Vasos comunicantes

Vasos comunicantes

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julio 16 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-16

La noticia relativa al aumento en el Índice de Precios al Consumidor en Estados Unidos, que en junio tuvo su mayor alza mensual en algo más de un cuarto de siglo, es un elemento más que describe la compleja situación que atraviesan un buen número de economías en el mundo. Por un lado, es claro que las elevadas cotizaciones de alimentos y combustibles han empujado la inflación en las más diversas latitudes. Aunque le sirva de poco consuelo a los norteamericanos, quejas similares sobre la carestía tienen lugar tanto en la Unión Europea, como en América Latina y Asia. Pero esa situación ha venido acompañada de menores tasas de crecimiento, con lo cual la disyuntiva para las autoridades no es fácil, pues el temor es que por atacar una enfermedad, el paciente empeore gravemente de la otra.

Quizás ninguna entidad tenga tan claro ese dilema como el Banco de la Reserva Federal estadounidense. Así lo expresó esta semana el presidente de dicha entidad, Ben Bernanke, quien en una exposición ante el Congreso dijo que lograr el balance adecuado entre los dos agregados era un "desafío significativo".

Semejante reto es ahora más difícil por cuenta de lo ocurrido el mes pasado, cuando los precios en la nación más poderosa de la tierra tuvieron un salto de 1,1 por ciento, el mayor desde mayo de 1991. Como resultado, la inflación anualizada va en 5 por ciento, debido en buena parte al renglón de energía, cuyos componentes han subido más del 30 por ciento en la primera mitad del año.

En condiciones más normales, la respuesta de las autoridades habría sido la de apretar las clavijas de las tasas de interés, para así moderar el apetito de la demanda y controlar las alzas. El problema es que la crisis económica que empezó hace un año con el estallido de la burbuja en el mercado de la finca raíz no da señales de disminuir. Eso que a primera vista no parecería tan grave, ya que en la actividad inmobiliaria son normales los picos y las caídas, tiene un componente adicional. Este es que el sector financiero resultó duramente golpeado, no solo debido a los créditos que le otorgó a personas que acabaron atrasándose en sus pagos, sino sobre todo a inversiones que hizo en una serie de instrumentos del mercado que le han dejado pérdidas conjuntas que se calculan en unos 400.000 millones de dólares.

Así las cosas, con los balances de un buen número de entidades de crédito ya castigados, las medidas para atacar la inflación pueden elevar el nivel de deudas atrasadas y llevar al borde del abismo a bancos de todos los tamaños. Como si eso no fuera suficiente, el público ya comenzó a expresar su falta de confianza.

Tal fue el caso del banco IndyMac en California que a pesar de contar con activos por 32.000 millones de dólares, tuvo que ser intervenido por el Gobierno después de que hubiera una corrida descomunal de depositantes, que le creó problemas de liquidez. La quiebra de la institución no solo fue la segunda más grande en la historia norteamericana, sino que además fue un campanazo de alerta sobre la salud de gigantes como Fannie Mae y Freddie Mac, que poseen cerca de la mitad de las hipotecas expedidas en los Estados Unidos.

A pesar de las declaraciones tranquilizadoras de los más diversos funcionarios, encabezados por el propio George W. Bush, el tema es mirado con nerviosismo en todas partes. La razón es que el sistema financiero mundial está unido por vasos comunicantes, como lo prueba el hecho de que los tres bancos japoneses más grandes tienen inversiones por 44.200 millones de dólares en papeles emitidos por Fannie Mae y Freddie Mac, o que en Gran Bretaña, Suiza y Alemania ya hay entidades que han sufrido pérdidas enormes. Por tal motivo, resulta equivocado pensar que las tribulaciones respecto a lo que pase en Norteamérica le deben importar tan solo a los habitantes de esa región. De hecho, a todo el mundo le conviene que Bernanke logre encontrar la fórmula que le permita mantener la inflación a raya, al tiempo que el crecimiento y la confianza de los consumidores estadounidenses logran salir al otro lado.

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