El que venga atrás

Es usual que los gobiernos se resistan a adoptar decisiones inaplazables en estricto sentido económico, y se comportan así por consideraciones políticas, generando un rezago cuyo desborde ulterior puede llevar a sus sucesores a situaciones fuera de control.

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mayo 12 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-12

Está ampliamente documentada la tendencia de los gobiernos a elevar el gasto público, incluso con emisión inorgánica, en periodos electorales, obligando a sus sucesores a aplicar ajustes draconianos para controlar el déficit heredado. Venezuela enfrentaba en 1983 una severa crisis por la destorcida de los precios del petróleo, pero el gobierno de Herrera Campins, del partido Copei, persistió en mantener la paridad fija de 4,30 bolívares por dólar que había perdurado por dos décadas. A pesar del descenso de los ingresos petroleros, se resistió a sincerar la moneda y prefirió adoptar un régimen de cambios diferenciales (Recadi), que pagaba a un tipo de cambio elevado las divisas a los exportadores, y las entregaba subsidiadas a quienes iban a pagar deuda externa. Fueron incontables las trampas y maniobras que se hicieron con dicho sistema que llevaron a la crisis de febrero de 1989: el Banco Central estaba sin reservas, hubo ajuste, protestas y finalmente el golpe de Estado. En su conferencia de marzo de 2003, Paul Krugman anunció que la paridad cambiaria fija de 3 pesos por dólar que mantenía México era insostenible, pues las exportaciones ascendían solo a U$ 28.000 millones al año, mientras las importaciones eran de US$60.000 millones. El gobierno de Salinas declaró a Krugman persona no grata por atentar contra la estabilidad de la economía mexicana, pero a la semana siguiente de asumir el poder el presidente Ernesto Zedillo, la economía se colapsó en lo que se conoce como el efecto tequila: la moneda se devaluó 200 por ciento y su crisis contagió el resto del continente. Ante la incapacidad del gobierno radical de Raúl Alfonsín de frenar la inflación inercial que vivía Argentina, incluso después de haber cambiado la moneda, se adelantó la entrega del poder a Menem. Su ministro Cavallo estableció la convertibilidad del peso con el dólar a un tipo de cambio unitario y para respaldar la emisión monetaria la deuda externa pasó de US$50.000 a US$150.000 millones en una década. Cuando por efecto de la crisis asiática Brasil tuvo que devaluar su moneda 40 por ciento en enero de 1999, era evidente que Argentina debía ajustar su moneda frente a su principal socio comercial, pero ello no se hizo y produjo el desastre del 2001, que incluyó la incautación de los ahorros a los ciudadanos y la moratoria de su deuda externa, la más grande de toda la historia. Alan Greenspan terminó su gestión de 18 años en la FED, rodeado de elogios por haber mantenido un elevado crecimiento económico, con baja inflación y bajo desempleo, dejando sembrada la bomba de las hipotecas suprime, que acaban de explotar, llevando a la bancarrota a varios bancos y colocando a la economía en el sendero de la recesión. Se requiere racionalidad intelectual, coraje y responsabilidad política para adoptar a tiempo las medidas necesarias, aun si ello tiene un costo político. ''Se requiere racionalidad intelectual, coraje y responsabilidad política para adoptar a tiempo las medidas necesarias”.WILABR

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