Uribe, Santos, Íngrid

Colombia empieza a transitar una etapa histórica que conducirá a la paz, alentada por una convicción unánime y sin reversa de sus gentes de bien. La Seguridad Democrática, la cohesión social y la confianza de los inversionistas constituyen pilares fundamentales de un proceso donde no caben la mezquindad ni la codicia, menos las vías de la violencia.

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julio 14 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-14

El liderazgo de Uribe tal como lo sostiene The Economist no tiene discusión. Es un fenómeno político sin antecedentes, ya con merecido reconocimiento internacional. Con o sin Presidencia, tiene más futuro que pasado. El ministro Santos continúa cosechando ascendente favorabilidad en la opinión pública gracias a su lealtad y firmeza. Es dueño de gran formación académica y responsable de unas ejecutorias exitosas que sería tacaño negarle. Íngrid Betancourt ha pasado a ser el símbolo de la lucha sin cuartel contra el secuestro. La presidenta Bachelet, la ha propuesto como Nobel de Paz. Sería justo para quien está demostrando que no es ajena a la grandeza. OBAMA Cercanos a la recta final de la carrera presidencial estadounidense, resulta útil referirse, así sea a las volandas, a la Constitución Política de una ‘Nación de Estados’ como lo es y ha sido la hiperpotencia desde su misma fundación. Sirve para calcular la repercusión que tendrá la muy posible elección de Obama -revolucionaria, sin duda- para ocupar el empleo más todopoderoso del planeta. En el caso latinoamericano, ignorar el cordón umbilical geopolítico que une a todo nuestro continente es incurrir en los frustrantes postulados y estrategias ‘mamertas’ de los años 40. Por eso, lo más aconsejable es estrechar las relaciones entre sus naciones: claro está, siempre y cuando no siga repitiéndose la batalla desigual entre el tiburón y la sardina. Por fortuna, escuchando y leyendo al candidato demócrata, él da la certeza de ser líder de un verdadero cambio, tanto en lo nacional como en lo internacional. Tiene muy claro, que es una contravía histórica entender a nuestro subcontinente, como la suma de una serie dispersa de ministerios de colonias. Obama es un maestro en la combinación de la ideología con la praxis. Sabe de sobra la trascendencia que tendrá su oficio presidencial, ya que un simple catarro de su gobierno, podría generar neumonía en el resto de las naciones llamadas periféricas. Dentro de sus lecturas de la historia aparecen las Decisiones Transcendentales (1940-41) de Ian Kershaw, que le han permitido imaginar, por ejemplo, lo que habría sucedido si la intervención o el aislamiento de los Estados Unidos hubiese sido distinta a la que fue en aquellos años cruciales. En política exterior, le seduce y compromete saber que trazará los rumbos de su país; nombrará embajadores y consulados; procederá al reconocimiento de los Estados; negociará y concluirá los tratados, aunque con la colaboración del Senado para su ratificación, y lo militar, será el comandante en jefe de sus fuerzas y que, por lo tanto, ejercerá la dirección suprema de sus operaciones. En sus ensayos políticos le ha dedicado especial atención a las relaciones entre el Presidente y el Congreso -conoce y actualiza la visión moderna del equilibrio de poderes- y se remite, a menudo, en su cátedra de profesor de Derecho Constitucional a las fuentes mayores en su Carta Política como Montesquieu y Locke. Cita con frecuencia la cartilla magistral, escrita por Duverger sobre el sistema político de los Estados Unidos. Estamos, pues, frente a un pensador con una visión del mundo con las dimensiones que requiere una potencia en crisis. Cree que en los tiempos que corren, puede coincidir una revolución sin sangre con un reacomodamiento histórico de la democracia participativa.'' Íngrid Betancourt ha pasado a ser el símbolo de la lucha sin cuartel contra el secuestro.WILABR

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