Venta de hormigas santandereanas y otros artrópodos comestibles aún no tiene piso legal en Europa

El propietario de una tienda en Barcelona (España) dejó de venderlos por petición de las autoridades municipales.

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mayo 19 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-19

Por eso, degustar una hormiga 'culona' de Colombia o unos saltamontes mexicanos ya no es posible en esa ciudad del Viejo Continente.

Según 'El Periódico', de España, la única tienda -al menos conocida- que los despachaba con enorme éxito en la zona de la Boqueria, dejó de hacerlo.

Los turistas visitaban en días pasados masivamente un sitio propiedad de Llorenc Petrás, dispuestos a consumir insectos como las hormigas o una chupeta con escorpión chino incluido, pero se quedaron con las ganas al comprobar que la mercancía fue retirada hace unos pocos meses.

Petras administraba un conocido puesto de hongos comestibles de todo tipo, cuando hace cuatro años y con ayuda de su hijo Isaac amplió el negocio con  insectos y arácnidos.

El puesto se convirtió, entonces, en lugar obligado de consumidores convencidos de las comprobadas propiedades proteicas de los bichos, sino de infinidad de turistas que leían en las guías que entre las grandes atracciones de la ciudad española estaban los gusanos listos para comer.

De repente, agrega 'El Periódico', hace más de un año, los inspectores de la Agencia de Salud Pública de Barcelona (Aspa) pusieron la mira en la éxotica oferta gastronómica e investigaron la legalidad. Consultaron a la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición y hallaron que no había norma alguna sobre el consumo de insectos e invertebrados, indicaron al diario el pasado viernes fuentes municipales, aunque no exista problema alguno de salubridad.

De hecho, los artrópodos se ingieren normalmente en Asia y América. El organismo español también preguntó a su homólogo europeo y le respondieron lo mismo: no hay ninguna ley al respecto.

Ante ese vacío legal, y a la espera de que Europa haga en breve una lista de las especies a comercializar, la Aspb solicitó a Petrás mediante una notificación que no ofrezca los insectos al público.

No fue una prohibición, porque el mismo vacío legal deja una puerta abierta a su venta, pero prefirió evitarse conflictos y se focalizó nuevamente en la recolección de hongos comestibles.

Durante estos cuatro años  había importado hasta 60 especies de unos 40 países y sorteado trabas aduaneras, y se convirtió en referente.

Según 'El Periódico', en la alcaldía de Barcelona aseguran que de momento ha sido un caso único, pero que si descubren que el manjar se despacha en algún restaurante, se procederá de la misma manera.

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