Vándalos opacaron la fiesta del clásico en Barranquilla entre Junior y Unión Magdalena

Vándalos. No hay otra palabra más precisa para calificarlos. Se esconden bajo los colores del Junior con el fin de dar la apariencia de fervorosos hinchas, pero están muy distantes de esa condición.

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julio 30 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-30

No saben lo que es vivir una sana competencia deportiva.

Con piedras, maderos, botellas y otros objetos, esos vándalos volvieron a ser los protagonistas este miércoles en Barranquilla, en desarrollo de la octava fecha de la Copa Colombia de Fútbol.

El deplorable comportamiento que mostraron fue el mismo del pasado juego entre Junior y el Barranquilla, en el Romelio Martínez.

En esta ocasión, el partido Junior-Unión Magdalena, que finalizó 2-1 a favor de este último, fue relegado a un segundo plano por las acciones ocurridas en las afueras del Metropolitano, en las que cerca de cincuenta menores entre 14 y 17 años, con prendas de vestir alusivas al cuadro 'Tiburón', arremetieron contra las estructuras del estadio en su afán por ingresar gratis y a la fuerza para observar el cotejo.

"El comportamiento de los aficionados que estaban en las gradas fue excelente. Los desmanes se originaron en la parte de afuera, por el sector norte, y tuvimos que emplear gases lacrimógenos porque los muchachos estaban muy agresivos. Por fortuna todo se superó. No hubo heridos ni detenidos", señaló el coronel César Umaña Ramírez, quien tuvo a su mando 450 uniformados de la Policía Nacional, suficientes, según su criterio, para afrontar cualquier anomalía de este tipo.

Por efecto de la brisa que a esa hora soplaba, los gases lacrimógenos se esparcieron por todo el estadio y causaron estragos inmediatos no sólo entre algunos aficionados, sino también en los jugadores y en la terna arbitral.

Obligado por ello, el árbitro Alberto Galván, del registro de Bolívar, determinó suspender el partido cuando el cronómetro marcaba el minuto 27 del primer tiempo. En veloz carrera, con las manos cubriéndose los ojos en una muestra inequívoca de ardor, jugadores de los dos equipos; árbitro y jueces se dirigieron a sus respectivos camerinos.

Diez minutos más tarde, plenamente recuperados los jugadores y los jueces, y cuando el ambiente volvió a la normalidad, se reanudaron las acciones; se completaron los 18 minutos que faltaban del primer período y tras cumplirse el descanso reglamentario se disputaron los 45 minutos finales.

Cuando el partido expiraba, Osvaldo Mackenzie provocó un mini carnaval en las gradas con un soberbio golazo, pero la alegría fue fugaz, puesto que Juan Carlos Guazá igualó las acciones y a 30 segundos de finalizar el cotejo Daniel Gaviria aprovechó una indecisión de Valencia y Banguero para establecer el lapidario 2-1 que, sin embargo no desbancó al Junior del liderato de su zona.

Al final del partido y en los alrededores del estadio, los vándalos volvieron a hacer de las suyas; arrojaron piedras contra el estadio y contra los vehículos que transitaban por el sector. La rápida reacción de la Policía logró disipar la turba.

Fausto Pérez Villareal
Corresponsal de EL TIEMPO
Barranquilla

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