'Veo al país dando el salto hacia la prosperidad': Juan Manuel Santos

El candidato del partido de 'la U' dice que "Colombia tiene que entender que las que vienen no son unas elecciones cualquiera. La democracia y nuestro modelo de desarrollo aún tienen muchos enemigos".

Finanzas
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abril 26 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-26

Hoja de vida

Nombre: Juan Manuel Santos Calderón

Edad: 58 años

Estado civil: casado Hijos: Tres

Profesiones: economista, administrador de empresas y periodista, con posgrado en economía, desarrollo económico y administración pública.

Cargos desempeñados: Representante de Colombia ante la OIC, ministro de Comercio Exterior, ministro de Hacienda y ministro de Defensa del actual Gobierno. También ocupó el cargo de presidente de la Fundación Buen Gobierno, y en la actualidad es el director del Partido de 'la U'.

Con esta entrevista al candidato presidencial del Partido de 'la U', Juan Manuel Santos Calderón, PORTAFOLIO inicia hoy un ciclo de publicaciones sobre las propuestas económicas de los aspirantes a la Primera Magistratura.

Santos propone reforma tributaria sólo si es estrictamente necesaria; no es partidario de eliminar los aportes parafiscales para el Sena, el ICBF ni las Cajas de Compensación, y tiene como meta construir 300.000 viviendas anuales.

En el tema de la salud, el candidato del Partido de 'la U' afirma que el sistema debe ser sostenible financieramente y que por eso se propone formalizar la economía. Sobre las exenciones tributarias prefiere analizar el tema en función del impacto que tendría en la inversión, que "es necesario cuidar a toda costa".

Respecto a la globalización, opina que por principio es amigo de los Tratados de Libre Comercio (TLC), pero de los que quedan bien negociados.

En relación con el mercado venezolano, Santos confía en que las relaciones se restablecerán y considera que esta situación ha obligado a Colombia a buscar otros destinos, "lo que nos ha conducido a ser más competitivos".

Advierte que "la democracia colombiana y el modelo de desarrollo todavía tienen demasiados enemigos, dentro y fuera del territorio".

¿Cómo va la campaña?

Viento en popa. Entre más se conocen nuestras propuestas, más acogida estamos teniendo.

¿Qué dinámicas está observando?

Si se refiere a dinámicas de mecánica electoral, estoy haciendo un gran esfuerzo para llegar a la meta de primero. Como es bien sabido, esta es mi primera elección, pues más que un político profesional he sido un servidor público.

De manera que sigo adelante, escuchando la recomendación de que no mire para atrás ni para los lados, porque me puedo caer del caballo.

¿Cree que va a haber segunda vuelta?

Todos aspiramos a que no la haya.

¿Cómo está viendo la economía nacional?

Repuntando. En estos primeros meses del año el crecimiento ha sido más dinámico de lo que se esperaba y no me sorprendería que los pronósticos oficiales del Gobierno y el Banco de la República se revisaran hacia arriba. Eso es bueno.

Además, la inflación está bajo control y las exportaciones van en aumento.

¿Cuál es el principal desafío?

Colocar a la economía colombiana en un nivel de crecimiento alto y sostenible. Porque sin eso, las políticas de generación de empleo y de lucha contra la pobreza se hacen cada vez más difíciles.

¿Y eso cómo se logra?

El crecimiento no se da por generación espontánea como algunos creían. Se da identificando las fuentes de crecimiento y poniéndolas a funcionar. Hemos identificado cinco a las que llamamos las locomotoras: el campo, la vivienda de interés social y la infraestructura, sectores en los que estamos rezagados y en los que cerrando esa brecha le daremos un gran empuje a la economía.

Las otras dos son la innovación y una que está marchando a todo vapor, que es la minería y los hidrocarburos. Para cada una de ellas tenemos un plan concreto.

¿Y así se resuelve el problema del desempleo?

Parcialmente. El poder construir 300.000 viviendas al año puede generar hasta un millón de empleos, pero el grueso de los puestos de trabajo que se van a crear no están en esas locomotoras, sino en los vagones que van detrás, que son fundamentalmente el comercio y los servicios, en donde se concentra el 60 por ciento del empleo.

¿Deben revisarse los parafiscales?

Los estudios que se han hecho muestran que la eliminación de los parafiscales sólo generaría 300.000 empleos una sola vez y el costo de acabar con ellos es altísimo. Pienso que hay mejores formas de crear puestos de trabajo formales, que simplemente eliminar los parafiscales, porque además tendríamos que conseguir los recursos presupuestales para reemplazar esos fondos y eso sería muy complejo.

¿Es necesaria una reforma tributaria estructural?

La situación fiscal del país en los próximos cinco años no va a ser nada fácil. Los gastos ya decretados como los de pensiones o salud van a seguir creciendo. Además, el déficit que debemos afrontar para mantener sostenibles las finanzas públicas puede llegar a ser de cerca de 4,5 por ciento del PIB.

Es necesario recortar ese déficit entre uno y dos puntos porcentuales, lo que nos obliga a conseguir recursos, a plata de hoy, de entre cinco y 10 billones de pesos. Ese es el gran reto.

¿Cómo hacerlo?

Cualquier déficit se financia con una combinación de deuda, mayores ingresos o menores gastos. No hay más alternativas. Y una combinación de esos tres factores será la fuente de financiación.

¿Preferiría una estructura tributaria más simple?

Sin duda. Y debemos enfocarnos hacia un sistema con tarifas más bajas, más planas y con una base más amplia. Eso sería lo ideal.

Eso implica presentarle una propuesta al Congreso...

Vamos a ver cómo evoluciona el recaudo de aquí a agosto, porque eso de estar haciendo reformas tributarias cada dos años a nadie le conviene. Lo haremos solamente si es estrictamente necesario.

¿Es partidario de desmontar algunas exenciones?

Como principio sí, pero hay que analizar el tema en función del impacto que tendría en la inversión, que debemos cuidar a toda costa.

¿Comparte la opinión de quienes dicen que hay que hacer una mejora institucional en la parte de infraestructura?

Concuerdo en parte con que la institucionalidad está quedada, pero no en todas las áreas. En energía y telecomunicaciones ha sido buena y la regulación ha dado resultado. En cambio, en materia de vías debemos hacer muchísimo más. Y ahí el problema fundamental es que esa institucionalidad no ha permitido algo absolutamente clave, que es la buena estructuración de los proyectos. Si podemos resolver esos problemas, podremos dar el salto que necesitamos.

¿Qué propone?

Montar un esquema como el que ha funcionado en Gran Bretaña, Costa Rica y últimamente en Brasil, en donde hay una especie de alianza público-privada para estructurar los proyectos. En Brasil, específicamente, existe una empresa con mayoría de capital privado que, a riesgo, estructura los proyectos y se los presenta al Gobierno y, si el proyecto se hace, recibe una comisión. Eso elimina la corrupción y garantiza que los proyectos queden bien armados y que se eviten dolores de cabeza futuros.

Pienso, además, que el Instituto Nacional de Concesiones (Inco) debe reformarse y convertirse en una institución de élite, con profesionales de las más altas calidades, estilo el Banco de la República.

¿Cómo manejar la bonanza minera?

Tenemos que evitar la enfermedad holandesa, que en cierta forma ya nos está golpeando. El 90 por ciento de la inversión extranjera está llegando a ese sector.

La manera de responder es la de crear fondos de estabilización que son de elemental justicia, porque hay que pensar en las próximas generaciones. El objetivo no sólo es contrarrestar el efecto monetario, sino guardar para el futuro.

¿Qué otras cosas?

Tenemos también que poner a funcionar las demás locomotoras, para que la minería no sea la única. Además, hay que ajustar las finanzas públicas para que la demanda por crédito no estimule la revaluación. Por otra parte, haría menos previsible la forma en que el Banco de la República -con el que siempre he tenido la mejor relación- interviene en el mercado de tasa de cambio.

¿Está de acuerdo con la regla fiscal?

Cómo no voy a estar de acuerdo, si se la impusimos a los municipios y a los departamentos cuando fui ministro de Hacienda. En ese momento, logramos aprobar reformas que nadie se hubiera imaginado que fuesen posibles y que dieron frutos: el acto legislativo de comienzos del siglo, la Ley 715 y la Ley 617 que, si bien fue redactada por mi antecesor, estaba hundida.

¿Que opina acerca de vender un porcentaje adicional de Ecopetrol?

Le confieso que no tengo total claridad sobre ese tema. En principio, si esta inversión está funcionando bien, preferiría que no fuera la fuente de recursos para otras inversiones públicas.

¿Y en el caso de Isagen u otros activos públicos?

Yo soy tercera vía: el mercado hasta donde sea posible y el Estado hasta donde sea necesario. En ese sentido, los gobiernos deben regular más que controlar. Y esta es una pura decisión de costo y beneficio. Si tenemos una alternativa mejor a ese activo, perfecto. Pero si es para financiar el hueco fiscal, no me gusta.

¿Y la salud?

Es un tema clave, que debemos abordar con unos principios básicos. Dentro de ésos está el de hacer el sistema sostenible financieramente y en ello entra nuestra propuesta que es la formalización de nuestra economía. No podemos seguir dando subsidios y beneficios gratis y al mismo tiempo, disminuyendo la base de quienes contribuyen, porque eso simplemente no suma.

Al esquema de salud hay que aplicarle los principios del buen Gobierno, porque hay muchas ineficiencias y mucha corrupción. El Plan Obligatorio de Salud debe ser incluyente y tanto los médicos como los jueces los deben respetar. Y por supuesto hay que trabajar para que la calidad de los servicios mejore más y más, teniendo en cuenta los derechos de médicos y pacientes.

¿Cómo enfrentar la corrupción?

Tengo una fundación hace muchos años, dedicada a estudiar como hacer más transparente, efectiva y eficiente la labor del Estado. He aplicado esos principios en los ministerios que he ocupado y nunca he tenido ningún problema de corrupción. Pero eso no es suficiente.

Hemos diseñado unidades que llamamos 'fuerza de tarea conjunta', al estilo de unidades de contrainteligencia en las Fuerzas Militares que vamos a poner a funcionar para atacar los puntos neurálgicos de la corrupción, en asocio con el sector privado que tiene que ser un aliado en esta causa.

Aquí la justicia también tiene que ser rápida y efectiva en la lucha contra este flagelo. Precisamente, diversos estudios señalan lo costosa que es la ineficiencia en la Justicia...

Ese es un tema de gran importancia, porque hay discusiones y reformas que tienen que hacerse a varios niveles. Tenemos que ponerles coto a los choques de trenes que generan inseguridad jurídica y dan una pésima señal a los inversionistas. Eso se hace delimitando mucho mejor las áreas de competencia de los poderes públicos.

Tenemos que nuevamente aplicarle buen Gobierno a la justicia para hacerla más efectiva y más eficiente. Porque uno de los mayores dolores de cabeza en este frente es, por ejemplo, la demora en cualquier fallo.

Tenemos que crear procedimientos más rápidos y confiables para dirimir las diferencias, que hoy tienen que afrontar un verdadero víacrucis.

¿Cuál es el futuro del comercio exterior?

Por supuesto que tenemos que seguir internacionalizando nuestra economía. Eso implica hacerlo de forma tal que no nos genere más costos que beneficios.

Lo importante es seguir trayendo inversión para gestionar en Colombia centros de producción y trabajo que produzcan bienes o servicios que podamos exportar a otros países.

¿Cómo cerrar la brecha con Asia?

Educación, educación y educación. Luego infraestructura y, por supuesto, buen Gobierno.

¿Y la apertura de mercados?

Depende de qué productos. Debemos especializarnos en los bienes en los que somos competitivos y aprovechar los nichos. Explotar, por ejemplo, el potencial alimentario para desarrollar la agroindustria.

Me gusta el enfoque que el Consejo Colombiano de Competitividad les está dando a unos segmentos que podemos usar de punta de lanza en la penetración de estos mercados.

¿Deberíamos tener un TLC con China?

Soy por principio amigo de los TLC, pero de los que quedan bien negociados.

¿Hay futuro en el mercado venezolano?

Es un mercado natural para nosotros y de hecho fui el arquitecto de esa integración, lo que nos permitió pasar de 300 millones a cerca de 7.000 millones de dólares de intercambio.

Es una lástima lo que está sucediendo, pero como no hay mal que por bien no venga, esto nos ha obligado a buscar otros destinos y nos ha conducido a ser más competitivos. Cuando ese mercado se vuelva a abrir, porque eso inexorablemente pasará, estaremos en mejor posición para obtener los beneficios de un buen flujo comercial.

¿Cómo le gustaría ver a Colombia a mediados de la década?

Hasta hace poco no pudimos crecer a tasas altas, porque teníamos un lastre enorme por la seguridad. Ese freno ha venido desapareciendo, aunque falta camino por recorrer. Eso ha permitido que nuestras potencialidades comiencen a ser más evidentes, por lo cual estamos atrayendo mucha inversión que es, a la larga, lo que los países deben buscar en un mundo globalizado. Sobre todo, inversión que genere empleo y prosperidad.

Si hacemos las cosas bien, veo a Colombia dando el salto a la prosperidad democrática, que es para todos, con desempleo de un dígito, con inflación baja y crecimiento alto, además de liderazgo internacional y unos indicadores sociales mucho más positivos que los actuales.

¿Un mensaje final para los empresarios?

El país tiene que entender que las que vienen no son unas elecciones cualquiera. Nuestra democracia y nuestro modelo de desarrollo todavía tienen demasiados enemigos, dentro y fuera del territorio nacional.

Por eso el dilema que se presenta es mantener el rumbo, mejorándolo por supuesto o coquetearles a iniciativas novedosas, pero de resultado incierto, que pueden conducirnos al estancamiento o, lo que sería mucho peor, al retroceso.