Villa Adelaida

Parece desproporcionado que el plan para recuperar una vieja casa que se está cayendo en el norte de Bogotá, haya generado un debate que alcanzó las páginas editoriales de los medios de cobertura nacional. La razón no es otra que el sitio donde se encuentra, rodeado de vecinos influyentes. Pero es una suerte que suceda. Primero, porque pone en el ojo de la discusión los mecanismos que hemos utilizado para conservar el patrimonio arquitectónico y, segundo, porque muestra de manera patética como resolvemos los problemas los colombianos.

POR:
mayo 04 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-04

Por respeto a los lectores que no conocen a Villa Adelaida, hay que comenzar por contarles que es una casona hermosa y que además es la última de su clase que queda en pie, como memoria silenciosa de una época espléndida de la arquitectura. Las casas de su entorno también eran hermosas, pero muchos cambios sociales hicieron que ya nadie quisiera usarlas para vivir, razón por la que fueron demolidas para construir edificios, con las debidas licencias. Hace un par de décadas comenzamos a tomar conciencia del error. En consecuencia, el Distrito creó un listado de inmuebles de conservación y prohibió su demolición. Un buen primer paso, de inútil romanticismo. Los dueños, al ver que sus casas ya no se arrendaban ni se vendían, simplemente las descuidaban hasta que se caían. Los mas hipócritas, incluso, las abrían en las noches para que los saqueadores se las llevaran a pedazos. Con el lote vacío, ya era cuestión de tiempo hacer las diligencias para el permiso de construcción. En el año 94, estando al frente de Planeación, nos correspondió tomar otras medidas diferentes. La primera fue determinar, por Decreto del alcalde Castro, que en caso de que estos inmuebles de conservación se derrumbaran, por acción natural o humana, sólo se podría construir en ellos la misma área original. Se le quitaba así el estímulo económico de construir un edificio. La otra medida fue otorgarles privilegios como menores tarifas de impuestos y servicios, con el fin de elevar su viabilidad económica para otros usos no residenciales, como restaurantes. Estas medidas ayudaron. Pero el tiempo mostró que en algunos casos no eran suficientes. Se requería pasar de las reglas generales a tomar medidas individuales, para darle a cada inmueble protegido una nueva función urbana y económica, tal como lo muestran los ejemplos internacionales de salvamento y reflotación de antiguos. La discusión siguiente fue resolver la entidad competente. A Planeación Distrital siempre le ha quedado grande reglamentar el uso de un millón y medio de predios de la ciudad. Por esta razón principal, el debate público condujo a la ley, que le dio al Ministerio de Cultura, la tarea de estudiar y aprobar los Planes Especiales de Protección (PEP). Así se lograba una especialización profesional en la protección de un puñado de bienes inmuebles dispersos por todo el país. Muy a la colombiana, después de años de vigencia de una ley aprobada debidamente por el Congreso, la minoría a la que no le gusta resolvió que no hay que cumplirla. Nada distinto es lo que influyentes vecinos de la zona están pidiendo, al decir que el Ministerio de Cultura no es competente y que se opondrán ‘por todos los medios’ al proyecto de recuperación aprobado. Como diría Mockus, no todo vale y la ley es para cumplirla o para cambiarla, pero no para que cada uno escoja si la cumple. En mi calidad de vecino que se afectará con el nuevo proyecto puedo agregar algo. El diseño que nos mostraron contiene todo lo posible para mitigar los impactos negativos, incluido el mayor tráfico. Pero aparte de eso, los vecinos de un proyecto aprobado con todas las de la ley no tenemos derecho a oponernos por la sola razón de sentirnos perjudicados. Así nunca se cumplirían los planes de ordenamiento. Recordemos no más la bulla que le armaron a Peñalosa los perjudicados con los bolardos y el orgullo que hoy nos producen los andenes recuperados. Urbanista "Los vecinos de un proyecto aprobado con todas las de la ley como Villa Adelaida no tenemos derecho a oponernos por la sola razón de sentirnos perjudicados”.

Siga bajando para encontrar más contenido