El vacío que enfrentaría BlackRock si su presidente se va a Merrill

Bajo el mando de su presidente ejecutivo Laurence Fink, la firma BlackRock Inc. se ha convertido en una verdadera potencia en la gestión de dinero.

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noviembre 26 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-26

Ahora, con el surgimiento de Fink como un candidato al máximo puesto en Merrill Lynch & Co., su posible partida plantea preguntas sobre el efecto que tendría sobre BlackRock.

Merrill espera encontrar a su nuevo presidente ejecutivo dentro de las próximas dos semanas y Fink es uno de los principales candidatos.

Gracias a Fink, BlackRock ha logrado evitar gran parte de las turbulencias que han sacudido los mercados en los últimos meses. En contraste, la reciente renuncia del presidente ejecutivo
de Merrill Lynch, Stanley O'Neal, se produjo poco después de una rebaja contable multimillonaria en la firma financiera, relacionada con la crisis del sector crediticio.

Respecto a cualquier posible traslado de Fink a Merrill, un portavoz de BlackRock dijo que su "política es no comentar sobre los rumores del mercado ni la especulación".

La familiaridad de Fink con Merrill Lynch ¿la cual adquirió casi 50% de BlackRock el año pasado¿ se encuentra entre sus principales puntos fuertes.

BlackRock aún está en proceso de digerir la fusión del año pasado con el ex brazo de gestión de activos de Merrill.

"Todavía no hemos superado la integración de nuestras firmas", dijo Flink el mes pasado cuando anunció los resultados del tercer trimestre de BlackRock. "Las integraciones demoran años".

Entre los temas sensibles está la propia participación que Fink tiene en BlackRock y cómo minimizar las preocupaciones por conflicto de intereses si ocupara la presidencia ejecutiva de Merrill.

Una posibilidad sería  convertir su participación en BlackRock en acciones de Merrill. Hace poco, su participación tenía un valor de unos US$400 millones.

Firma mimada
Aunque BlackRock tiene una camada potente de ejecutivos, incluyendo a varios de sus cofundadores, el posible traslado de Fink podría ser un duro golpe para la firma. Fink ayudó a fundar BlackRock en 1988 y a llevarla a la bolsa en 1999. Bajo su liderazgo, se convirtió en uno de los niños mimados de los analistas de Wall Street, en parte por su fortaleza en medio de la volatilidad de los mercados de este año. Debido a que Fink estuvo desde el principio, "cultural y estratégicamente, la firma tiene su marca", dice Robert Lee, analista de Keefe Bruyette & Woods.

El precio de la acción de BlackRock se ha incrementado en 35% en lo que va del año y se ha más que duplicado en los últimos dos años. La firma contaba en septiembre con US$1,3 billones (millones de millones) en activos, tales como acciones, bonos y otras inversiones. De los nueve analistas encuestados por Thomson Fiancial a fines de octubre, cinco calificaron las acciones de BlackRock como "comprar" mientras cuatro le dieron la calificación de "mantener" o su equivalente.

Mientras Merrill sorprendió a los analistas con mayores pérdidas de las esperadas en sus resultados del tercer trimestre, BlackRock dio una sorpresa positiva con sus propios ingresos.

La firma superó con creces los pronósticos de ganancias y registró unos US$40.000 millones en nuevas entradas netas, de los cuales gran parte se destina directamente a su negocio de
gestión de efectivo.

Fink empezó su carrera vendiendo bonos en First Boston a principios de los años 80. Allí se convirtió en un líder en los valores respaldados por hipotecas. Luego entró a formar parte del banco de inversiones Blackstone Group, ayudando a crear una unidad que él y otros luego escindieron y que renombraron como BlackRock.
 

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