reelección presidencial recibirá el apoyo electoral requerido. Y, entonces, sí podremos poner en marcha un ‘reformismo integral’ del Estado, no de meros remiendos, tal como lo garantiza la holgada gobernabilidad obtenida por la coalición uribista en los comicios del 12 de marzo. Por desgracia, las agresiones verbales, la calumnia, las verdades a medias, los escándalos, los secuestros y asesinatos selectivos, la gavilla contra el puntero, están haciendo presencia rabiosa y desesperada en la recta final de la presente campaña. De ahí que resulte oportuno revisar, con sana intención pedagógica, el pensamiento de Uribe Vélez expuesto en el 2002 a través de entrevistas concedidas a Patricia Lara, William Contreras y M. A. Bastenier, a saber: PAZ Y GUERRA Sobre este tema crucial reiteró que: “Mi propuesta no es la guerra, es simplemente ejercer la autoridad. Colombia vive ya una masificación de la violencia y de la guerra. Yo propongo seguridad para todos los sectores no sólo para la derecha o los empresarios. Mi compromiso es que no se asesinen campesinos, obreros, periodistas, o líderes de la izquierda… es brindar seguridad para permitir el desarrollo económico. Jamás me he reunido con los guerrilleros o con los paramilitares. No acepto el apoyo de los paramilitares ni el veto de las guerrillas. No necesitamos tropas americanas. Queremos de Europa un Plan Colombia Social”. DERECHOS HUMANOS En esta materia los detractores de Uribe insisten en pasar por alto sus repetidos pronunciamientos, por ejemplo, cuando ha afirmado que: “El Estado de Derecho no hace la guerra, disuade a los violentos. Se puede disuadir a los violentos y respetar los Derechos Humanos. No soy amigo de la pacificación militar. La pacificación que derrumbe los Derechos Humanos profundizaría las heridas, alejaría la reconciliación y crearía problemas con la Comunidad Internacional. La diferencia entre autoridad y autoritarismo es que la autoridad respeta la ley y la razón. Mi política de seguridad social será tan firme para disuadir a los violentos como para respetar los Derechos Humanos. Apoyo todo lo relacionado con la Corte Penal Internacional”. NEOLIBERALISMO Y SOCIALDEMOCRACIA Tanto en el 2002 como en sus cuatro años de gobierno Uribe Vélez ha reiterado, en la teoría y en la práctica que ‘participa de los objetivos de la socialdemocracia para crear empleo productivo, profundizar la descentralización y avanzar en la seguridad social… ser amigo de la intervención del Estado, no para obstruir sino para garantizar la equidad. Por eso y porque no acepta importaciones desbocadas que arruinen los sectores productivos rechaza el neoliberalismo y cree en el Estado Comunitario’. Cuando la política colombiana tradicional dejó de pensar se dedicó, cómoda e impunemente, a repartir alias por doquier señalando al adversario o al adepto, según más convenga, como derechista, izquierdista, centrista o fascista, guerrerista o pacifista. Una palabrería hueca e irresponsable que ha logrado engañar a muchos incautos. Por eso, textos como los citados arriba le han ganado a Uribe el reconocimiento ciudadano por su concisión, coherencia y actualidad. Lógico, entonces, que su ilustre maestro Carlos Gaviria -por cierto, electoralmente su menos distante competidor por la Presidencia- reconociera en el 2002 a una prestigiosa revista, que el hoy rival suyo es un socialdemócrata a la colombiana, moderno, consciente de eso que llaman la real-politik, que no desaprovechó sus estudios en Harvard y Oxford. Ex ministro delegatario y ex embajador en E.U. "Las agresiones verbales... y la gavilla contra el puntero, están haciendo presencia rabiosa y desesperada”.

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