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Uribismo prefiere a Gaviria en segunda vuelta

La posibilidad no muy remota de que haya segunda vuelta hizo prender las alarmas en la campaña del presidente candidato Álvaro Uribe.

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mayo 08 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-08

Pero, si es un hecho irremediable, ¿contra quién resultaría mejor enfrentarse el 18 de junio en una segunda vuelta? La respuesta, de acuerdo con la manera como se ha orientado la campaña, es una sola: contra Carlos Gaviria, candidato del Polo Democrático. A pesar, según las encuestas, de que las diferencias entre Uribe y cualquiera que se le mida en segunda vuelta son abismales, es preferible “no dar papaya”, como dijo un parlamentario uribista. No se sabe en qué momento salta la liebre y un candidato minoritario termina ganando la Presidencia. En América Latina ha ocurrido ese fenómeno prácticamente con todos los presidentes hoy rotulados como de izquierda. Además, como lo ha dicho Horacio Serpa, la verdadera campaña se da entre la primera y la segunda vuelta. Son tres semanas de vértigo en que todos los reflectores apuntan sólo a los dos candidatos finalistas. Varios hechos confirman la tendencia de la campaña de Uribe a identificar en Gaviria a su contendor. El primero fue una propaganda por radio y televisión en que un campesino decía haber pertenecido a la Unión Patriótica pero sus miembros se fueron “torciendo” y recurrieron al asesinato. Por eso, dijo, ahora apoya a Uribe. El segundo hecho fue la propaganda en televisión grabada por el propio Presidente, en la que anuncia que presentará un proyecto para penalizar la dosis mínima de alucinógenos. Esa dosis mínima fue despenalizada por la Corte Constitucional con ponencia del entonces magistrado Carlos Gaviria. Su tesis central fue el libre desarrollo de la personalidad. Y el tercer hecho fue la arremetida escrita del analista Rafael Nieto Loaiza, reconocido uribista. En su reciente columna de opinión dijo que Gaviria es apoyado por fuerzas que no han rechazado la lucha armada. Y que su segundo renglón en el Senado es el secretario general del Partido Comunista, Jaime Caycedo. Por eso no lo ha dejado entrar al Congreso a pesar de las múltiples ocupaciones que tiene como candidato. Con esos tres ‘cocos’ el uribismo se la va a jugar a fondo en caso de una segunda vuelta con Gaviria. Hasta el momento están prendiendo motores. El gerente de la campaña, Fabio Echeverry, no rechazó públicamente el contenido de la propaganda contra la UP. Acudió al expediente de que se trata de respetar la libertad de opinión, porque el señor entrevistado lo dijo espontáneamente y la campaña se ‘limitó’ a publicar sus apreciaciones. El Partido Comunista, que fue uno de los soportes de la UP, protestó enérgicamente. Y en cuanto a la dosis mínima, de lo que se trata, agregó el parlamentario uribista, es poner las cosas ‘blanco sobre negro’, es decir, diferenciar al máximo entre las posiciones del Presidente contra todas las formas del tráfico y consumo de drogas, y las del candidato de la izquierda, que apuntan a un liberalismo ‘extremo’. El uribismo hace hasta lo imposible para que no haya segunda vuelta. El solo hecho de que se produzca sería una derrota. Así Uribe gane al final de cuentas. Con todo el poder mediático de que dispone, con las amplias mayorías electorales que acaba de obtener en el Congreso y con la imparable maquinaria del Estado a su servicio, el hecho de que haya segunda vuelta generaría la sensación de un Presidente debilitado. Pero el Polo acusa señales de división. No ha podido superar el enfrentamiento entre el ala de Gustavo Petro y la de Lucho Garzón. En el paro de transportadores que hubo en Bogotá, el alcalde recibió, paradójicamente, más apoyo del llamado ‘establecimiento’ que de sus copartidarios del Polo. Y el liberalismo, por su parte, quedó muy debilitado con el asesinato de la hermana de César Gaviria. El director del partido Liberal está prácticamente desaparecido. Horas después del sepelio viajó a Nueva York. No ha hecho un solo pronunciamiento público. Su tribulación personal es más que evidente. Los actos de campaña los preside Horacio Serpa, ahora acompañado con más frecuencia por Rafael Pardo. Rodrigo Rivera está cada día más distante. No sólo no acompaña a Serpa a ningún acto, sino que tiene listo el proyecto de ley para penalizar la dosis mínima, es decir, para hacer suya en el Congreso una propuesta bandera de Álvaro Uribe. Así las cosas, si hay segunda vuelta y el contendor de Uribe termina siendo Carlos Gaviria, el ya debilitado liberalismo se volveráa fraccionar en dos. El ala izquierda, en la que militan Piedad Córdoba e Iván Marulanda, aceptará la invitación de Serpa para unirse a Gaviria. Pero prácticamente todos los demás aceptarán la derrota y anunciarán que Uribe es el nuevo jefe del liberalismo. Y entonces se habría sellado la unión del samperismo y el uribismo. "El uribismo hace hasta lo imposible para evitar que sea necesaria la segunda vuelta”. "El Polo Democrático no ha podido superar el enfrentamiento entre el bloque de Gustavo Petro y el de Lucho Garzón”. La sonada ley de bancadas terminó en otro gran fracaso El de la semana pasada fue, en la práctica, el único debate a fondo que se daba en la campaña presidencial entre los defensores del Gobierno y los miembros de la oposición. Su escenario: el Congreso de la República. Todo estaba acondicionado para que fuera el único round político en que se medirían los más experimentados oradores de uno y otro lado. Pero ocurrió todo lo contrario. La oposición estuvo desorganizada. Se notó que aún no hay canales de entendimiento entre los liberales que apoyan a Serpa y los del Polo Democrático, las dos fuerzas que apuntan a una alianza en caso de segunda vuelta. Y los parlamentarios uribistas hicieron una medición de fuerzas, pero para ganar puntos con miras a la conformación del próximo gabinete, si Uribe es reelegido. Desde este punto de vista, la organización partidista bajo la forma de bancadas, como lo prevé la ley que reglamenta la reforma política, empezó con pie izquierdo. No hubo un solo orador por partido, sino varios. Tantos, que el debate duró dos días con sus respectivas noches. Antonio Navarro lanzó la tesis más osada del debate: hay tantos hechos de corrupción dentro de sectores uribistas, que lo del DAS y el Incoder son apenas la cuota inicial de un gran escándalo tipo Watergate. E hizo un símil: Nixon cayó después de ser reelegido. En los pasillos del Congreso se rumoró que su tesis se basa en que existe un enorme descontento con el Gobierno en sectores del Ejército y la Policía. Sectores que disponen de mucha información. Ese descontento se fundamenta en que el Presidente ha sacado a 19 generales “por mucho menos de lo que le pasó a Jorge Noguera en el DAS”, a quien ha mantenido en su cargo de cónsul en Milán. El debate, sin embargo, no aportó nuevos hechos a las acusaciones que se difundieron ampliamente por los medios de comunicación. No hubo organización por temas y por partidos para atacar y defender al Gobierno. La larga lista de oradores demostró que el ‘pantallazo’ sigue siendo la razón de ser de las intervenciones en el Congreso, cuando hay transmisión por televisión. Hasta en la silla del vicepresidente se turnaron algunos congresistas, como Juan Hurtado y Carlos Albornoz. El que se sienta en esa silla sale todo el tiempo en pantalla. Y qué pasará con la opción de H. Serpa Para la campaña de Uribe, Serpa es igualmente derrotable, si el candidato del oficialismo liberal es el que llega a la segunda vuelta. Sólo que las diferencias no pueden ser tan profundas en la medida en que, junto con Uribe, provienen de la misma cantera: el movimiento político Poder Popular, que ayudaron a fundar en los comienzos de los ochentas y cuyo jefe era Ernesto Samper. En el análisis que hizo el parlamentario uribista, en caso de una segunda vuelta, es inevitable la alianza entre Serpa y Carlos Gaviria. Los dos participaron en la misma marcha del primero de mayo, y coinciden en que hay que derogar la última reforma laboral expedida en el primer año del gobierno de Uribe.

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